Diez preguntas en un mes clave para el futuro de la UE

11.03.2017 – 14:28 H. Marzo estaba llamado a ser sinónimo de Brexit: la primera ministra británica, Theresa May, prometió que en estas fechas pondría en ...
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11.03.201714:28 H.

Marzo estaba llamado a ser sinónimo de Brexit: la primera ministra británica, Theresa May, prometió que en estas fechas pondría en marcha el proceso de divorcio con la Unión Europea (UE). Pero al final, marzo se ha convertido también en un mes clave para el nacimiento de lo que será la Europa a Veintisiete, con todas las preguntas, disputas y consensos que esto conlleva. El Confidencial presenta aquí un breve decálogo para no perder de vista a una Unión Europea que, ahora sí, avanza. Hacia donde, está por ver.

¿Pero no ha empezado ya el Brexit?

No. Aunque el referéndum del pasado 23 de junio en Reino Unido causó un terremoto político con consecuencias a ambos lados del Canal de La Mancha, el proceso para que el país salga de la UE no está aún en marcha. La premier británica, Theresa May, se comprometió con sus socios europeos y sus conciudadanos a activar el proceso este mes, pero no dio una fecha exacta. Durante el encuentro que ha mantenido este jueves en Bruselas con el resto de líderes europeos no ha dado pistas tampoco en este sentido y, si lo ha hecho, no han trascendido.

¿Y cuándo va a arrancar?

Pese a que no hay indicaciones oficiales, persiste la idea de que el proceso podría empezar este mismo martes. Los Veintisiete países que permanecerán en el proyecto europeo esperan que May no se retrase mucho más, para empezar cuanto antes las negociaciones de dos años en las que se establecerán los términos del divorcio. Si el Gobierno británico activa el conocido como “artículo 50” de los tratados a lo largo de la próxima semana o al comienzo de la siguiente, los líderes de los Veintisiete convocarán una cumbre extraordinaria en Bruselas el próximo 6 de abril. Si lo hace pasado el 25 de marzo, no dará tiempo a organizar el encuentro antes de las vacaciones de Semana Santa, que peligran para muchos.


Agencias

Varios medios británicos recogen que la primera ministra británica se acogería al Artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar la salida de la Unión Europea

En cualquier caso, los Veintisiete han pedido a May que evite iniciar el Brexit justo en los días previos al 25 de marzo, cuando se cumplen sesenta años de la firma de los Tratados de Roma, considerada el nacimiento de la UE.

¿Cómo van a responder los Veintisiete?

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha estimado que una vez que llegue la notificación británica, los líderes podrían dar una respuesta a Reino Unido en el plazo de 48 horas, con la publicación de unas “directrices” para las negociaciones. Después, ambas partes tienen dos años para entrar en materia y tratar de acordar los términos de un divorcio amplísimo, así como dibujar las condiciones de una nueva relación.

¿Qué va a pasar con el resto?

Esta es la cuestión que está ahora sobre la mesa. Una vez que Reino Unido abandone el club comunitario, los demás pasarán a ser los “Veintisiete”. Pero no está claro a qué aspiran a convertirse. En lo único que parece que hay consenso, en palabras de François Hollande, es en que no se puede continuar como si nada hubiera sucedido. Como si el Brexit no fuera el espejo que ha obligado a la Unión y sus Estados miembros a mirar de frente sus problemas. La cumbre que se ha celebrado en Bruselas este jueves, con May, y este viernes, a Veintisiete, ha servido para tomar la temperatura al proyecto. Y ha dejado una impresión agridulce.

La primera ministra británica, Theresa May, en Bruselas. (Reuters)La primera ministra británica, Theresa May, en Bruselas. (Reuters)

¿Qué pasó con Polonia?

El desplante del Gobierno de Polonia el jueves, al tratar de boicotear la reelección de su compatriota y rival político Donald Tusk como presidente del Consejo Europeo ha dejado muy mal sabor de boca. Primero, porque demuestra lo lejos que está dispuesta a llegar Varsovia para impulsar su agenda política, cuyo contenido ultraconservador, antiliberal y euroescéptico causa alarma entre sus socios y en Bruselas. Segundo, porque un país -en otro tiempo modelo de la buena integración europea en el Este- rompió con las formas de buena convivencia comunitarias para anteponer sus intereses nacionales. Y tercero, porque sembró una vez más dudas sobre la unidad y el entendimiento entre los Veintisiete.

¿Tan mal va todo?

