El boyante negocio de los 'coches mula' para colarse en España

Es un Renault 18. Color gris. El conductor baja a las órdenes del agente de la Guardia Civil. Abre el maletero, también el capó. Revisa los bajos con un pequeño espejo extensible. Parece que hay algo extraño, justo cerca de volante. Como si hubiera sido manipulado. El detector de latidos da la señal con un sonido agudo. Sí, hay alguien escondido en el salpicadero.

A pesar de lo inverosímil de esta imagen, situaciones así ya no sorprenden a los trabajadores de Beni Enzar. Este es uno de los cuatro puestos fronterizos que separan Melilla de territorio marroquí, y el único paso internacional. Un hervidero de vehículos y personas donde los propietarios de los ‘coches mula’ aprovechan para hacer negocio. Y lo hacen cada vez más. 

Han aprendido a reutilizar cualquier hueco, por pequeño que sea, con tal de cruzar al mayor número posible de personas a suelo español. No importa si es el interior de un asiento, el hueco de la rueda de repuesto, el depósito de gasolina o incluso el parachoques. Cobran hasta 4.000 euros por pasaje, según informan fuentes del Instituto Armado.  

La práctica de los coches de doble fondo es habitual en la frontera melillense, pero su uso ha aumentado desde hace un año, en paralelo al descenso de los intentos de salto en la valla. Según datos provisionales de la Subdelegación de Gobierno de Melilla, durante 2015 poco más de un centenar de migrantes lograron acceder a territorio español a través de las vallas. En 2014, fueron 2.200.

Imagen de los controles de vehículos en los pasos fronterizos de Melilla. (Foto: Guardia Civil)

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Imagen de los controles de vehículos en los pasos fronterizos de Melilla. (Foto: Guardia Civil)

La tendencia se mantiene este año. Durante el primer trimestre de 2016, se han registrado siete intentos de salto, de los cuales solo uno se saldó con éxito, el pasado 9 de abril. Una decena de migrantes, de un grupo de 20, logró superar la valla a la altura del Cementerio Musulmán y burlar el despliegue policial.

Varias razones explican por qué la valla ha dejado de ser una opción. Por un lado, están las fuertes medidas de seguridad que ha implantado el Gobierno de Marruecos en su lado de la frontera y que incluyen un foso de tres metros de profundidad y una cuarta valla, también de tres metros de altura y cubierta de concertinas. Rabat ha reforzado además su presencia en el perímetro. A lo largo de los 11 kilómetros de valla que separa ambos países, es frecuente encontrar grupos de sus fuerzas auxiliares apostados en puestos de vigilancia y tiendas de campaña.

La legalización de las ‘devoluciones en caliente’ a través de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana -en vigor desde julio de 2015- también ha contribuido a disuadirles, según indican fuentes de la Guardia Civil. A todo esto hay que sumar que el monte Gurugú, donde vivían en campamentos la mayoría de los migrantes que estaban a la espera de saltar, está vacío después de las redadas efectuadas el verano pasado por la policía marroquí.

198 entran en Melilla desde enero

Todas estas dificultades han empujado a los migrantes hacia el mar -en 2015, hubo un 130% más de llegadas a las costas andaluzas-, y sobre todo hacia los dobles fondos. Esta última vía es la más cara -el coste de viajar en un ‘coche mula’ está lejos de los 1.000 euros que se pagan para optar a una plaza en una embarcación-, pero no por ello la más segura. Permanecer durante horas enrollados sobre sí mismos en un sarcófago de acero y sin apenas oxígeno pone en grave riesgo sus vidas. Según la Guardia Civil, son frecuentes los casos de desorientación, molestias musculares y dificultades para respirar. A menudo, muchos pierden el conocimiento

198 personas han entrado en Melilla a través de ‘coches mula’ desde enero. Todas de origen subsahariano. Al ser detenidas ya en suelo español, no se las puede devolver y, por tanto, deben ser conducidas al CETIEn total, según fuentes policiales, 198 personas han entrado en Melilla a través de ‘coches mula’ en lo que llevamos de año. Los pasajeros suelen ser casi siempre hombres, aunque también se dan casos de mujeres y niños. Todos de origen subsahariano. Al ser detenidos ya en suelo español, no se les puede devolver y, por tanto, deben ser conducidos al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla.

Los conductores se libran de la cárcel

Entre los conductores hay tanto ciudadanos marroquíes como españoles, y sus técnicas cada vez se afinan más. “Últimamente, lo que hacen algunos es que, en el momento en que la Guardia Civil les hace bajar del coche, salen corriendo hacia la frontera marroquí y abandonan el vehículo en el control de seguridad con los inmigrantes dentro”, aseguran desde la Policía Nacional. El delito del que se les acusa atenta contra el derecho de los ciudadanos extranjeros y está contemplado en el artículo 318 bis de nuestro Código Penal. Un artículo que ha sido modificado en octubre de 2015 para beneficio de los infractores. 

Un migrante, en el motor de un vehículo. (Foto: G.C.)

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Un migrante, en el motor de un vehículo. (Foto: G.C.)

La pena hasta ahora para aquellos que facilitaban la inmigración clandestina era de cuatro a ocho años de prisión. Con la reciente revisión del Código Penal, el castigo se ha quedado en una multa de tres a 12 meses y prisión de tres meses a un año. La modificación del artículo plantea la posibilidad de mantener la pena de cárcel de hasta ocho años en el caso de que se ponga en peligro la vida de las personas. Sin embargo, como reconocen fuentes policiales, raramente los conductores van a la cárcel, lo cual favorece la impunidad de este negocio altamente lucrativo. “Los migrantes no han tenido más remedio que cambiar de estrategia para entrar a España, y este sistema del doble fondo lo único que consigue es penalizar aún más a los que no tienen recursos”, denuncia Carlos Arce, de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA). 

Desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), piden más personal en el control fronterizo de Beni Enzar. Según el colectivo, para este año se había previsto enviar un refuerzo de 50 agentes, pero solo han llegado 22. “Necesitamos agentes para hacer controles más exhaustivos. Las personas que se ocultan en los dobles fondos corren mucho peligro ahí dentro”, reclama Yamal al-lal, secretario general de AUGC Melilla. 

En 2014, los agentes localizaron a 248 personas ocultas en vehículos; en 2015, fueron 356. De momento, solo en los tres primeros meses de 2016, ya se ha superado la mitad de los casos registrados en todo el año anterior. 

Fuente: ElConfidencial.com