Cuba, ¿el Dubái del Caribe? La isla oculta grandes reservas, según una petrolera

05.09.2016 – 05:00 H. La escena se repite en muchos patios: un tubo metálico de alrededor de 30 centímetros de diámetro encajado en la tierra y numerosas ...

05.09.201605:00 H.

La escena se repite en muchos patios: un tubo metálico de alrededor de 30 centímetros de diámetro encajado en la tierra y numerosas mangueras de goma brotando desde él. A través de las mismas viaja el gas hacia las viviendas cercanas. Gas de primera calidad, aclaran los lugareños, quienes desde hace décadas lo utilizan sin coste alguno, con la seguridad del que vive sobre una inagotable mina de oro.

O de petróleo, como podría ser el caso. Todo sucede en Motembo, un minúsculo pueblo perdido en las llanuras de la región central de Cuba. Son solo algunos cientos de viviendas y varios edificios de apartamentos construidos según el modelo soviético, a los que se llega a través de una carretera que, por tramos, se convierte en camino de tierra. No hace falta mucho más para asimilar el tráfico de la zona, reducido a unos pocos camiones de carga y para pasajeros, y contados equipos agrícolas.

A un ojo desconocido, nada le induce a pensar que bajo esos terrenos cubiertos de malezas se esconde la carta que podría ser la tabla de salvación de una Cuba con serios problemas de abastecimiento energético. En un mundo que sigue dependiendo del petróleo como en una adicción, no hay margen de discusión sobre la forma más rápida y segura de hacerse rico: encontrar un buen yacimiento de ‘oro negro’. Precisamente eso es lo que ha sucedido en Motembo. Al menos eso afirma la compañía MEO Australia, la mayor de su ramo en la isla y concesionaria del llamado Bloque de Prospección número 9, una zona de casi 3.000 kilómetros cuadrados que se extiende por varios municipios de las provincias centrales de Matanzas y Villa Clara. Como nota al pie, cabe señalar que cerca de allí se encuentran los yacimientos Cárdenas y Varadero, los más productivos de Cuba, y que justo en el centro de la cuadrícula se halla Motembo, unos de los primeros campos de explotación petrolífera del continente americano.

“Sus extracciones comerciales empezaron entre 1880 y 1881, gracias al impulso del francés Elías Maigrot”, reseña un folleto de la empresa cubana de petróleo (Cupet). Aquellos pozos artesanales daban como resultado una nafta de muy buena calidad que en 1900 conseguiría la medalla de oro en la Exposición Universal de París. Pero sus virtudes iban antecedidas por varias dificultades técnicas -insolubles para la época- y las dudas acerca del volumen total de las reservas.

Durante el siglo posterior, Motembo no fue más allá de pequeños pozos instalados en las inmediaciones del pueblo y sucesivos estudios conducidos por investigadores norteamericanos, soviéticos y canadienses. Todos llegaban a más o menos las mismas conclusiones: buenas posibilidades de contar con un gran yacimiento pero ninguna seguridad de que así sucediera. MEO Australia asegura haber llegado más allá.

Un técnico de CUPET posa para una fotografía en Mayabeque, Cuba, en octubre de 2015 (Reuters).Un técnico de CUPET posa para una fotografía en Mayabeque, Cuba, en octubre de 2015 (Reuters).

La cautela marca las declaraciones de Peter Strickland, el director ejecutivo de MEO Australia, aunque su posición es optimista: “Si bien se han identificado algunas posibilidades emocionantes en el Bloque 9, todavía no hemos realizado ningún descubrimiento definitivo. Se espera que esto ocurra en un lapso de uno a dos años”, aclaró en una entrevista exclusiva para el portal de información ‘Progreso Semanal’.

De nada sirve contener el toque de campanas. Pese a que de cara al interior de Cuba la prensa oficial y el Gobierno han evitado darle mayores repercusiones al hallazgo, muchos de sus ciudadanos saben de él y han comenzado a echar cuentas. Basta con un simple ejercicio de cálculo para comprobar hasta qué punto podrían cambiar las cosas en la isla caribeña de confirmarse que un punto de su geografía alberga 8.200 millones de barriles “de excelente calidad”.

Mucho más cuando en la balanza de importaciones de La Habana las partidas destinadas a los alimentos y el combustible se llevan casi tres cuartas partes de los fondos. Aun cumpliéndose solo una parte de las expectativas, los efectos resultarían tremendos, considera el economista Juan Triana Cordoví. “Estaríamos asistiendo a una etapa de bonanza poco comparable con nada anterior”, detalla. En la lista de beneficios se incluirían aspectos como la creación de miles de empleos y de infraestructuras, además de la modificación de la balanza comercial, que abriría las puertas a la inversión de estos nuevos fondos en otros campos de la actividad económica y social. Sería un “maná” que -con precios de una coyuntura más favorable que la actual- rebasaría fácilmente el medio billón de dólares, por no pecar de excesivo optimismo.

En la lista de beneficios se incluirían la creación de miles de empleos y de infraestructuras, y la modificación de la balanza comercial, que abriría las puertas a la inversión de estos fondos en otros campos de la actividad económica y socialPero el país se enfrenta a un proceso que apenas comienza, y no dará sus primeros frutos, al menos, hasta 2018. “Faltan muchos pasos que pueden considerarse tediosos pero resultan imprescindibles. Es necesario identificar el potencial de los yacimientos antes de comenzar perforaciones para la monetización de las posibles reservas”, explica Jorge R. Piñón, experto de origen cubano en la Universidad de Texas. Su criterio parece ser compartido por los directivos de de Cupet, que en el último mes han evitado comparecer ante auditorios desde donde pudieran llegar preguntas que les obligaran a abrir el juego.

La misma estrategia ha acompañado la mayoría de los grandes acontecimientos económicos de los últimos años en la Isla, que casi siempre se han producido sin que las autoridades emitan declaraciones oficiales.

“Puede que sea por esa costumbre o puede que no, lo cierto es que yo creeré lo que dicen cuando vea las perforadoras pasando por la entrada del pueblo”, acota Raúl Ochoa, uno de los residentes de Motembo. Desde la experiencia de sus setenta y dos años ha visto “de todo” en ese punto de la geografía cubana, unos 300 kilómetros al este de la ciudad de La Habana. Por eso toma el revuelo con calma, mientras aguarda porque su mujer termine de colarle café en la cocina de gas que alimenta un “pozo” criollo rehabilitado por él y sus vecinos.

De esa forma aprovechan el gas remanente de un viejo pozo que hace años dejó de ser explotado. “Aquí ha sido siempre así”, dice. A los motembenses nadie tiene que anunciarles que viven sobre una suerte de mar de gas y petróleo, la mayoría lo ha creído desde que tiene uso de razón y no se muestra muy proclive a lo creerse contrario. “No puede ser que en todo el Golfo de México el único país sin una reserva grande de petróleo sea Cuba”, razona Raúl. Armados de la misma lógica muchos de sus compatriotas aguardan porque el anticipo de MEO se convierta en realidad.

Fuente: ElConfidencial.com