El 'Califato del terror' cumple un año

Fanáticos. Genios de la propaganda. Terroristas peligrosos. Administradores eficientes. Asesinos crueles. Insurgentes de probada capacidad militar. El ...

Fanáticos. Genios de la propaganda. Terroristas peligrosos. Administradores eficientes. Asesinos crueles. Insurgentes de probada capacidad militar. El Estado Islámico es un fenómeno con tantas dimensiones que admite múltiples interpretaciones, dependiendo de a qué aspecto le preste uno atención. La única lectura inadmisible es aquella que considera a sus militantes como un mero grupo de locos sedientos de sangre.

Ciertamente, entre sus filas prosperan los sociópatas y los sádicos -lo es, sin duda, Jihadi John, el responsable de las espectaculares decapitaciones frente a una cámara de varios periodistas y cooperantes anglosajones-, y muchos de sus militantes, de la generación del Hollywood y los videojuegos ultraviolentos, parecen mostrar como regla general una falta de empatía y una fascinación por la crueldad mucho mayor que en otros grupos al uso. Pero, por bárbaro que nos parezca, todo lo que hace el Estado Islámico tiene un propósito racional. El salvajismo, como bien sabían los ejércitos medievales, es un arma.

“Si solo consideras al Estado Islámico como un grupo terrorista, te quedas en eso. Y si esto te impide indagar más, entrar en su lógica, me parece inútil”, dice Gabriel Garroum, politólogo catalán de origen sirio, que ha estudiado en detalle el sistema de gobierno del ISIS en la ciudad siria de Raqqa para su tesis final en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres. “El Estado Islámico es muy híbrido, y esa es una de sus fortalezas. Utiliza la guerra de frentes, pero también el manual operativo de Al Qaeda. Tiene una flexibilidad de mando que Al Qaeda no tiene”, explica a El Confidencial.

“Yo analicé el Estado Islámico como un grupo rebelde que desarrolla un sistema de gobernanza basado en tres pilares: la violencia y el uso del terror como medio de gobierno, como método; la religión como adoctrinamiento, y para generar un modelo hegemónico; y la administración en el día a día para generar un sistema que permita socializar a la población”, indica Garroum. “En mi opinión, esto último es lo más peligroso, la gente nativa socializada en esta política. Por ejemplo, los niños nacidos allí, a quienes la violencia les parece la normalidad. A una población de este tipo, no la subyugas el día de mañana con bombas de la coalición”, asegura.

Militantes islamistas encima de un carro de combate (Reuters).Militantes islamistas encima de un carro de combate (Reuters).

Juego de Tronos

Mucho se ha hablado sobre la alianza entre antiguos miembros del partido Baaz de Saddam Hussein y la cúpula del Estado Islámico. Está demostrado que varios de ellos, como el propio Abu Bakr Al Bagdadi y el coronel Haji Bakr, antiguo operativo de los servicios de inteligencia de Saddam, coincidieron en las cárceles de Camp Bucca, uno de los centros de internamiento de prisioneros administrados por las fuerzas de ocupación estadounidense, donde forjaron relaciones que permitieron que la cada vez más marginal Al Qaeda en Irak evolucionase hasta convertirse en lo que hoy es el ISIS.

El pasado abril, la revista Der Spiegel publicó un detallado reportaje en el que analizaba una serie de documentos elaborados por Haji Bakr, precisando la estrategia a seguir por la organización para hacerse poco a poco con el control territorial. El plan es una operación clásica de un servicio secreto, basada en la identificación de los posibles polos de poder (figuras de autoridad, posibles disidentes, fuentes de riqueza, etc.) y la puesta en práctica de iniciativas para dominarlos, entre las que destaca el secretismo, la eliminación física de sus enemigos y la creación de una red de informantes que el semanario alemán compara con el sistema de la Stasi, la policía política de Alemania Oriental durante la Guerra Fría.

A la vista de los acontecimientos posteriores, muchas de las ideas de Haji Bakr fueron puestas en práctica con éxito en el norte de Siria e Irak, permitiendo al Estado Islámico dominar un territorio que, hoy por hoy, supera en tamaño al Reino Unido. Y sin duda, la presencia de baazistas ha contribuido a los éxitos militares de la organización. Pero el artículo de Der Spiegel reduce todo a una mera operación maquiavélica de lucha por el poder al estilo de “Juego de Tronos”, que aunque ayuda a explicar la expansión y el asentamiento del grupo, difícilmente ayuda a comprender el entusiasmo que la proclamación del Califato, de la que ahora se cumple un año, despertó en el mundo musulmán, y el atractivo que cientos de miles de personas encuentran en este fenómeno.

