Cómo pagar 200 libras de alquiler en Londres, la ciudad más cara del mundo

26.09.2016 – 16:59 H. “Pasa, pasa… huele a humedad, pero te acostumbras. Al principio era mucho peor, pero ahora hemos conseguido airearla un poco”. ...

26.09.201616:59 H.

“Pasa, pasa… huele a humedad, pero te acostumbras. Al principio era mucho peor, pero ahora hemos conseguido airearla un poco”. Patricia se apresura a meter a la redactora en el edificio, algo nerviosa, vigilando todo el rato por si alguien la ve. “Mi habitación está muy bien. Me cabe una cama y un escritorio y los techos altos dan sensación de amplitud”, explica. “Los armarios me los encontré en la calle. La gente deja cosas muy buenas. Aquí vamos trayendo cada uno lo que puede”, continúa contando esta venezolana, mientras subimos unas escaleras cubiertas por una felpa azul que hace las veces de alfombra. “Esta la traje yo también para tapar lo que estaba roto”.

En el recibidor, donde el deteriorado suelo de madera suena a cada pisada, quedan rastros de una moqueta arrancada. El cartel de anuncios aún cuelga en la pared de esta escuela de danza en desuso situada en un acomodado barrio al suroeste de la capital británica. El plan era reconvertirla en unos cines, pero tras algunas disputas con los vecinos, el proyecto lleva años paralizado. Y hasta que se decida qué hacer, Patricia y otras nueve personas viven en su interior.

No son okupas, pero tampoco son inquilinos como tal, sino ‘guardianes’. Pagan precios muy baratos por habitaciones muy céntricas en Londres, declarada este año como la ciudad más cara del mundo para vivir y trabajar. En teoría, a cambio tan solo tienen que cuidar del inmueble. Pero no es oro todo lo que reluce.

“Las autoridades llevan 30 años sin construir viviendas de protección oficial y el sector privado o apenas construye para seguir manteniendo la burbuja o lo poco que hace lo vende a inversores extranjeros. Solo en Londres, hay 70.000 edificios vacíos”Con gastos incluidos, Patricia paga actualmente 300 libras al mes por una habitación que en esta zona —y en plena calle principal— costaría, como mínimo, 900 libras. Había incluso otra habitación por 200 libras, aunque ella prefería tener un poco más de espacio.

“Mira, esta es la cocina”, me explica al llegar a la tercera planta. Hay dos frigoríficos y tres pequeñas neveras. No hay zona de fuegos, como tal, sino dos juegos de placas eléctricas y varias estanterías con menaje. “Todo lo hemos ido poniendo nosotros. Aquí no había nada”, señala. Mientras me enseña su cafetera, entra un joven de Ghana a prepararse su comida. Se sorprende al vernos, pero saluda de manera educada.

Aquí venimos de todas las partes del mundo. También hay ingleses y galeses. La más mayor soy yo, que tengo 52 años, y el más pequeño tiene 21 años, la edad mínima que ponía en el contrato. Pero no nos vemos. Normalmente, las zonas comunes están siempre vacías. La gente va a lo suyo y está en sus habitaciones”, recalca.

Unos okupas retiran sus pertenencias de una casa durante un desahucio en el norte de Londres. (Reuters)Unos okupas retiran sus pertenencias de una casa durante un desahucio en el norte de Londres. (Reuters)

A finales de los noventa, fueron sobre todo artistas y bohemios los que comenzaron a vivir en escuelas, hospitales o antiguas oficinas a la espera de demolición o ser reformadas, copiando así un modelo que existía ya en Holanda. La fórmula funcionaba a la perfección para ambas partes. Los inquilinos tenían techo por precios irrisorios en zonas céntricas. Los propietarios evitaban robos y problemas con okupas y, sobre todo, sacaban un rendimiento económico.

Sin embargo, la realidad ahora es otra. A las compañías que gestionan este tipo de servicios se les acusa de sacar provecho de la crisis de la vivienda —uno de los grandes problemas para las autoridades— ofreciendo alquileres en edificios antiguos en condiciones deplorables y bajo cláusulas de dudosa legalidad.

Actualmente, hay alrededor de 4.000 ‘guardianes’ y una treintena de compañías que ofrecen estos servicios, cuyos beneficios económicos rondan los cinco millones de libras anualesEn la mayoría de los casos, por ejemplo, están prohibidos las mascotas y los niños. No se puede tener invitados ni hacer ruido pasadas las 10 de la noche. Tampoco se puede hablar con la prensa. El propietario puede visitar el edificio sin previo aviso. Y lo más importante, previa notificación, se debe desalojar en 48 horas. Eso sí, antes de recibir las llaves, el ‘guardián’ debe demostrar que no tiene antecedentes criminales. A pesar de que no hay cifras oficiales, se calcula que actualmente hay alrededor de 4.000 ‘guardianes’ y una treintena de compañías que ofrecen estos servicios, cuyos beneficios económicos rondan los cinco millones de libras anuales.

En algunas ocasiones, debido a la alta demanda, los precios de las habitaciones aumentan considerablemente. Fiona, cuya verdadera identidad no quiere revelar, asegura que se interesó por una antigua clínica de maternidad en el centro de Londres con habitaciones por 450 libras mensuales. “En cuestión de dos días, acabaron pidiendo 865 libras, pese a que no había agua caliente, las duchas estaban rotas y las ventanas no se podían abrir”.

La popularidad de estos servicios ha llegado ya hasta tal punto que incluso hay una serie en Channel 4, titulada ‘Crashing’, que cuenta las peripecias de un grupo de veinteañeros que intenta sobrevivir como ‘guardianes’ en un antiguo hospital.

Miguel Janin, director de London Property Partners, asegura a este diario que, “a día de hoy, este tipo de alquiler no es ilegal”. “En parte porque su regulación se encuentra en un limbo al que las autoridades todavía no han hecho frente porque les está ayudando a solucionar los problemas de exceso de demanda de vivienda social en Reino Unido”, explica. “El beneficio para el inquilino únicamente es el precio. Por lo demás, viven en una situación de absoluta precariedad e indefensión”, matiza el experto inmobiliario.

Británicos y turistas caminan por Oxford Street, en el centro de Londres, en diciembre de 2013. (Reuters)Británicos y turistas caminan por Oxford Street, en el centro de Londres, en diciembre de 2013. (Reuters)

“El sector privado apenas construye”

La clave es que los ocupantes no son inquilinos sino “titulares de una licencia”. Los primeros reciben el derecho de ocupación de la propiedad, es decir, si un arrendador incumple el contrato, el inquilino puede reclamarle una compensación y seguir ocupando la vivienda en cuestión. Sin embargo, en el segundo caso, tal y como especifica Janin, “el arrendador le permite el uso de su propiedad, pero no ocuparla de manera exclusiva”. “Es una cuestión que implica argumentos legales bastante complejos que se deben estudiar caso por caso. Pero, entre otras cosas, si el arrendador incumple el acuerdo, el ‘guardián’ podría reclamarle una compensación por daños, aunque no podría continuar ocupando dicha propiedad”, matiza.

“Por último, y no menos importante, está la condición del espacio que les toca habitar. Generalmente está en unas condiciones muy malas, debido a que, en su mayoría, son edificios muy viejos y cuyo propósito no ha sido previamente destinado al uso residencial, por lo que no cuentan con los servicios mínimos”, señala.

Daniel Hudson, director ejecutivo de Oaksure Property Protection, una de las compañías más demandadas, recalca que, en efecto, hay una crisis importante de la vivienda en todo el país, “pero los programas de los guardianes son parte de la solución, no del problema”. “Como londinense, me encantaría que todo el mundo tuviera acceso a una vivienda digna, pero lamentablemente la realidad es otra. Las autoridades llevan 30 años sin construir viviendas de protección oficial y el sector privado o apenas construye para seguir manteniendo la burbuja o lo poco que hace lo vende a inversores extranjeros. Solo en Londres, hay 70.000 edificios vacíos y lo que intentamos es que puedan ser ocupados a bajo precio por gente que, de otra manera, no se podría permitir un alquiler ni mucho menos en zona céntrica”, matiza.

En cuanto a las condiciones de los inmuebles, Hudson explica que “la naturaleza misma del programa es vivir en sitios que están en desuso, por lo que nunca van a estar perfectos”. “Son residencias temporales. Pueden estar por tres meses o tres años. Ni ellos lo saben, ni nosotros lo sabemos, ni tan siquiera lo sabe el propietario. Y no pueden tener los mismos derechos que un inquilino, porque no son inquilinos como tal. Ellos son conscientes. De ahí los precios y las localizaciones que de otra manera no podrían tener”, matiza el empresario, que prefiere no decir cuántos edificios gestiona su compañía en la actualidad.

Un parque infantil en medio de unos edificios sociales parcialmente abandonados en el sur de Londres, en octubre de 2015. (Reuters)Un parque infantil en medio de unos edificios sociales parcialmente abandonados en el sur de Londres, en octubre de 2015. (Reuters)

“Es cierto que hay muchos mitos, aunque reconozco que hay muchas empresas que desgraciadamente hacen uso de una mala praxis. Pero, por eso mismo, somos los primeros que pedimos a las autoridades una regulación específica con la que se evitarían los abusos. Actualmente hay normativas sobre desahucios, sobre seguridad… mil cosas. Pero nada específico para los guardianes”, recalca.

Patricia es consciente de que vive en “condiciones especiales”. Pero asegura que le compensa. “En los tres años que llevo viviendo en Londres, he estado en todo tipo de sitios, pagando muchísimo dinero por cosas minúsculas y que no estaban bien. Y ahora tengo una buena habitación para mí sola y mucho espacio en las zonas comunes”, matiza. En el cuarto que se utiliza como zona de estar, hay tres sofás y una televisión. Los baños están separados para chicos y chicas. Aunque están en perfectas condiciones higiénicas gracias a las labores de limpieza de los propios ‘guardianes’, solo hay una ducha en uso.

Generalmente, las empresas no se encargan del mantenimiento con la excusa de que el precio del alquiler es ya demasiado bajo. Por lo demás, la escuela de danza está en condiciones muy aceptables, más incluso que muchas habitaciones que se ofrecen para alquiler con contrato habitual. Pero no siempre es el caso. Ed, por ejemplo, vivió en un pub mientras montaba su propio negocio para poder ahorrar dinero. Y aunque solo pagaba 300 libras al mes, tuvo que soportar, entre otras cosas, continuos problemas eléctricos e “invasiones” de ratas enormes. “El peor momento fue cuando volví una noche y en la cocina había como 10 o 15 corriendo por todos los lados. Eran del tamaño de perros”, asegura este joven de 26 años. Sian Berry, concejal por el Partido Verde en el ayuntamiento de Camden, uno de los distritos con más edificios ocupados por ‘guardianes’, ha pedido este mes que se prohíban este tipo de contratos. Sin embargo, los propios ayuntamientos tienen una relación compleja con las empresas que facilitan estos servicios, ya que se convierten en sus principales clientes.

Fuente: ElConfidencial.com