El arte de Griezmann vale más que todo el fútbol de Alemania

Alemania entra por los ojos, con ese fútbol de toque, delicado, del gusto de todos. Y, sin embargo, esta Eurocopa no la ganarán. Tampoco se puede decir que sea injusto, pues en el este deporte el gol es el que decide y de eso, solo de eso, no van sobrados los germanos. En la primera parte, luego la moral se les desarboló, fueron un equipo precioso, perfecto, aculando a Francia en su área y demostrando un control de balón reservado para los mejores. No se recuerdan remates de peligro en esa sinfonía, era fútbol de calidad, pero también de exposición, no apto para hacer daño. Los galos, con un equipo de rocas y menos lírica, se encontraron con dos goles, en buena parte porque en su plantilla tienen una pequeña joya: Antoine Griezmann. 

Gonzalo Cabeza

El delantero del Real Madrid marcó el primero de los lusos y fue decisivo en el segundo. No ha tenido un campeoanto redondo, pero ha aparecido en momentos cruciales para su equipo

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El delantero del Atlético, a sus 25 años, es uno de los mejores jugadores del mundo. Habrá alguno que no quiera verlo. Siempre elige bien, y tiene las armas suficientes para hacer de su visión del fútbol un prodigio. Los desmarques, las arrancadas, un sentido del tiempo y el espacio en el que se reconocen los que son muy buenos. Marcó dos goles, el primero de penalti, el segundo aprovechando un rebote. Pero no, no es eso, el tema va más allá. Francia sabe que puede jugar a la defensiva porque arriba tiene a Griezmann, un jugador que es capaz de convertir la nada en mucho. Matuidi, Pogba, Evra, Koscielny… toda esa gente, trabajadora y estable, solo tiene sentido porque en la punta hay magia. No nos referimos, por supuesto, a Olivier Giroud, un delantero del montón que está intentando cubrir el hueco de Benzema con poco éxito. Si es campeón del mundo apunten a su compañero de faena

Toni Kroos (EFE)Toni Kroos (EFE)

Ese superdotado futbolístico, rodeado de jugadores de nivel pero sin alma, fue lo que hizo de una buena semifinal de Alemania un esfuerzo estéril. Pensarán los teutones en lo que hubiese sido de ellos si Griezmann, en lugar de en Macon, hubiese nacido en Dusseldorf. Y con toda la razón. En ataque, los de Löw tienen de todo menos eso. Kroos, por ejemplo, ha vuelto a demostrar esta Eurocopa que es un jugador excelente, que sabe comandar un equipo y llevar el balón hasta la zona de peligro con muchísima calidad. Es otro de los que entiende el juego, que no es algo tan común. Alemania bailó durante la primera parte a Francia y, en realidad, en ningún momento del partido cedió la posesión. Como quiera que Muller no parece haber llegado a esta competición, el gol no apareció. En la segunda, con el ánimo mermado, no renunciaron al balón, siguieron intentándolo. Kimmich por la banda, Can o Draxler hilvanaban el juego. Özil, como le pasa con frecuencia en estos partidos de campanillas, estaba un poco distraido, incómodo.  

Y todo esto, sin embargo, no hubiese sido lo mismo si no fuese por un una jugada tonta de Schweinsteiger. El centrocampista, ya veterano, cometió un error de juvenil saltando como una flamenca en una jugada aislada cuando el primer tiempo ya terminaba. Le tocó en la mano y fue penalti. Los germanos arguyen que antes de aquello también hubo jugadas en el área francesa que pudieron terminar en penalti. Los típicos agarrones que no se pitan con frecuencia. 

Alemania, como España

El Velodrome, uno de los estadios más calientes de esta Eurocopa, agradeció que su equipo encontrase esa pena máxima y se fuesen al descanso con una ventaja que no se correspondía con lo visto en los primeros 45 minutos. El césped, seco y mal cuidado -por más increíble que eso parezca en 2016- no fue obstáculo para ver un buen partido, vibrante, con dos propuestas diferentes, la de la sinfonía contra el ruido de timbales. Valió la pena la entrada. 