“El Estado Islámico gestiona los territorios bajo su control de manera holística, radical sin duda, pero es muy hábil en la provisión de servicios sociales, en la gestión de disputas o en el reclutamiento de nuevos efectivos locales”, indica Garroum. En Siria, por ejemplo, las operaciones militares están dirigidas por iraquíes, y muchos de los combatientes son voluntarios extranjeros, pero la administración la copa personal sirio. De la eficacia de este sistema administrativo ha informado reiteradamente El Confidencial durante el último año.

Funeral de soldados caídos en combates con el Estado Islámico. (Reuters)Funeral de soldados caídos en combates con el Estado Islámico. (Reuters)

Herederos de Al Qaeda

Incluso la violencia cumple funciones claras. Según Jessica Stern y J. M. Berger, autores del libro “ISIS, The State of Terror”, su origen está en el libro “Idarat Al Tawahhush” (“La gestión del salvajismo”), del teórico yihadista Abu Bakr Naji, escrito en 2004. Este texto era uno de los libros de cabecera de Abu Musab Al Zarqawi, el antiguo líder de Al Qaeda en Irak (abatido en un bombardeo estadounidense en 2006), que no solo fue el primero en darse cuenta del impacto que tenía la filmación y difusión de las decapitaciones de los rehenes, sino también uno de los grandes impulsores del takfirismo, que considera herejes y apóstatas a todos aquellos que no se plieguen a su versión radical del Islam (lo que incluye a chiíes, musulmanes piadosos e incluso aquellos que osen votar, dado que el único gobierno legítimo es el de Alá). El ISIS, como heredero directo de Al Qaeda en Irak, ha convertido ambos aspectos en verdaderos pilares de su existencia.

“Los asesinatos en la plaza pública evidencian que el Estado Islámico tiene intención de mantener a la población subyugada. Pero en la propaganda que realiza en las redes sociales hay un mensaje muy diferenciado”, comenta Garroum. “A lo que más teme el Estado Islámico es al Sahwat (las Milicias del Despertar, los combatientes tribales suníes que se aliaron con éxito con los EE.UU. a mediados de la década pasada para combatir a Al Qaeda en Irak). Los grandes shows, como la ejecución del piloto jordano o el ahogamiento de prisioneros en una piscina, tienen como objetivo que las tribus suníes no se pongan en su contra, que otros países no se unan a la coalición. Ante eso, los batallones del Sahwat se lo pensarán dos veces”, comenta.

Pero la propaganda online del ISIS también pone mucho énfasis en la gestión de los servicios en sus territorios, y se esfuerza por convencer a sus seguidores de que emigren al Califato. En Raqqa, el Estado Islámico ha llegado a establecer oficinas de protección al consumidor en las que los locales pueden presentar sus quejas, al parecer con bastante éxito, o líneas regulares de autobuses entre Raqqa y la ciudad iraquí de Mosul.

Recientemente, el periodista Graeme Wood publicó un largo ensayo titulado “Lo que quiere realmente el ISIS”, en el que argumentaba que, a pesar de la opinión generalizada de que el ISIS no tiene nada que ver con el verdadero islam, las credenciales islámicas del grupo son impecables: prácticamente todo lo que está permitido (o prohibido) en el Califato, así como las prácticas sancionadas por su administración hasta un nivel de escrupulosidad casi ridículo, están basadas en textos islámicos clásicos o en enseñanzas de Mahoma.

Prisioneros del ISIS, ahogados en una jaula (Twitter). Prisioneros del ISIS, ahogados en una jaula (Twitter).

Esclavitud y crucifixión

“Los musulmanes pueden decir que la esclavitud no es legítima ahora, y que la crucifixión está mal en este contexto histórico. Muchos dicen precisamente eso. Pero no pueden condenar la esclavitud o la crucifixión directamente sin contradecir el Corán y el ejemplo del Profeta”, escribe Wood. “Simplemente denunciar el Estado Islámico como ‘no islámico’ puede ser contraproducente, especialmente si aquellos que escuchan este mensaje han leído los textos sagrados y han visto la puesta en escena de muchas de las prácticas del califato escritas claramente en ellos”, afirma.

“Antes, estos grupos ponían el énfasis en la yihad individual. Ahora, todo el sistema se basa en ello. Hay un control sobre lo cotidiano, en el que se aplica el concepto de yihad en absolutamente todo”, dice Garroum. “Esto genera un problema más allá de la dinámica militar, porque estas ideas echan raíces”, añade. Como ejemplo de hasta qué punto en el Califato se cuestionan hasta los aspectos más simples desde un punto de vista religioso, el politólogo señala los futbolines: tras un intenso debate, las autoridades islámicas acabaron determinando que eran lícitos, siempre y cuando los jugadores fuesen decapitados, para evitar que las figuras tuviesen forma humana, algo que el islam radical asocia con la idolatría.

Otro de los aspectos claves del ISIS, que ha sido descrito a menudo como “el grupo terrorista más rico del mundo”, es su eficiente gestión económica. El ISIS recauda impuestos y paga salarios, además de proporcionar servicios a la población, gratuitos en el caso de los más necesitados.

“El ISIS representa una nueva forma de organización terrorista en la que la financiación es central y crítica para sus actividades”, asegura la Fuerza Especial de Acción Financiera (FATF, por sus siglas en inglés), un organismo intergubernamental creado para monitorizar la actividad económica del terrorismo. Según un reciente informe de esta institución, las fuentes de ingresos del Estado Islámico “incluyen el saqueo de bancos y la extorsión, el control de campos petrolíferos y refinerías, y el robo de activos económicos”. También “los donantes que abusan las organizaciones sin ánimo de lucro, los secuestros para pedir rescate y el contrabando de efectivo, así como la extorsión de bienes y efectivos que pasan a través de territorios donde opera el ISIS, y estrategias de recaudación entre sus bases”.

Una cadena de prisioneros cristianos conducida por yihadistas del ISIS (Reuters).Una cadena de prisioneros cristianos conducida por yihadistas del ISIS (Reuters).

Sed de territorio

Sin embargo, opina la FATF, “la necesidad de amplios fondos para cumplir con requerimientos organizativos y de gobernanza representan una vulnerabilidad de las infraestructuras del ISIS. Para mantener su gestión financiera y sus desembolsos en las áreas donde opera, el ISIS debe ser capaz de hacerse con territorio adicional para explotar sus recursos. No está claro que los fondos que recauda a través de procedimientos ilícitos en el territorio que ocupa, incluyendo la extorsión y el robo, sean sostenibles en el tiempo”, afirma.

“Si tú a nivel militar conquistas un territorio y lo gestionas adecuadamente, lo mantienes incluso aunque la población no esté de acuerdo ideológicamente. La gente lo acepta por pragmatismo”, opina Garroum. “El mayor peligro es que su administración colapse. Que estos sistemas en Mosul o Raqqa sufran cortocircuitos, por ejemplo porque el dinero de la venta del petróleo sea menor y no puedan proporcionar servicios”, indica.

Wood también tiene sus dudas respecto a la viabilidad a largo plazo del Califato, especialmente si este comienza a perder territorio o si colapsan los servicios sociales que proporciona. “El Califato no puede existir como un movimiento clandestino, porque la autoridad territorial es un requisito. Si le quitas su mando sobre el territorio, todos esos juramentos de lealtad ya no son vinculantes. Naturalmente, estos antiguos vasallos podrían seguir atacando a Occidente y decapitando a sus enemigos por libre. Pero el valor propagandístico del Califato desaparecería”, asegura.

“Entender Oriente medio a partir de la noción de estado creo que es erróneo, y por eso no creo que el Estado Islámico se acabe pronto. Se puede configurar como entidad sociopolítica a unos kilómetros al este y oeste de la antigua frontera de Sykes-Picot [entre Siria e Irak] y aguantar bastante”, dice Garroum. Este experto lo compara con lugares como el sur de Líbano, gobernado por Hizbullah, o el Waziristán, entre Afganistán y Pakistán, donde talibanes y tribus hostiles al gobierno central campan a sus anchas. Pero en su opinión, el otro gran factor que podría acelerar la caída del Estado Islámico sería una aplicación excesiva de la brutalidad. “En el momento en el que la violencia levante a la población más de lo que la subyuga, tendrán un problema”.

Fuente: ElConfidencial.com

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