“El ISIS tiene ahora ojos en todas partes”

11.11.2015 – 05:00 H. Telas Surur se presentó en el barrio como un “desertor de ISIS”, como un exmiliciano arrepentido. Se había mudado a Sanliurfa, una ...

11.11.201505:00 H.

Telas Surur se presentó en el barrio como un “desertor de ISIS”, como un exmiliciano arrepentido. Se había mudado a Sanliurfa, una ciudad del sur de Turquía, hacía menos de dos meses y pronto entabló amistad con otros sirios del vecindario, Ibrahim Abdel Qader y Fares Hamadi. Ibrahim formaba parte de la red de activistas ‘Raqqa está siendo masacrada silenciosamente’, que documenta las atrocidades cometidas por los yihadistas en la ciudad. Telas, Ibrahim y Fares se hicieron buenos amigos: salían juntos, colgaban sus fotos en las redes sociales y trabajaban denunciando los crímenes de ‘Daesh’.

El pasado jueves 29 de octubre, Telas organizó una velada en casa de Ibrahim y trajo consigo a otros chicos desconocidos. También invitó al resto del círculo de activistas, aunque solo Ibrahim y Fares pudieron acudir. Entrada la madrugada, el anfitrión degolló a sus nuevos amigos. Fue a la mañana siguiente cuando otro de los miembros, que casualmente no pudo ir a la tertulia, encontró los cuerpos sin vida de sus compañeros. Horas más tarde, Telas volvía a Raqqa por la frontera de Kilis para reingresar, según cuentan, en las filas del ‘Califato’.

Era la peor venganza del ISIS, una infiltración de semanas para llevar a cabo una ejecución fuera de sus fronteras. “No os libraréis del cuchillo del Estado Islámico. Nuestra mano os atrapará donde quiera que estéis para cortaros el cuello”, publicó la organización en las redes sociales. El fundador de la campaña de Raqqa escribió en Twitter: “No puedo decir nada más que RIP, mi querido amigo, nos veremos en el paraíso”. Quien encontró los dos cadáveres sigue en estado de ‘shock’ y no ha sido capaz de articular ni una palabra en los últimos días. Sus conocidos aseguran que ha tenido que huir a Holanda tras recibir distintos tipos de amenazas. No es la primera vez que los yihadistas acaban con miembros de ‘Raqqa está siendo masacrada silenciosamente’, pero es la primera vez que la matanza se produce dentro de Turquía.

En la última semana los periodistas, activistas y ‘fixers’ (facilitadores locales) sirios asentados en el sur de Turquía están sumidos en una atmósfera de miedo y paranoia. Les tiembla la voz cuando relatan lo ocurrido, y unos y otros aseguran que “el ISIS tiene ahora ojos en todos partes”. Desde el inicio de la guerra en Siria, las autoridades turcas mantuvieron una política muy permisiva en las fronteras, y combatientes, refugiados y yihadistas se han movido con facilidad a ambos lados. “Ahora están todos dentro”, cuenta una ‘fixer’ de Gaziantep. Los recientes asesinatos han puesto en jaque a la comunidad civil que operaba con cierta seguridad al otro lado de la frontera.

Miembros de las fuerzas especiales de la policía turca participan en una redada antiterrorista contra miembros del ISIS en Diyarbakir, el 26 de octubre de 2015. (Reuters)Miembros de las fuerzas especiales de la policía turca participan en una redada antiterrorista contra miembros del ISIS en Diyarbakir, el 26 de octubre de 2015. (Reuters)

“No podemos fiarnos de nadie”

“Esto ha cambiado todo”, dice uno de los miembros de la red, que ahora vive en Gaziantep y que prefiere no revelar su verdadera identidad. “Hemos vuelto a la situación anterior, a cuando trabajábamos desde dentro de Raqqa. Pensábamos que en Turquía estábamos a salvo pero ya no podemos fiarnos de nadie”, concluye. En una cafetería de la ciudad, el activista explica con miedo que “este país está lleno de células durmientes y de agentes del ‘Daesh’ [una fórmula despectiva en árabe para referirse al ISIS]”. “Las autoridades turcas no están haciendo lo suficiente”, añade. Cuenta que los asesinatos han desmoralizado al grupo, pero que, aun así, han continuado con su trabajo.

La historia de los chicos de Raqqa se remonta a inicios del año 2011, cuando varios grupos opositores se manifestaban contra el Gobierno de Bashar al Asad. La ciudad fue ‘liberada’ en marzo de 2013 por el Frente Al Nusra (la rama siria de Al Qaeda), pero pronto el levantamiento contra el régimen fue cooptado por el ‘Daesh’. “En tres meses, comenzaron los secuestros”, afirma el joven. El ISIS se hizo con el control de la ciudad y dio caza a los activistas, periodistas o abogados defensores de derechos humanos, como “el cabeza del consejo municipal, Abdullah al Khalil”, explica. Cada día, los yihadistas hacían desaparecer a alguien “en coches KIA blancos”.

