El hombre que puede derrocar a Tsipras

18.01.2016 – 05:00 H. El nuevo líder de los conservadores griegos no tiene miedo a ir por libre. En la última sesión parlamentaria del año pasado, Kyriakos ...

18.01.201605:00 H.

El nuevo líder de los conservadores griegos no tiene miedo a ir por libre. En la última sesión parlamentaria del año pasado, Kyriakos Mitsotakis votó junto a Syriza a favor de las uniones civiles de personas del mismo sexo. Él fue uno de los escasos 19 diputados -de los 75 de su formación, Nueva Democracia- que se expresaron de este modo. La mayoría de sus correligionarios votaron en contra o se abstuvieron. De este tremendo avance social que pone a Grecia en el club de los más progresistas del continente se desmarcaron los ultranacionalistas de Griegos Independientes -socios del Gobierno Tsipras-, la extrema derecha y los comunistas. 

Al dar su ‘sí’, Mitsotakis mostraba uno de sus mejores activos: su talante independiente. El mismo que le había borrado de muchas quinielas en las elecciones primarias de su partido, que se terminaron de resolver este domingo en la segunda vuelta. El favorito era su adversario, Evánguelos Meimarakis, apoyado por el aparato del partido y con la fidelidad de las bases rurales, muy movilizadas y muy conservadoras; las únicas y veniales (para sus seguidores) manchas de este fueron haber perdido las últimas elecciones de septiembre, y el desastroso primer intento de primarias que se tuvo que suspender por un error informático masivo mientras era líder interino. Meimarakis había mantenido controladas las riendas dejadas por Andonis Samarás tras la debacle electoral de julio, evitando una desbandada, aunque perdiendo 200.000 votos a pesar de la gestión de Syriza y el control de capitales.

Nadie daba por sentado que Mitsotakis pasaría a la segunda ronda y menos que ganaría los comicios internos. En un golpe de suerte para él, Meimarakis cometió el error de enemistarse durante la campaña con los otros dos candidatos, Andonis Georgiadis -que representa al sector neoliberal- y Tzizikostas -que representa al muy conservador norte del país, con ‘capital’ en Salónica-, que quedaron eliminados en la primera vuelta y pidieron el voto para Mitsotakis: con ello, el candidato que votaba en diciembre a favor de las uniones gays paradójicamente era votado en muchos feudos ultramontanos de la Iglesia ortodoxa.

Esta victoria inesperada ha despertado cierta esperanza en la sede de Sygrou, en Atenas. La derecha griega tiene motivos para ser más optimista que hace unos meses. Incapaces hasta ahora de articular un discurso alternativo al de Syriza -que ha terminado arrogándose casi todo el voto antiausteridad y antitroika-, ha cargado como una penitencia con la herencia desastrosa del Ejecutivo de Andonis Samarás, que no se marchó hasta el referendo en el que el ‘oxi’ apoyado por los izquierdistas ganó por abrumadora mayoría. Nueva Democracia entró en barrena y optó por el perfil bajo, apoyando las medidas del tercer rescate firmado por Tsipras y asumiendo que tendría que haber una renovación.

Debe robar votos a Syriza

Mitsotakis será el encargado de cambiar esta dinámica. Syriza se ha convertido en una fuerza hegemónica, capaz de esperpentos como el que actualmente se desarrolla en el Ministerio de Trabajo -el ministro prepara la reforma de las pensiones mientras pide a la gente que se manifieste en contra de las ‘imposiciones de la troika’- sin perder apoyo masivamente. Syriza domina electoralmente todos los sectores de edad y de profesión, jóvenes y jubilados, funcionarios, autónomos y del sector privado. Para volver a gobernar, no bastará con restarle votos al centrista Potami o al Pasok: tendrá que ‘robar’ votos a Syriza.

Simpatizantes de Nueva Democracia, durante un mitin de cierre de campaña en Atenas. (Reuters)Simpatizantes de Nueva Democracia, durante un mitin de cierre de campaña en Atenas. (Reuters)

El propio Mitsotakis lo avisaba antes del proceso, cuando aseguraba que habían perdido a la juventud, o cuando decía: “Nueva Democracia ha dejado de ser el partido del sector privado”. Mitsotakis quiere hacer el “viaje al centro”, aunque no será fácil: construir un proyecto convincente será diseñar unas propuestas lo suficientemente alternativas sin que resulten conniventes con la troika y sin romper los equilibrios internos, es decir, la cuadratura del círculo… no lo queda otra si quiere ser primer ministro, hacer malabarismos hasta con las palabras: “Tenemos que renovar Nueva Democracia con respeto a su historia y basado en las necesidades actuales. Es nuestro deber que ND vuelva a ser el gran partido de centro derecha cerrando el círculo del populismo. Nadie está de más, pero el partido necesita abrirse”, declaraba tras la victoria.

Mitsotakis tendrá que trabajar rápido y con delicadeza. Nueva Democracia es ahora mismo como un jarrón de porcelana en medio de turbulencias. Él, como representante del sector más ‘liberal’ del partido, tiene a los ‘tradicionalistas’ en guardia. Estos últimos son el ADN estatalista -tan conectado en Grecia con el clientelismo- del partido, común a casi todas las fuerzas del espectro, incluida la actual Syriza, y han sido históricamente la mayoría. La victoria de Mitsotakis fue ajustada -52% frente a 48%- a pesar de los errores de su rival. Las privatizaciones de empresas o activos públicos o planes de reducciones de funcionarios, por ejemplo, que sí están en el ideario del nuevo líder, encontrarán una fuerte oposición dentro del propio partido.

Tampoco la élite va a posicionarse incondicionalmente a su favor. Nueva Democracia es un partido de ‘familias’ y Mitsotakis pertenece a una de las dos más importantes, enfrentada soterradamente con la de los Karamanlis. Además, en las primarias su hermana, Dora Bakoyannis, apoyó a Meimarakis. De la inclusión de los otros barones dependerá que no haya ‘fugas’ en su partido.

Kyriakos es reconocido por su buen desempeño como ministro de la Reforma Administrativa entre 2013 y 2015 en el último Gobierno de coalición, pero el currículo personal no cuenta dentro de su partido, y tampoco cuenta para sus rivales. Como sucede en tantas partes de Europa donde el liberalismo es malentendido, Mitsotakis es tachado de ‘neoliberal’, una etiqueta que le acompañará allá donde vaya: Syriza y Pasok han tardado poco en describirle de esta forma. Que grandes medios internacionales, entre ellos biblias del liberalismo y neoliberalismo como ‘The Economist’ o ‘Wall Street Journal’ hayan aplaudido su llegada, desde luego no es un tanto a su favor.

Queda saber si Mitsotakis está a la altura del reto, si bien es ahora mismo el único capaz de transformar al partido conservador de nuevo en una fuerza ganadora. Un cambio que Nueva Democracia necesita hacer rápido: en Grecia siempre puede haber unas elecciones a la vuelta de la esquina.

Fuente: ElConfidencial.com