No. La nota positiva de la cumbre es que Polonia se quedó sola frente al resto de los países. No logró conciliar ningún apoyo, ni siquiera entre sus tradicionales aliados del grupo de Visegrado: Hungría, República Checa y Eslovaquia. Y que pese a la inminencia del Brexit, los Veintisiete han sido capaces de dedicar una jornada de trabajo a preocuparse únicamente de su futuro y no de la traumática separación, calentando motores para Roma.

¿Visegrado?

Sí, el grupo V-4 o Visegrado, es una alianza de cuatro países centroeuropeos que, desde la perspectiva española, coinciden con la idea que tenemos de los países del Este. Los orígenes de este grupo tan poco conocido en España se remontan nada menos que a 1335, cuando estos territorios forjaron un pacto de no agresión y colaboración mutua. El formato fue recuperado más de seis siglos después, cuando en 1991 se celebró una cumbre entre los jefes de Estado y de Gobierno de Checoslovaquia -que posteriormente se dividiría en República Checa y Eslovaquia-, Hungría y Polonia. Concebido con el primer objetivo de entrar en la UE, Visegrado ha tomado mucha relevancia a partir de la crisis de refugiados, en la que su negativa a acoger asilados en sus territorios y sus argumentos xenófobos crearon serias tensiones con sus socios. Más allá de los temas migratorios, muestran mucho interés en seguridad, defensa y exteriores, con particular atención a la relación con Rusia.

Entonces, ¿hay ya bandos enfrentados?

Sí y no. Más que bandos, hay grupos de países que se comparten una serie de intereses o preocupaciones comunes. Los cuatro de Visegrado, con Polonia a la cabeza, han sido los más claros a la hora de oponerse a que la Unión a Veintisiete se convierta en una “Europa a varias velocidades” donde se les deje atrás. En cambio, varios los socios más favorable a la integración, con Francia y Alemania a la cabeza, defienden que los que lo deseen deben poder avanzar más rápido, sin ralentizar el paso para acomodar siempre a los rezagados. Con ánimo tranquilizados, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha asegurado que una Europa a varias velocidades no será como levantar un nuevo “telón de acero” entre la Europa oriental y occidental. Pero los recelos permanecen.

¿Qué es la Europa a varias velocidades?

Se trata de una UE en la que se permite que un pequeño grupo avance más rápido que el resto, en materias tan delicadas como las políticas de defensa y seguridad, migración o fiscalidad. Y es uno de los cinco escenarios planteados por la Comisión Europea en su Libro Blanco sobre el futuro de la UE. La paradoja es que, pese a que ha creado polémica, la Europa a varias velocidades en realidad ya es un hecho. No solo porque existe la de libre circulación Schengen y el euro, proyectos en los que solo participan una parte de los Estados miembros. Además, el Tratado de Lisboa en 2007 introdujo lo que se conocen como “cooperaciones reforzadas”. Éstas permiten a un grupo de al menos nueve países ponerse de acuerdo para aplicar una política conjunta al margen del resto de sus socios.

El líder del Partido de la Libertad (PVV) holandés, Geert Wilders. (Reuters)El líder del Partido de la Libertad (PVV) holandés, Geert Wilders. (Reuters)

La patente europea, la cadavérica tasa a las transacciones europeas o la proyectada Fiscalía Europea son algunos de los ejemplos de estas iniciativas. Y de su poca efectividad. Como un ejemplo, basta decir que los diecisiete países que quieren poner en marcha esta última institución han necesitado tres años de deliberaciones solo para decidirse a dar un primer paso hacia su creación.

¿Hay más opciones?

El uno de marzo, la Comisión Europea puso sobre la mesa su llamado ‘Libro Blanco sobre el futuro de la Unión Europea’. En él, la institución -considerada el Ejecutivo europeo dentro de la constelación Bruselense- planteaba cinco escenarios hacia los que se podía encaminar la UE tras el Brexit:

-El primero planteaba seguir como hasta ahora.
-El segundo propone reducir la UE hasta poco más que su mercado único.
-El tercero apostaba por la Europa a varias velocidades.
-El cuarto, ofrecía la opción de que la UE hiciera menos pero de forma más eficiente.
-El quinto busca optar por la vía federalista, que por el momento tan solo España ha defendido abiertamente.

Corresponde ahora a los países decidir a qué tipo de UE aspiran. Y la Cumbre de Roma, que en un origen se planteaba como un encuentro meramente simbólico en el que poner en valor los avances logrados en el continente en seis décadas de integración, será un buen momento para ver hacia dónde se encaminan.

Fuente: ElConfidencial.com