En enero de 2014, este raqauí fue finalmente arrestado y trasladado al “Punto 11: un estadio que hacía las funciones de centro de investigación, donde los prisioneros eran interrogados”. Ahí, pasó más de un mes de torturas, palizas y amenazas: “Vamos a quemarte como el pollo frito”, le dijeron en una ocasión. Durante esas semanas, coincidió con antiguos compañeros de clase que entonces se habían unido a las filas del ‘Daesh’. “Dos de ellos hicieron presión para conseguir mi liberación”, revela. “Los yihadistas utilizan los mismos métodos de tortura que el régimen, nos golpeaban con tuberías y nos colgaban de los brazos”.

En los 33 días de cautiverio, este joven fue acusado de escribir artículos en la publicación ‘Al Yumhurriya’ (La República) del escritor Yasin al Saleh, una figura prominente de la disidencia de izquierdas siria que ahora reside en Estambul. También fue procesado en el tribunal de la ‘sharia’ de Raqqa por “espiar para EEUU y abandonar el islam”. Finalmente, fue el propio Abu Luqman, uno de los emires del ‘Califato’ en Siria, quien le liberó gracias a la presión popular. Aun así, no olvida a todos los miembros del ISIS que conoció en prisión, como el propio Telas Surur, que por aquel entonces “era un prisionero-espía en la cárcel. El ISIS lo utilizaba para conseguir información de otros presos”, revela.

Milicianos del ISIS inspeccionan una perfumería en Raqqa, capital siria del Califato, el 18 de septiembre de 2014. (Reuters)Milicianos del ISIS inspeccionan una perfumería en Raqqa, capital siria del Califato, el 18 de septiembre de 2014. (Reuters)

“Los únicos que dan luz a una ciudad oscura”

Fue en este contexto de represión contra las voces disidentes de Raqqa en que nació la campaña ‘Raqqa está siendo masacrada silenciosamente’. “Los activistas de Alepo lanzaron el ‘hashtag’ #SaveAleppo y fue un éxito mundial. Por eso, nosotros quisimos imitarlo para Raqqa y se creó el ‘hashtag’ #Raqqaisbeingslaughteredsilently (Raqqa está siendo masacrada silenciosamente)”, cuenta Taher Moqresh, uno de los activistas que apoyaron el proyecto desde el inicio. Pronto, emprendieron distintas acciones para desafiar al nuevo Estado Islámico. “Imprimíamos nuestro logo y nos fotografiábamos con él en los edificios de ISIS”, cuenta. Así, las nuevas autoridades comenzaron a perseguir a quienes apoyaban la campaña, requisando teléfonos y ordenadores.

Tras el éxito recibido en las redes sociales, y por ser los únicos que documentaban gráficamente lo que verdaderamente ocurría dentro de la nueva capital del ‘Califato’, la campaña terminó por convertirse en una organización. “Han sido los únicos que han dado luz a una ciudad oscura”, apunta Moqresh. Así, distintas entidades de EEUU se fijaron en ellos para financiar sus actividades. Una de ellas, según Moqresh, ARC Relief.

No creas que no sabemos dónde vives. Podemos matarte cuando queramos”. “En 30 minutos daré con tu ubicación y te haré una foto. Quien juega con fuego termina por quemarse. Te vamos a enviar al infierno”. Estas son algunas de las amenazas que Abd* recibe a diario en su teléfono móvil desde un número con prefijo +1. “No, no. Yo no pertenezco al grupo”, repite Abd mientras mira continuamente a los lados en una calle peatonal. “Turquía ya no es seguro para nosotros”, explica otro de los jóvenes de Raqqa, muy cercano al círculo de activistas.

Los chicos aseguran que ya ninguno trabaja desde Raqqa, pero que cuentan “con colaboradores” que envían material desde dentro de la ciudad. Incluso uno de ellos llega a afirmar que “consiguen información a través de miembros del ISIS a cambio de algo de dinero”. Con el paso de los años, cada uno de los integrantes se ha exiliado a otros países: dos de ellos viven en Alemania, otro en Estados Unidos, uno en Holanda y otro más en Rusia. Los cuatro miembros restantes residen en Gaziantep, y “van a pedir asilo en Alemania”, explican. Sin embargo, algunos compañeros creen que el grupo ha ido demasiado lejos: “Hay una norma de oro en el periodismo. Y es que ningún reportaje merece tu vida”.

* Los nombres de algunos entrevistados se han cambiado por motivos de seguridad.

Fuente: ElConfidencial.com

Palabras relacionadas: