El 'no' de las clases altas: ricos griegos que votarán por el 'no' en el referéndum

La única seguridad de los atenienses este fin de semana es que la temperatura se mantendrá constante: hará calor, mucho calor. El barrio de Kolonaki, que ...

La única seguridad de los atenienses este fin de semana es que la temperatura se mantendrá constante: hará calor, mucho calor. El barrio de Kolonaki, que empieza en el Parlamento y se extiende hasta lindar con el anarquista de Exargia -así de esquizofrénica es esta capital- no se libra, a pesar de sus calles peatonales y sus aceras pulidas, del bochorno de las dos de la tarde. Hay lugares, sin embargo, donde los pudientes se pueden refugiar no solo de los cerca de cuarenta grados que señalan algunos termómetros, sino de la tensión entre los votantes de ambos bandos que reina en las bulliciosas avenidas y callejuelas de otros distritos.

Uno de ellos, donde buscar la sombra y un café helado, está un poco escondido y tiene un cartel mínimo: el museo numismático, bajo este tan poco atrayente nombre esconde un patio rodeado de edificios de piedra del siglo XIX con decenas de árboles y un pequeño quiosco que ejerce de bar.

Allí se concentran varias parejas y grupos de clase media-alta junto con algunos jubilados ociosos que aprovechan esta mañana de sábado para observar y leer la prensa. Muchos bien vestidos aunque sin demasiada etiqueta como fuerza un día como este. Subimos las escalinatas que llevan a las mesas y allí hablamos con un hombre de unos cincuenta años que lleva una camiseta de los Beatles. “Da igual lo que votemos, sí o no, porque la UE no quiere un acuerdo”, me cuenta mientras su amigo asiente. Él no tiene decidido, por tanto, qué va a votar. “El acuerdo presentado por el Gobierno era muy duro, era de unos 8.000 millones de euros de recorte en un año, si las instituciones no lo han aceptado es porque no quieren acordar nada”, se indiga. “Puede que ni siquiera vaya a votar, porque da igual”, insiste, aunque también critica a Tsipras: “han cometido muchos errores tácticos a la hora de negociar que ahora están pagando”. Nos despedimos entre alabanzas a su visita por España hace unos veranos.

Una manifestante porta una pegatina del 'no'. (Reuters)Una manifestante porta una pegatina del ‘no’. (Reuters)

Cerca de la entrada hablan en voz baja una pareja de mujeres de cuarenta y muchos. Una de ellas parece salida de la película El final de la escapada: pelo a lo garçon, camisa celeste, pañuelo al cuello y cigarro en ristre con postura estudiada. Hay a su lado un periódico pro ‘no’ que aparentemente han terminado de leer, así que debemos esperar la respuesta evidente: “el Gobierno tendrá una postura reforzada si votamos que no. La Unión Europea está jugando con nosotros, les damos algo pero quieren más”. “Hay mucha gente que lo está pasando mal”, nos explica, “y nosotros tenemos que ser solidarios y votar que no”. No les da miedo la salida del euro. A su lado hay un grupo nutrido de gente cercana a los sesenta que nos invitan a que nos unamos a su conversación. Es el primer ‘sí’ que encontramos, y viene del más joven de ellos. “Salir del euro sería un desastre para todos, Grecia no tendría ni para importar café”, me dice levantando ligeramente su taza, “importamos casi todo, no producimos nada”. Otro hombre más veterano, con un cierto aire al eurodiputado de Syriza Manolis Glezos, niega con la cabeza y las manos: “nos han cortado las pensiones casi un 40%”, se queja. “Y cuando tú te jubiles (le dice al primero) ya lo verás, no vas a tener para nada”. El resto, con noes y síes, no creen tampoco que la moneda única peligre.

Dos jubilados leen sendos periódicos en el otro extremos del patio. En ambas portadas se puede leer un claro “SÍ”. Así que nos acercamos esperando una respuesta de gente tan convencida, pero con un gesto con la mano despreciativo nos espantan, no quieren hablar. Tampoco han hablado mucho entre ellos mientras permanecemos allí, embebidos en la lectura.

Hay mucha gente que lo está pasando mal y nosotros tenemos que ser solidarios y votar que no, afirma una vecina del barrio

Salimos a la calle, cuesta encontrar más que turistas a estas horas, y menos distinguir extracción social por las vestimentas, en todo caso ligeras. Tras salir por las puertas de hierro forjado, a la derecha un cajero del banco del Pireo tiene una cola de unas seis o siete personas que, resignadas, esperan retirar sus 60 euros diarios. A la izquierda y cien metros más allá un limpiabotas bangladesí deja impolutas las botas de un griego, repeinado hacia atrás y con una chaqueta de marca, mientras este revisa su teléfono inteligente. “Lo siento, pero mi inglés no es muy bueno”, contesta a nuestra aproximación, excusándose. ¿Qué va a votar el domingo? “Todavía no lo he decidido”, responde para nuestra sorpresa, ya que esperábamos un ‘sí’ rotundo.

Un ‘sí’ que encontramos en contraste en un empleado de una cafetería del barrio unas calles más allá. “No me puedo imaginar la vida sin euros, no sé qué implicaciones tendría un ‘no’, pero me asusta”. Se inclina a votar por el ‘sí’ aunque, nos dice, esperará al domingo para decidirse.

Fuente: ElConfidencial.com