El legado fallido de Chiang Kai-shek: los taiwaneses ya no se sienten chinos

25.01.2016 – 05:00 H. “¿Usted se siente chino o taiwanés?”. Allen Huang, un ejecutivo financiero de 36 años, lo tiene claro. Ante esta ...

25.01.201605:00 H.

“¿Usted se siente chino o taiwanés?”. Allen Huang, un ejecutivo financiero de 36 años, lo tiene claro. Ante esta pregunta, responde con firmeza: “Taiwanés”. No es el único: según un estudio publicado por la Universidad Nacional de Chengchi a principios de 2015, un 60,6% de los participantes declaró sentirse taiwanés, mientras que apenas un 3,5% se reconoció como chino. En 1992, los que optaban por la primera opción eran un 17,6%, frente a un 18% que abogaba por la identidad china.

Aunque el peso del nacionalismo taiwanés en las elecciones generales del pasado 16 de enero fue menor de lo que podría parecer, el sentimiento crece: la victoria del Partido Democrático Progresista (PDP) de Tsai Ing Weng fue celebrada por miles de simpatizantes entre cánticos de “Taiwán hace historia”. A medida que Taiwán asienta su identidad, también se reafirma su autoconfianza frente a China: a principios de noviembre, los presidentes de ambos países se reunieron por primera vez desde 1949. A finales de ese mes se produjo el primer intercambio de espías capturados en el territorio del adversario, y los gobiernos de los dos países han establecido un “teléfono rojo” para prevenir la escalada de posibles crisis.

Para Stéphane Curcoff, director del Centro de Estudios sobre China Contemporánea en Taipei (CEFC), uno de los puntos clave de ese proceso identitario fue la introducción en 1997 de los manuales de Historia taiwanesa que, junto a la Historia de China y del mundo, empezaron a impartirse en las aulas. “Es precisamente esa generación, la que ha estudiado el pasado de Taiwán con mayor visibilidad, la que protagonizó el Movimiento de los Girasoles en 2014 y la que ha tenido un papel fundamental en estas elecciones”, señala.

El llamado Movimiento de los Girasoles lanzó a las calles a cientos de jóvenes que acabaron tomando el Yuan Legislativo (el parlamento taiwanés) en marzo de 2014. La razón de aquellas protestas fue el pacto de comercio y servicios con China continental (CSTTA por sus siglas en inglés). “Ese movimiento fue la culminación de un desencanto político y de rechazo a aspectos como la energía nuclear y la apuesta por las energías renovables; reivindicaciones que demuestran cómo Taiwán quiere sumarse a las tendencias que dominan el panorama a nivel mundial”, opina el experto.

Precisamente, alrededor de un 70% de los votantes de estas elecciones tiene menos de 50 años, y un 6,8% del total del censo acudió a las urnas por primera vez. “La opinión de los jóvenes ha sido ignorada durante años, y eso nos condujo a pensar que nuestros ideales eran inútiles y que no merecía la pena participar en política”, afirma Chen Yi Lin, presidente de la Asociación de Estudiantes de la Universidad Nacional de Chengchi. Este organismo, junto con otras universidades, fletó distintos autobuses con un coste menor del habitual para que los estudiantes pudieran regresar a su ciudad de origen y votar. Para Chen Yi Lin, el Movimiento de los Girasoles ha “tenido una gran influencia” en el triunfo de Tsai Ing Wen y en el refuerzo de la identidad nacional, “sobre todo entre los más jóvenes”.

Una familia revisa las listas de candidatos antes de entrar a votar en Taipei, la capital de Taiwán, el 16 de enero de 2016. (Reuters)Una familia revisa las listas de candidatos antes de entrar a votar en Taipei, la capital de Taiwán, el 16 de enero de 2016. (Reuters)

La emergencia del “nacionalismo cívico”

Tanto es así que el Partido Nuevo Poder (PNP), impulsado por varios de los activistas que protagonizaron aquellas protestas, se ha convertido en la tercera fuerza en el Parlamento al ganar cinco diputados en estos comicios. Así, rostros como el de Huang Kuo-chang, fundador del partido, o el del cantante de ‘heavy metal’ Freddy Lim se han impuesto en la creación de la llamada “tercera fuerza”, alternativa a los partidos tradicionales: el Kuomintang (KMT) y el Partido Democrático Progresista (PDP).

Nathan Batto, miembro del Instituto de Ciencias Políticas de la Academia Sínica de Taiwán, también atribuye el aumento del sentimiento nacionalista en la isla al declive económico de Taiwán durante los últimos años y a la gestión política del KMT. “Las subidas en el precio de la luz, la vivienda, los escándalos de corrupción en torno al KMT e incluso la muerte de un joven mientras hacía el servicio militar en 2013 por abuso de sus superiores -el caso Hung Colina-, han contribuido a este hecho”, asegura.

Para Michael J. Cole, miembro en Taipei del Instituto de Política China de la Universidad de Nottingham, la experiencia democrática que ha vivido Taiwán en los últimos años ha dado pie al llamado “nacionalismo cívico” basado en una “historia territorial común”. “Ahora es posible decir ‘mis antepasados vienen de China pero yo soy taiwanés”, comenta. “La mayoría de quienes han nacido en la isla tras la llegada del KMT -en 1949- han comenzado a elaborar una identidad propia y ven a China como algo lejano”, explica.

