Comerciante griego rico, comerciante griego pobre: dos caras ante el referéndum

Stavros, sentado al otro lado de la barra del bar, me mira resignado. Después de trabajar toda su vida en Santorini como camarero, consiguió ahorrar y ...
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Stavros, sentado al otro lado de la barra del bar, me mira resignado. Después de trabajar toda su vida en Santorini como camarero, consiguió ahorrar y montó su propio bar en un barrio obrero de Atenas. Su negocio se mantiene en gran parte porque tiene una parada de metro cerca y muchos de sus clientes van tomar un café antes de ir al trabajo. Aunque desde 2008 el número de personas que pasan por allí ha descendido sistemáticamente. “O cuando vienen se toman un café en vez de un café y algo de comer”, comenta melancólico. Añade que echa de menos, también, la conversación, porque los que sirve es, en muchas ocasiones, para llevar.

“Muchos de ellos [los clientes] no tienen nada que perder”, apunta, repitiendo así un mensaje que encontramos habitualmente entre los que apoyan el ‘no’ en el referéndum del domingo. “El corralito me va a afectar a la hora de conseguir cambio si me quedo sin él”, pero Stavros prefiere verle el lado positivo: “Al final solo vendo cafés, así que me pagan con calderilla”. La votación del domingo no le crea demasiada ilusión ni desencanto: “Votaré que ‘no’, como el resto de mis parroquianos, porque hay uno de ellos en concreto que es muy persuasivo”. Uno de los clientes utiliza un inglés rudimentario cuando entiende que habla con un periodista: “No más austeridad. No más”. Y le dedica un gesto muy gráfico a Merkel antes de marcharse. “Es la rabia”, dice Stavros, “Syriza les ha devuelto la esperanza de que se puede hacer algo… aunque tal vez no sea posible hacer nada”.

Giannis no comparte esta visión. Él es creador y dueño de la startup turística Terrabook, que comenzó hace unos años para promocionar el turismo en varias zonas de Grecia, y emplea a unas diez personas. El sector turístico, el único que realmente funciona en el país, está abrumadoramente a favor del ‘sí’. La propia Confederación Griega de Turismo (SETE) asegura que la consulta planteada por Tsipras es en realidad sobre la continuidad de Grecia en el euro, y pide un rotundo “NAI” (sí en griego).

“¿Cómo se puede ser optimista con la situación actual, cuando nada tiene ninguna lógica, con el Gobierno manipulando al público de manera populista sin precedentes, propios solo de regímenes totalitarios?”, dice con contundencia. “Ha logrado convencer a la gente de que el sufrimiento es culpa de la UE por sí sola. Las acciones del Gobierno son evidentes para la UE, que no se cree sus palabras. La gran mayoría de los griegos están a favor de la UE y el euro, sin embargo han convencido la gente con un referéndum sin retorno que pregunta sí o no a las medidas propuestas por las instituciones, aunque en realidad los riesgos reales son sí o no al euro”, añade.

Responde “por supuesto” cuando le preguntamos sobre si acudirá a la contramanifestación por el ‘sí’ que se celebraba la tarde del miércoles en Syntagma, al lado del Parlamento: “Debo apoyar que nos quedemos en Europa, en el euro y en la UE. No hay nada más allá de él”, asegura.

Manifestantes pro-europeos frente al Parlamento, en Atenas, el 30 de junio de 2015. (Reuters)Manifestantes pro-europeos frente al Parlamento, en Atenas, el 30 de junio de 2015. (Reuters)

Horas después, lluvia torrencial y truenos. Parece que Zeus es partidario de Syriza. Los futuros votantes del ‘sí’ luchaban por salir del metro de la propia plaza Syntagma por la cantidad de manifestantes que llegaba en un torrente inacabable con gritos a favor del euro. Giannis entre ellos. Banderas de la UE, pegatinas con la palabra ‘NAI’ y pancartas a favor de la permanencia en la moneda única. Menos espontánea y festiva que la del ‘no’ aunque más numerosa. Entre la multitud mucha gente de clase acomodada, aunque también muchos jóvenes y mayores de toda extracción.

Dimitris pertenece a este primer grupo y cuenta que no se iba a perder “la manifestación por nada del mundo”. “Grecia es parte de la eurozona y si dejáramos ahora el euro estaríamos peor que Argentina, porque importamos el 75% de los productos, todo lo que te puedas imaginar: no tendremos medicamentos, alimentos ni gas. ¡El país se sumirá en el caos!”, asegura. Unos efectos que, para él, se notarían a corto y medio largo plazo. “Vamos a sufrir por lo menos durante 30 o 40 años” si Grecia deja el euro, advierte. Y se saca de la manga un argumento sorprendente: “Lo más importante es la seguridad del país, tenemos problemas con Turquía y si no tenemos el paraguas de la UE con la economía destruida, imagina qué podría suceder”.

Incluso la gente de Syriza ha empezado a decir que hace falta llegar a un acuerdo, con los bancos cerrados la gente se da cuenta de lo que pasaría”, concluye. “Creo que deberíamos tener un gobierno de unidad nacional hasta septiembre u octubre y luego elecciones… este Gobierno es muy peligroso”.

Fuente: ElConfidencial.com