De cómo una constructora española se convirtió en el hazmerreír de Chile

01.05.2016 – 19:17 H. El puente Cau-Cau iba a ser la obra de ingeniería que descongestionara los accesos a la ciudad de Valdivia, en el sur de Chile, y que ...

01.05.201619:17 H.

El puente Cau-Cau iba a ser la obra de ingeniería que descongestionara los accesos a la ciudad de Valdivia, en el sur de Chile, y que revitalizara la residencial isla Teja. Pero una retahíla de errores de la constructora española Azvi y la incapacidad de las autoridades para supervisar las obras han terminado convirtiendo la infraestructura en un hazmerreír viral, tras la constatación de que el que iba a ser el primer puente levadizo del país era, en la práctica, poco más que un amasijo de cemento y metal: es imposible que sus brazos encajen, debido a que la empresa colocó al revés uno de los tableros principales de la obra. El incidente ha generado titulares en todo el mundo, e incluso fue objeto de un episodio de la serie “Horror de Cálculo”, de Discovery Channel.

De cómo una constructora española se convirtió en el hazmerreír de Chile

La construcción del puente se enmarcó dentro del Legado Bicentenario, un paquete de cien proyectos que impulsó en 2010 el gobierno conservador del presidente Sebastián Piñera. La sevillana Azvi se adjudicó la obra, que tenía un presupuesto de 22,6 millones de euros y debía terminar a finales de 2013. El gobierno lo calificó como el proyecto “más emblemático de la región”. El puente no solo aliviaría los accesos a la ciudad por el norte, sino que añadiría atractivo a una zona universitaria, agreste y algo alejada del centro de la urbe.

En noviembre de 2013, los valdivianos esperaban ansiosos a que terminaran las obras cuando un titular en la prensa les hizo fruncir el ceño: “El falso topógrafo del puente Cau-Cau” titulaba ‘La Tercera’. La suspicacia no era para menos: la policía había detenido a Roberto Menéndez Carril, uno de los tres topógrafos que estudiaron el terreno y que sentaron las bases para levantar el puente. Según la prensa, Azvi descubrió que Menéndez Carril había presentado credenciales falsas. En realidad, el presunto topógrafo sólo había cursado estudios hasta sexto de primaria y había aprendido lo que decía saber descargándose manuales de internet. La empresa guardó silencio y el Ministerio de Obras Públicas declaró: “Por ningún motivo está en riesgo el desarrollo técnico y adecuado del puente ni los plazos que se han entregado”.

El Ministro chileno de Obras Públicas, Alberto Undurraga, durante su intervención en el encuentro 'Invertir en Chile' en Madrid, en octubre de 2014 (EFE)El Ministro chileno de Obras Públicas, Alberto Undurraga, durante su intervención en el encuentro ‘Invertir en Chile‘ en Madrid, en octubre de 2014 (EFE)

Cúmulo de errores

Sin embargo, la leyenda negra del puente Cau-Cau no había hecho más que comenzar. En enero de 2014, las declaraciones de la portavoz de Obras Públicas, Heidi Machmar, despertaban hilaridad e indignación a partes iguales entre los chilenos: Azvi había instalado las mitades del puente levadizo invertidas, de forma que al unirse por el centro los carriles no coincidían.

Las burlas han proliferado en las redes socialesLas burlas han proliferado en las redes sociales

“Es súper básico, pero esto quiere decir que en un lado la ciclovía va por un lado y por el otro lado, están cruzadas. Es cómico, sí”, declaró ante la prensa Machmar, que confirmó que el error no lo detectó Azvi, sino una inspección del Ministerio. “Tenemos confirmado que esto es un error impresentable por parte de la empresa, es un error constructivo responsabilidad absoluta de la empresa”, zanjó.

Ese mismo día, el Ministerio de Obras Públicas desvelaba que existían “defectos en la instalación y montaje de la cubierta del tablero que darían lugar a problemas de evacuación de aguas lluvias”. Pero aseguraba que “no existen problemas estructurales en el puente ni en los brazos”.

Sin embargo, casi un año después, en febrero de 2015, un nuevo percance alargaba la sombra del puente sobre el Cau-Cau y colmaba la paciencia del gobierno. Durante unas pruebas de funcionamiento, el émbolo de uno de los brazos de la estructura se bloqueó de forma que resultaba imposible levantarlo para permitir la navegación fluvial. “En una obra de esta envergadura, ante un inconveniente uno dice ‘puede ser’; un segundo inconveniente genera mucha molestia, pero un tercero es inaceptable”, declaró visiblemente molesto el Ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga.

Una investigación del ministerio en la que participaron ingenieros chilenos, alemanes y austríacos detectó “problemas constructivos, de materiales e instalación”. El gobierno decidió entonces poner fin al contrato con Azvi, a lo que la empresa respondió con una demanda por incumplimiento de contrato que todavía hoy sigue en los tribunales.

Un nuevo informe, esta vez del estudio estadounidense Hardesty & Hanover para el gobierno chileno, recomendó la semana pasada demoler los brazos del puente. El documento registra defectos desconocidos en la obra hasta entonces, como problemas en el origen y la calidad del acero.

Búsqueda de responsabilidades

Ante la evidencia de que arreglar el desaguisado costará mucho más que los 22,5 millones de euros licitados, la opinión pública chilena busca ahora responsabilidades. Mientras, Azvi guarda silencio y el ejecutivo de la presidenta socialista Michelle Bachelet alega que heredó el embrollo de su predecesor, Piñera.

Manuel Contreras Caro, consejero delegado de Azvi (Foto: Azvi)Manuel Contreras Caro, consejero delegado de Azvi (Foto: Azvi)

A pocos kilómetros del puente, el empleado del camping Isla Tecla Álvaro Barrientos habla compungido: “Es una burla a la ciudadanía, nos da vergüenza que lo sepa todo el mundo”, afirma. Su voz al teléfono delata el suave acento chileno, del que asoman dejes de puro cabreo. “Ahora dicen que lo van a demoler, y esa plata va a salir de la ciudadanía, que no nos vengan con cuentos”, protesta, antes de añadir con voz resignada: “Esto nos tiene chocados, tenía que estar listo hace dos años, tenía que ser algo bueno para la ciudad y mira”.

Representantes de Azvi en Chile rechazaron contestar a las preguntas de El Confidencial, alegando que sigue en marcha el proceso judicial por la rescisión del contrato por parte del gobierno chileno.

Azvi lleva a cabo proyectos de infraestructuras en España, Chile, México y Colombia. Según su página web, trabaja en Chile desde hace más de diez años y trabaja en al menos otro contrato con el gobierno: la reparación de una carretera en la isla de Chiloé. La obra del puente Cau-Cau no aparece en la sección ‘Estructuras’ de su página web.

El consejero delegado de Grupo Azvi, Manuel Contreras Caro, describía en unas jornadas empresariales quién es el empresario de hoy en día: “Es un amante del riesgo, busca lo desconocido, descubre nuevos mercados y nuevas formas de trabajar, nuevos mundos. Es un aventurero del siglo XXI”. 

Fuente: ElConfidencial.com