Alemania recuerda mucho a la España luminosa, incluso en sus desdichas. Porque son equipos pensados desde la misma premisa. Entienden el fútbol desde el amor al balón, que es el amigo y lo cuidan con esmero. Es una maravilla cuando está bien ejecutado. También es cierto que en toda esa cuestión falta el gol, aunque eso puede ser, simplemente, que no ha nacido el jugador que los marque a pares. El remate se entrena, pero también se tiene o no se tiene, y el equipo de Löw, claramente, no lo tiene. Se parece muy poco a la Alemania de los recuerdos de infancia, esa que ganaba desde el alimento y en la que todos los jugadores parecían medir tres metros a los ojos del rival, siempre más débil. Aquellos equipos de los setenta, ochenta y noventa tenían fútbol, claro, pero lo que más impresionaba de ellos era su capacidad atlética. ¿Quién no recuerda aquellos delanteros que remataban sandías o esos centrales que nunca parecían terminar?

Ese concepto que varias generaciones atribuyen a Alemania con la misma facilidad que piensan en Italia y defensa o Inglaterra (vale, también en España) y fracaso debería pasar lo más rápido posible a la definición futbolística de Francia. Desde hace bastante, las selecciones francesas se distinguen por tener un despliegue físico abrumador. Se esperan en los córners, en las faltas, en esos últimos minutos donde cuenta más el empuje que las ideas, que quedaron atrás, cuando el lactato aún no había carcomido el músculo y las ideas salían limpias. 

David Ruiz. París

Alemania y Francia se juegan un lugar en la gran final de la Eurocopa. El delantero del Atlético de Madrid es la gran baza de la escuadra gala para derrotar al campeón del mundo

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En ese registro no entra el principito de Macon. Él no es muy grande, al contrario, no es el más fuerte. Tampoco lo necesita para nada, porque flota sobre el césped y consigue que sus compañeros le busquen. Será él o no será en Francia, la historia se contará desde sus botas, que, además de fútbol a borbotones, también tienen  un registro importante de remates que terminan en gol. Él encuentra los agujeros que otros -por ejemplo los alemanes, pero no solo- no saben ni que existen. 

Francia busca en casa su tercera Eurocopa. En Saint-Denis, el domingo, partirán como claros favoritos contra una Portugal que es menos equipo, que no tiene ni la fuerza ni la determinación para compararse con la anfitriona. Esto, de todos modos, es fútbol, y en el bando luso siempre estará Cristiano que, él sí, anda sobrado de talento, de remate, de físico y de ambición. El torneo es decepcionante, a pesar de que Alemania y Francia hicieron una semifinal correcta. La final, con su incertidumbre y sus nervios, puede redimir todo esto. 

Ficha técnica

0 – Alemania: Neuer; Kimmich, Höwedes, Boateng (Mustafi, m.62), Hector; Can (Götze, m.66), Schweinsteiger (Sané, m.79); Draxler, Kroos, Ozil; Müller.

2 – Francia: Lloris; Sagna, Koscielny, Umtiti, Evra; Pogba, Matuidi; Sissoko, Griezmann (Cabayem 90+2), Payet (Kanté, m.71); Giroud (Guignac, m.78).

Goles: 0-1: m.45+2: Griezmann, de penalti. 0-2: m.72: Griezmann.

Árbitro: Nicola Rizzoli (Italia). Amonestó a los alemanes Emre Can, Schweinsteiger, Özil, Draxler y a los franceses Evra, Kanté.

Incidencias: Semifinal de la Eurocopa 2016 disputada en el Estadio Velodrome de Marsella ante 64.078 espectadores. Presenciaron el partido en el palco el presidente y primer ministro francés Francois Hollande y Manuel Valls, el presidente federal alemán Reinhard Grindel, y Ángel María Villar, vicepresidente primero en funciones de presidente de la UEFA.

Fuente: ElConfidencial – Deportes