Cuenta atrás en Holanda: Europa confía en la derrota del populismo xenófobo

15.03.2017 – 05:00 H. Holanda tiene los nervios a flor de piel. Sus líderes políticos son conscientes de que no solo sus votantes están pendientes de cada ...
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15.03.201705:00 H.

Holanda tiene los nervios a flor de piel. Sus líderes políticos son conscientes de que no solo sus votantes están pendientes de cada uno de sus gestos o palabras. Los ojos del mundo están puestos en lo que pueda pasar este miércoles en los Países Bajos. La pregunta principal que se hacen en la calle es ¿ganará Geert Wilders? Una victoria del populista holandés podría tener numerosas implicaciones, especialmente para el año que Europa tiene por delante, con las elecciones en Alemania o Francia, por ejemplo. Nadie se atreve a hacer predicciones, especialmente después de lo que pasó con Donald Trump en Estados Unidos, o con el Brexit en Reino Unido.

La última encuesta publicada este martes por la tarde, a tan solo unas horas de la apertura de los colegios electorales, da un vuelco a las previsiones de las últimas semanas, que indicaban un respaldo mayoritario a Wilders. El liberal VVD, del primer ministro Mark Rutte, obtendría 27-29 escaños (12 menos que en las anteriores elecciones de 2012). Por detrás irían los progresistas D66 y los verdes de GroenLinks, ambos con 20-22 escaños. En cuarto lugar está el partido de centro, Llamada Democristiana (CDA), que tendría una representación de 10-21 escaños, justo por delante del Partido de la Libertad (PVV) de Wilders.

Los que se van a llevar un gran golpe son los laboristas de PvdA, que actualmente forman coalición con el VVD, y que van a pasar de tener 38 diputados a quedarse con tan solo 12-14. Una consecuencia del castigo a su apoyo a las medidas de austeridad que aplicó el Gobierno en los últimos cuatro años. Los socialistas se quedarán con la misma representación, 16 escaños. Los partidos más pequeños, con entre tres y siete asientos, serán Unión Cristiana, 50Plus (partido que defiende los derechos de los mayores de 50 años), el partido de los Animales PvdD o el antirracista DENK, que entraría por primera vez en el Parlamento con dos escaños.

Rutte y Wilders, los dos rivales, se vieron la cara en público durante un debate televisivo el lunes. “Tenemos que ser los primeros en frenar el populismo en las urnas”, dijo el primer ministro, tras reconocer que Wilders tiene todas las posibilidades de ganar los comicios. El líder ultraderechista contraatacó: “Nadie cree en lo que dices. El miércoles no vamos a jugar en cuartos de final, sino una final contra los partidos del sistema y los mentirosos a los que los holandeses no quieren ver más en el Parlamento”.


Ricardo Ginés. Ámsterdam

El xenófobo líder del Partido de la Libertad (PVV) no es demasiado querido en la capital cultural de Holanda, donde prácticamente la mitad de la población es de origen extranjero

En el barrio de Schilderswijk, en La Haya, de mayoría musulmana turca y marroquí, el ambiente es de tranquilidad e indignación. No entienden cómo Wilders puede tener un gran apoyo en las encuestas, pero no creen que vaya a ganar. “Yo voy a votar por los laboristas, aunque no estoy muy contento con ellos, pero lo importante es movilizarse para que no gane el PVV”, dice a El Confidencial Hasan, que regenta una cafetería en medio de este barrio.

Entre las mujeres, hay enfado. “Este señor [Wilders] está haciendo que tengamos que afrontar situaciones de racismo y odio cuando siempre hemos vivido tranquilas. Ahora llevar el velo en la cabeza es como portar una bandera del Daesh, nos consideran terroristas”, lamenta Fatima, de 28 años, holandesa de origen marroquí. Sus padres llegaron a los Países Bajos en los años ochenta, en busca de trabajo.

“Mis padres siempre han sido tratados bien en Holanda, y ellos no están interesados en meterse en problemas. Ahora hay quien los insulta en la calle porque Wilders dice que somos peligrosos”, añade. La sensación entre los marroquíes, blanco de ataques del ultraderechista, es que el PVV no va a llegar a gobernar, pero su influencia en la sociedad holandesa, especialmente en la parte más decepcionada, es muy grande.

El primer ministro y candidato a la reelección por el partido liberal VVD hace campaña en La Haya, el 14 de marzo de 2017. (Reuters)El primer ministro y candidato a la reelección por el partido liberal VVD hace campaña en La Haya, el 14 de marzo de 2017. (Reuters)

Campaña hasta el último día

La integración y el islam, considerados por algunos una amenaza para los valores e identidad de los holandeses, son los principales puntos del discurso en los programas electorales de la mayoría de los partidos, cada uno desde su posición ideológica. Destaca, por supuesto, Wilders: “Eres primer ministro para los extranjeros, no para los holandeses”, dijo en el debate con Rutte el candidato derechista, que considera que el acuerdo de asilo con Turquía es “un trato con los terroristas”. Pide el voto para “desislamizar” Holanda. Rutte tuvo una respuesta que le granjeó aplausos: no es lo mismo, dijo, tuitear desde un sillón que gobernar de verdad un país.

La crisis turca ha tensado el ambiente electoral en Holanda. Los políticos han tenido que posicionarse a favor o en contra de la gestión del Gobierno. Todos han apoyado la negativa del gabinete holandés a permitir un acto de campaña de dos ministros turcos, pero algunos exigieron medidas más duras contra un presidente que, como hace el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, califica de “nazis” y “fascistas” a los holandeses. Lo consideraron “inaceptable”.

Sin embargo, este conflicto no tuvo un impacto inmediato en las encuestas políticas. A un día de las elecciones, un estudio de la institución holandesa Peilingwijzer, que combina seis encuestas distintas, señala un alza para los dos partidos principales, los liberales de Rutte y el ultraderechista Wilders, pero ese apoyo es mínimo. A pesar de este ligero aumento, el PVV se sitúa por detrás del Partido Popular de la Democracia y Libertad (VVD), ahora mismo la principal formación en el Gobierno.


Ángel Martínez

Holanda, convertida en barómetro del populismo en el Viejo Continente, vota el próximo miércoles. ¿Cuál es el escenario? ¿Qué pasará si, como apuntan las encuestas, gana Wilders?

Unos 12,7 millones de holandeses están llamados a las urnas hoy, y tienen hasta las 21:00 para votar por su formación preferida. Al no existir una jornada de reflexión, los partidos han estado de campaña hasta el último día, buscando a los indecisos. Los resultados se cuentan manualmente este año, ya que las autoridades holandesas temían un escenario similar al estadounidense, influenciado por los ciberdelincuentes rusos. Por eso, no habrá ordenadores conectados a internet y eso hará que los resultados se conozcan con algo más de lentitud que lo habitual, pero sí se mantiene que se sabrán hoy mismo.

Eso sí, se respira una sensación de estrés entre los estadistas y los miembros del consejo electoral porque desconocen cuándo se conocerán exactamente los resultados. Normalmente, unos minutos después de las 21:00 ya había un claro ganador. En esta ocasión, los holandeses, tan acostumbrados a la informática, tendrán que adaptarse a los métodos tradicionales.

Geert Wilders, durante el cara a cara televisivo con Mark Rutte, el 13 de marzo de 2017. (EFE)Geert Wilders, durante el cara a cara televisivo con Mark Rutte, el 13 de marzo de 2017. (EFE)

Necesidad de una coalición

Gane quien gane, no podrá gobernar solo. Dada la naturaleza del escenario político holandés, un tanto fragmentado, siempre ha exigido una coalición de gobierno, porque el partido más votado nunca se ha acercado ni por asomo a ocupar la mitad del hemiciclo. Actualmente, el gabinete está formado por el liberal Partido Popular de la Democracia y Libertad (VVD) de Mark Rutte, en coalición con el partido laborista PvdA.

El ganador necesitará tomarse un tiempo para negociar con sus contrincantes políticos. Tendrá prioridad para iniciar las conversaciones y formar una coalición de gobierno con sus rivales políticos. Pero si es Wilders, lo tendrá difícil: todos han advertido ya de que no negociarán con el ultraderechista bajo ninguna circunstancia. Consideran que su Partido de la Libertad es ideológicamente contrario a todos sus principios. Lo han repetido por activa y por pasiva durante esta campaña, e incluso antes. Pero el populista holandés podrá tomarse su tiempo. Holanda puede estar hasta 100 días sin un Gobierno.

Si pierde Wilders, lo más probable es que gane su rival más directo, Rutte. El liberal comenzará el diálogo con los demás líderes políticos para establecer los términos de una posible coalición. No se espera que sea una tarea fácil, ya que no bastará con un acuerdo simple entre dos partidos políticos, cuyos diputados se comprometan a respaldar lo negociado ante el Parlamento. Rutte necesitará convencer a unos cinco o seis partidos si lo que quiere es formar una coalición fuerte que le asegure un Gobierno estable durante los próximos cuatro años.


Imane Rachidi. La Haya

El líder del Partido Verde está teniendo un progreso meteórico en las encuestas y ha cuadruplicado la intención de voto para el partido. Algunos le ven como futuro primer ministro en coalición

Wilders ya ha advertido de que si gana sería “un insulto” a sus votantes que se le dé la espalda. Ha prometido una “revolución patriótica” y ha amenazado con sacar a las calles a sus partidarios para protestar por una decisión que considera antidemocrática. “Si los votantes nos hacen grandes [en las urnas], no nos pueden impedir gobernar”, clamó. Marginarle supondrá un mensaje a sus seguidores, según él, de que el sistema tradicional ya no es democrático.

Pero los partidos no quieren contar con él, no solo porque le consideran un político xenófobo, sino porque no confían en su compromiso con una coalición. Wilders abandonó al VVD en 2004, cuando este grupo parlamentario apoyó la solicitud de Turquía para integrarse en la Unión Europea. En 2012 provocó una crisis de gobierno y la convocatoria de unas elecciones adelantadas porque se negó a negociar las medidas de austeridad para mejorar la situación financiera de los Países Bajos.

Gane o pierda, el número de escaños que obtenga Wilders va a influir decisivamente en las alianzas poselectorales, pero también en la sociedad holandesa e incluso en otros países europeos. En Berlín, el presidente alemán, Joachim Gauck, reza para que el populista no gane estos comicios. El nacionalismo holandés es “venenoso y una infección”, dijo. Media Europa está observando las barbas de su pequeño vecino.

Fuente: ElConfidencial.com