Tras más de 40 años de ocupación de la isla y tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón abandonó Taiwán de forma progresiva entre 1945 y 1946. En 1949, el general Chiang Kai-shek se instaló en la isla con las tropas nacionalistas del KMT y cerca de dos millones de refugiados, tras perder la Guerra Civil China frente a los comunistas de Mao Zedong.

Bajo su mandato, Chiang Kai-shek trató de asimilar a la población local imponiendo una ley marcial con el fin de censurar cualquier expresión de la identidad taiwanesa, incluidas las lenguas locales como el taiwanés o el hakka. La represión dio lugar a la época del ‘terror blanco’ (1949-1987), en que las detenciones a los disidentes políticos, críticos con el Gobierno de Chiang Kai-shek, se hicieron frecuentes, y el chino mandarín se impuso en las aulas relegando cualquier otro idioma al ámbito familiar.

Guardias desfilando frente a una estatua de Chiang Kai-shek en el memorial al antiguo líder taiwanés en Taipei. (Reuters)Guardias desfilando frente a una estatua de Chiang Kai-shek en el memorial al antiguo líder taiwanés en Taipei. (Reuters)

Cuestionando a Chiang Kai-shek

El camino hacia la democracia comenzó a mediados de los ochenta, cuando bajo el mandato de Chiang Ching-kuo se permitió la fundación, en 1986, del Partido Democrático Progresista (PDP), vencedor en las elecciones de este año. En 1987 se derogó la ley marcial, y a partir de entonces se introdujeron reformas políticas que posibilitaron las primeras elecciones democráticas en la isla en 1996, y la despenalización del uso de las lenguas locales.

El cambio entre ese periodo y el actual también se vislumbra en la apreciación hacia la figura de Chiang Kai-shek. En el edificio construido en su memoria, en el corazón de Taipei, turistas y locales visitan la megalómana estatua que reposa en su interior. Algunos rezan, y la mayoría se apresura a hacerse un ‘selfie’ con el mandatario. En cambio, en los últimos años se ha despertado una conciencia crítica hacia su mandato.

“En el colegio le considerábamos como un héroe y saludábamos todos los días su imagen”, recuerda Pai-Tsang Huang, un médico de 55 años que trabaja en un hospital de Taipei. “El día de su muerte -el 5 de abril de 1975-, hice una inmensa cola para ver su cuerpo expuesto al público e incluso lloré. Ahora creo que hay que describirle de una forma más equilibrada porque no fue un santo”, expresa. Prueba de ese cambio también ha sido la progresiva retirada de la mayoría de estatuas presentes en lugares públicos, en especial tras los ataques cometidos contra ellas.

La victoria del Partido Progresista Democrático ha reavivado el debate sobre el rumbo político de la isla y una posible independencia que los medios oficiales chinos han asegurado es “completamente imposible” porque responde a una “alucinación”. El temor ante un deterioro de las relaciones económicas entre ambos territorios también ha sido objeto de análisis entre los inversores.

Activistas del Movimiento de los Girasoles celebran el primer aniversario de las protestas con una sentada en el centro de Taipei, en marzo de 2015. (Reuters)Activistas del Movimiento de los Girasoles celebran el primer aniversario de las protestas con una sentada en el centro de Taipei, en marzo de 2015. (Reuters)

Los problemas domésticos, la piedra de toque

Para Gregorio Huang, un ex alto funcionario en el Ministerio de Economía de Taiwán, Tsai Ing Wen, la gran vencedora de las elecciones, deberá articular su deseo de cobrar mayor protagonismo a nivel regional, en especial por su intención de formar parte del Banco de Infraestructura Asiática, y a nivel mundial con un “mensaje de calma” hacia China. “Mantener el ‘statu quo’ entre ambos territorios -como ya ha hecho la mandataria- es el primer paso para lograr ese entendimiento”, asegura.

Michael J. Cole también apela a la “prudencia” de Tsai Ing Wen al “rechazar una declaración de independencia y la supresión de acuerdos comerciales firmados entre ambos territorios”, consciente de que “China es la mayor plataforma financiera para Taiwán”. En su opinión, asuntos como la aceptación del ‘consenso de 1992’ -por el que se reconoce que solo existe ‘una China’-, sobre el que Tsai Ing Wen ha repetido en numerosas ocasiones que no se adherirá a él, son cuestiones que determinarán el entendimiento y las relaciones comunes en el futuro.

Sin embargo, las relaciones entre China continental y la isla aparecieron en los sondeos previos a las elecciones de este mes como una preocupación menor entre los taiwaneses. Tan solo un 8,3% consideró este hecho como un problema, muy por detrás de asuntos como la “gestión política de la economía” (41%) o “los conflictos entre partidos” (32,4%), según una encuesta elaborada por la revista ‘Taiwan’s Common Wealth Magazine’.

Stéphane Curcoff apunta a las reformas educativas y a la llegada de la democracia, en los años noventa, como la principal causa de que los asuntos domésticos susciten mayor inquietud en la isla frente a las relaciones territoriales. “Las nuevas generaciones, a diferencia de las precedentes, ya no se plantean si son taiwaneses o no. Lo que tienen claro es que no son chinos y lo expresan a modo de reivindicación”, apunta.

Fuente: ElConfidencial.com

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