El Estado Islámico resucita a la antigua guardia de Sadam

El Estado Islámico ha resucitado las almas del Purgatorio iraquí. Cuando las huestes yihadistas de Abu Bakr Al Baghdadi tomaron en junio de 2014 la ciudad ...

El Estado Islámico ha resucitado las almas del Purgatorio iraquí. Cuando las huestes yihadistas de Abu Bakr Al Baghdadi tomaron en junio de 2014 la ciudad de Mosul –con casi dos millones de habitantes– apenas encontraron resistencia. Este éxito, sin duda, tuvo mucho que ver con el significativo apoyo de los exmiembros del Baaz (el partido del derrocado dictador Sadam Husein) y de las tribus suníes que han facilitado el avance del ISIS o de la casi nula resistencia de las fuerzas de seguridad en Mosul, que contaba con alrededor de 10.000 efectivos.

El autoproclamado califa Ibrahim ha sabido jugar sabiamente sus cartas y, como buen conocedor de las flaquezas políticas de Irak, encontró a su principal apoyo en la vieja Guardia Republicana de Sadam, cuyos miembros profesan, al igual que el ISIS, el credo musulmán suní. La paradoja de todo esto es que Estados Unidos, más de una década después de la caída del dictador iraquí, se enfrenta a los mismos fantasmas

A pesar de la afluencia de miles de combatientes extranjeros, casi todos los dirigentes del Estado Islámico son antiguos oficiales iraquíes, incluidos los miembros de sus comités de seguridad y estrategia militar, así como la mayoría de sus emires y gobernadores, asegura The Washington Post en un reciente artículo, basándose en fuentes iraquíes y sirias y analistas.

“Los antiguos miembros del partido Baaz han traído a la organización la experiencia militar y algunos de sus programas, así como las redes de contrabando que desarrolló el régimen de Sadam para evitar sanciones en la década de 1990 y que ahora facilitan el comercio de petróleo ilícito del Estado Islámico”, indica el diario estadounidense.

Incluso, los métodos de tortura, decapitaciones y ejecuciones sádicas han sido implantados por la antigua guardia de Sadam.

Un miliciano del Estado Islámico durante un desfile militar en Raqqa, capital del 'Califato' en Siria (Reuters).Un miliciano del Estado Islámico durante un desfile militar en Raqqa, capital del ‘Califato’ en Siria (Reuters).

“La ocupación de Irak lo cambió todo”

El origen de esta comunión más política que religiosa entre el Estado Islámico y los exmiembros del Baaz viene desde la invasión de Irak en 2003. “La ocupación de Irak lo cambió todo”, asegura a El Confidencial el coronel retirado Nizar Abdelkader, que denuncia la discriminación que han sufrido los suníes en Irak tras la caída del régimen de Sadam.

De un plumazo, a 400.000 miembros del ejército iraquí derrotado por EEUU se les prohibió el empleo público y se les negaron las pensiones. En cambio, se les permitió mantener sus armas. Precisamente, la marginalización de los suníes fue el caldo de fermentación de Al Qaeda en Irak (AQI), precursora del Estado Islámico.

Abu Musab al Zarkawi lideró la facción de Al Qaeda en el país hasta que murió en un ataque estadounidense en junio de 2006. Su sucesor fue el egipcio Abu Ayub al Masri, que formó el Estado Islámico de Irak (EII) en octubre de ese mismo año, siempre bajo el paraguas de Al Qaeda. El lugarteniente de Al Masri era el joven Abu Bakr al Baghdadi, que se convirtió en el nuevo jefe del grupo tras un nuevo golpe de EEUU contra la cúpula de Al Qaeda en 2010.

El ambicioso Al Baghdadi puso sus ojos en Siria. Al principio cooperó con el Frente Al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, fundada por Abu Mohamad Al-Golani a mediados de 2011. El Estado Islámico de Irak modificó entonces su nombre y agregó: del Levante o Siria (EIIL). Las rivalidades entre las dos facciones de Al Qaeda en Siria llevaron a Ayman al Zawahiri a dejar de apoyar al EIIL y le pidió que se retirara de ese país. Al Baghdadi decidió abandonar definitivamente Al Qaeda y actuar en solitario, renombrando al grupo como el Estado Islámico.

El ejército de Estados Unidos siempre supo que los exoficiales baazistas se habían unido a otros grupos insurgentes durante la llamada insurrección suní de 2004 a 2006, y dieron apoyo táctico a la filial de Al Qaeda en Irak. Sin embargo, los funcionarios estadounidenses no previeron que los antiguos mandos del régimen de Sadam iban a convertirse no sólo en colaboradores de Al Qaeda, sino en los miembros principales del grupo yihadista.

Milicianos chiíes durante combates con el Estado Islámico en Bashir (Reuters).Milicianos chiíes durante combates con el Estado Islámico en Bashir (Reuters).

“El ISIS era la única opción”

Después de 2010, Al Baghdadi se embarcó en una agresiva campaña para atraer a los exoficiales, aprovechando la vasta reserva de hombres que habían permanecido desempleados o se habían unido a otros grupos insurgentes, menos extremistas.

Cuando las tropas estadounidenses se retiraron en diciembre de 2011 y el Gobierno del chií Nuri al Maliki abandonó a las milicias locales “los Consejos del Despertar”, el Estado Islámico “se convirtió en la única opción de sobrevivir para los que se sentían traicionados y querían cambiar de bando”, señala el analista militar Nizar Abdelkader.

Bajo el liderazgo de Al Baghdadi, los exmiembros del Baaz tuvieron un papel decisivo en el renacimiento del grupo yihadista. Algunos de sus colaboradores más cercanos eran Abu Muslim al-Turkmani, su lugarteniente en Irak, y Abu Ayman al-Iraqi, uno de sus principales comandantes militares en Siria, ambos exoficiales iraquíes abatidos por los bombardeos de la coalición liderada por EEUU, según informes del Pentágono.

El ISIS extendió su poder desde el norte de Mosul a través de Tikrit, al sur, y hacia Bagdad, a lo largo del valle del río Tigris, para mantener una línea continua de presión que atraviesa lo que es, prácticamente, la columna suní de Irak. “las zonas en las que está operando ISIS coinciden en gran medida con las zonas donde Al Qaeda en Irak (AQI) estaba activo en el momento álgido de la insurrección suní. Más que hablar de una nueva ofensiva en Irak, las acciones del ISIS se dirigen más hacia un resurgimiento en las zonas históricas de las operaciones de Al Qaeda”, apunta Abelkader.

El error del ‘Califa’

Pero Al Baghdadi ha errado en su estrategia al colocar en los círculos de poder a exoficiales para mantener su influencia en Irak, mientras que los combatientes extranjeros sirven de carne de cañón en la línea del frente.

El temido grupo yihadista ha empezado a resquebrajarse internamente debido a las crecientes tensiones entre combatientes extranjeros y locales, la agresiva campaña y los intentos cada vez menos exitosos para reclutar a ciudadanos locales en las líneas del frente. A ello se añade la incidencia cada vez mayor de ataques guerrilleros contra objetivos del Estado Islámico.

Sobre esta cuestión, la analista Amal Saad, de la Universidad Americana de Beirut (AUB), señala que el reparto de botines de guerra o los sueldos son varios de los principales motivos de fricción entre los combatientes extranjeros y locales del Estado Islámico. “No todos los combatientes musulmanes son tratados por igual en las filas del ISIS. Los yihadistas extranjeros se sienten discriminados a la hora de competir con los locales, entre otras razones porque el ISIS necesita mantener el apoyo de la población local”, explica a El Confidencial.

Fuente: ElConfidencial.com