Convencidos, frustrados, arrepentidos y confusos: retratos de la sociedad británica

05.07.2016 – 05:00 H. Seguramente ya sepan que hay una petición popular en la web del Gobierno británico para que el Parlamento debata repetir el ...

05.07.201605:00 H.

Seguramente ya sepan que hay una petición popular en la web del Gobierno británico para que el Parlamento debata repetir el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE. Tal vez ya conozcan que hasta el momento son más de cuatro millones de ciudadanos los que se han adscrito a dicha petición. Sin embargo, puede que se sorprendan cuando conozcan que el impulsor de la iniciativa ciudadana es Oliver Healy, un denodado partidario del ‘leave’.

¿Quién es Oliver Healy? ¿Un arrepentido en busca de redención? No, nada de eso. Oliver Healy es un tipo que midió mal y que se quiso aplicar la medicación antes de caer enfermo. Según explicaba en su muro de Facebook, la petición la subió a la red un mes antes del referéndum, previendo la derrota del ‘leave’. Sin embargo, el error de cálculo de Healy se ha convertido en el grito más contundente de los partidarios de permanecer en la Unión, que han firmado en cascada la petición.

La rocambolesca historia de la famosa petición representa el estado de incertidumbre en que está inmersa la dividida sociedad del Reino Unido. El debate está siendo tan intenso como polarizado: parece una terapia existencial exprés. La ciudadanía está a la espera de que la polvareda se asiente y permita vislumbrar con más nitidez el cruce de caminos.

El futuro de la segunda economía de la Unión está en un frenético compás de espera, sujeto a la mera especulación. Mientras tanto, los líderes que impulsaron el referéndum están desertando ante la mirada atónita de la sociedad británica, que intenta organizar un diálogo global para recuperar el norte. Y es que toca ronda de reconocimiento en el Reino Unido. Aunque nadie sabe a ciencia cierta qué viene después, los roles de los actores del debate social ya están repartidos.

El convencido

Fueron más de 17 millones de británicos los que optaron por dejar la UE. Un 7%, según una encuesta realizada por la agencia Survation, muestra señas de arrepentimiento, pero la mayoría considera que su decisión fue acertada. La crisis política que ha desencadenado el resultado no ha conseguido doblegar su discurso. Siguen creyendo que controlar la inmigración es crucial para mantener la calidad de los servicios públicos: “Somos una pequeña isla a punto de hundirse si no recuperamos el control de nuestras fronteras”. Esta frase, pronunciada por una pescadera en Romford, sigue teniendo total vigencia en el discurso de los partidarios de abandonar la Unión.

Sin embargo, también había una preocupación más de fondo, más latente, que impulsó el voto de la Inglaterra más profunda: la necesidad de retomar la soberanía nacional. O, dicho de otro modo: “Lo que afecta a nuestro suelo se tiene que decidir en nuestro suelo”. Es una de las proclamas que más se escuchan de los labios de los ‘brexiters’.

En este diario, José Zorrilla dotaba de perspectiva histórica al relato nacional británico: “UK está convencido de que es un país especial, único, excepcional”. Esta profunda sensación de singularidad, según las encuestas, cala en el partidario del ‘leave’ más incluso que el discurso de la inmigración controlada. El ciudadano convencido de dejar la UE quiere recuperar la autonomía a la hora de tomar decisiones, confía en una suerte de épica del pasado colonial británico y se siente muy adscrito al Reino Unido como marca diferente y exitosa. Aunque ahora parezca mentira, Oliver Healy es uno de los convencidos

El frustrado

Londinsense, entre 20 y 30 años y con estudios medios o superiores. Así sería el retrato robot del votante que optó por quedarse en la UE el pasado 23 de junio. Irlanda del Norte y, sobre todo, Escocia (que valora su propia continuidad en el Reino Unido) también han votado masivamente por permanecer en la Unión.

Y es que lo que parecía un mal sueño para ellos se ha convertido en realidad. “No me puedo creer que me queden dos años de pasaporte comunitario”, aseguraba Bill Grawson, un estudiante de Derecho, en la manifestación del pasado sábado a los pies de Westminster. A gritos de “somos el 48%”, el centro de Londres se llenó de banderas europeas y de ciudadanos que pedían la organización de un nuevo referéndum. El propio éxito de la petición de una nueva consulta muestra el músculo que tienen ahora mismo los frustrados dentro de la opinión pública.

Además, otra encuesta, en este caso llevada a cabo por Ipsos MORI, asegura que un tercio de los votantes cree que finalmente no se llevará a cabo la desconexión del Reino Unido con la UE. Los más firmes partidarios de permanecer en la UE están, en su mayoría, por debajo de los 35 años. Sienten que la generación de sus padres ha decidido su futuro por ellos. Consideran una insidia a gran escala la campaña que hizo el ‘leave’ para movilizar a sus votantes. Están muy enfadados, pero todavía creen que algo acabará pasando y que no sé activará el artículo 50 que sacaría al Reino Unido de la UE. ¿Algo? ¿El qué? Respuestas en la manifestación: “¡Toda esta gente!”, “¡El sentido común!”, “¡El hecho de que todas las mentiras están saliendo a la luz!” Está claro que el frustrado todavía tiene capacidad para estar más frustrado.

Una pancarta sobre el arrepentimiento por haber votado por el Brexit muestra a los tres impulsores del referéndum que han dimitido en los últimos días. (Reuters)Una pancarta sobre el arrepentimiento por haber votado por el Brexit muestra a los tres impulsores del referéndum que han dimitido en los últimos días. (Reuters)

El arrepentido

Detengámonos ahora un momento para analizar al 7% de los votantes que votaron por abandonar la UE, pero que ahora se arrepienten. Se encuadran básicamente en dos grupos. Uno, el que se tomó un poco a la ligera la votación y una vez que ha visto las consecuencias se está rasgando las vestiduras. Y otro, el desencantado con los líderes de la campaña del ‘leave’.

Uno de los vídeos más virales después de la votación fue el fragmento de entrevista de Nigel Farage en el cual se desdijo de la inyección de fondos para la Seguridad Social que conllevaría el Brexit. Muchos votantes que optaron por abandonar la Unión siguiendo cantos de sirena de ese tipo han dado de bruces con una realidad mucho más tosca. Y para rematar, el espectáculo dantesco que se ha producido en los partidos políticos, con salvajes luchas de poder, ha acrecentado esa sensación de descreimiento.

Ahora, con el primer ministro conservado en formol hasta otoño, Farage de vacaciones y Boris lavándose las manos, desconfían de su decisión y se sienten utilizados. Muchos de los votantes ahora arrepentidos querían mostrar su descontento hacia el Gobierno y se tomaron el referéndum como una enmienda a la totalidad. En muchos casos, creían que el Brexit sería una quimera, apostaban por asustar al ‘establishment’, pero sin que la sangre llegara al río. Ahora no saben dónde meterse.

Votantes a favor del Brexit con banderas de Reino Unido a las puertas de Downing Street tras conocerse los resultados del referéndum. (Reuters)Votantes a favor del Brexit con banderas de Reino Unido a las puertas de Downing Street tras conocerse los resultados del referéndum. (Reuters)

El confundido

La BBC informaba el día de la votación que el 12% de los electores eran indecisos. Es decir, muchos de los votantes que acudieron a manifestarse sobre la posición del Reino Unido en la UE no tenían una opinión formada. El día después de la votación, GoogleTrends informó de que la segunda pregunta más buscada en su buscador en el Reino Unido fue: “¿Qué es la UE?”.

En una entrevista previa a la votación, el exprimer ministro John Major había criticado la “escuálida” campaña que se estaba viviendo. Major aseguró que estaba asistiendo atónito a un vendaval de especulaciones e incorrecciones, donde los hechos y los datos objetivos habían sido completamente apartados del debate público. Quien más, quien menos, coincidió con este diagnóstico, llegando a la conclusión de que la sociedad británica no había sido informada con justicia. La confusión borró las fronteras de la verdad y muchos votantes fueron a votar como quien va a jugar al dominó. A estas alturas, como todos los demás votantes, no saben si han ganado o han perdido la partida.

Fuente: ElConfidencial.com