El planeta se enfrenta a la mayor ola migratoria desde la II Guerra Mundial

A medida que Europa se enfrenta a una grave crisis migratoria provocada por las guerras y la miseria que azotan África Occidental, Siria o Afganistán, los ...

A medida que Europa se enfrenta a una grave crisis migratoria provocada por las guerras y la miseria que azotan África Occidental, Siria o Afganistán, los más altos responsables de la Unión Europea comienzan a admitir lo obvio: el sistema para gestionar la inmigración está obsoleto.

A nivel global, el mundo asiste a un periodo de inestabilidad y conflictos que ha provocado lo que Naciones Unidas describe como la mayor oleada de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos desde la Segunda Guerra Mundial. En el Viejo Continente, los estados deben hacer frente a un número de solicitantes de asilo desconocido desde los años noventa, cuando el colapso de la Unión Soviética y la guerra en la antigua Yugoslavia provocaron migraciones masivas a Occidente, según publica The Washington Post.

Desplazados

(Fuente: The Washington Post).

Las guerras en países como Siria o Sudán del Sur elevaron el número global de personas desplazadas forzadamente de sus hogares entre 2013 y junio de 2014 hasta los 51,2 millones -dato que incluye a refugiados, desplazados internos y solicitantes de asilo, pero no a los palestinos protegidos por un mandato de la ONU-. En cuanto a los refugiados, Naciones Unidas cifra en 13 millones las personas que han huido de su país por conflictos o persecución. La mayor parte escapa a estados vecinos, devastando las frágiles economías y afectando al precario equilibrio político de países de Oriente Medio y África. Un ejemplo: en los últimos tres años, Turquía, Líbano y Jordania han acogido a un total de 2,2 millones de refugiados, la mayor parte procedentes de Siria.

Mientras la nueva crisis se agrava, “los países de Europa parecen desbordados en su tardío intento de tapar los agujeros de su sistema de asilo y contener lo que se ha convertido en una emergencia humanitaria en toda regla” cuyo escenario más trágico son las costas de Italia, señala el diario estadounidense. El rotativo subraya, además, que Roma dio por finalizada en noviembre una “costosa pero efectiva” operación de rescates marítimos (bautizada como Mare Nostrum), que fue sustituida por un “esfuerzo pan-europeo (la operación Tritón) mucho más modesto incapaz de evitar un rápido aumento en el número de muertos en el Mediterráneo”.      

Refugiados

(Fuente: The Washington Post).

Pese a todo, el problema va mucho más allá de las “desgarradoras” imágenes de naufragios y bolsas con cadáveres en los puertos de Europa, advierte el Washington Post. “A medida que se dispara la cifra de solicitantes de asilo, el sistema que Europa implementó hace décadas para asimilar, alojar y controlar a personas que huyen de la guerra y la persecución se está descomponiendo”.

Una cuestión que se revela evidente en Grecia, donde las condiciones en los centros de internamiento de inmigrantes son tan terribles que un tribunal europeo decretó que los solicitantes de asilo que huyen del país no pueden ser devueltos a territorio heleno. Asimismo, grupos defensores de los derechos humanos han denunciado graves abusos contra refugiados en Bulgaria. Y el procesamiento de las solicitudes de asilo se retrasa mucho más de los seis meses que fijan las leyes de la UE, lo que deja en un limbo legal a un número considerable de personas (según la definición de la ONU, un solicitante de asilo es alguien que asegura ser un refugiado pero que todavía no ha obtenido dicho estatus).  

Cientos de miles de solicitantes de asilo penetran a través de las porosas fronteras de Europa, para después huir de los países que son puntos de entrada (como Italia) hacia estados como Alemania. Bajo las leyes de la UE, los solicitantes de asilo están obligados a permanecer en el país de entrada mientras se procesa su solicitud. Pero, mientras el sistema colapsa, Alemania (la primera economía de Europa y a cientos de kilómetros del Mediterráneo) lucha para gestionar la mayor cifra de solicitantes de asilo en el mundo industrializado.   

Alrededor de 173.000 personas se encontraban en proceso de solicitud de asilo en Alemania en junio de 2014, según datos de Eurostat, frente a los 109.500 que lo hicieron en 2013. A mediados del pasado año, más de 121.000 personas solicitaron asilo en Estados Unidos (84.400 en 2013), 87.800 en Turquía, 75.000 en Suecia y 63.600 en Italia.   

Solicitantes de asilo

(Fuente: The Washington Post).

¿Qué hacemos con lo que quieren venir?

Ante la pregunta clave, cómo debe Europa administrar los actuales flujos migratorios, “un punto es, obviamente, la lucha contra las mafias de tráfico de personas, pero pensar que eso resuelve el problema es estar ciego. La política de la Unión Europea es eminentemente policial y restrictiva. Se entienden los flujos de poblaciones como un problema, como una amenaza, y no como un fenómeno corriente en el mundo globalizado en el que estamos. Todo ello no atiende a las causas (de dichas migraciones)”, señala a El Confidencial el economista Jesús A. Núñez Valverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

“En primer lugar, ante la pregunta de qué hacemos con las personas que ya están aquí, es un hecho que existe una discriminación clara. No se les conceden todos los derechos ni deberes de un individuo que vive en la UE. Me refiero a aspectos como igualdad de trabajo, igualdad de salario, o al derecho a participar en procesos electorales cuando lleven algún tiempo viviendo en Europa. Segundo, ¿qué haces con los que quieren venir? Debemos volver al sistema de cupos, que hayan canales transparentes, acuerdos gobierno-gobierno o gobierno-UE que permitan a esta gente venir con los papeles en regla. Y estamos hablando de personas, no de mano de obra”, añade.

Por último, ¿qué debe hacerse para actuar en el origen de estas migraciones, en los países emisores? Según el analista, condicionar nuestra ayuda o relaciones comerciales con estos gobiernos, a menudo dictatoriales, a mejoras en las condiciones básicas de sus ciudadanos. “Contando con que hemos colonizado esos países, con tenemos una responsabilidad histórica y que colaboramos con regímenes cuyo respeto por los derechos humanos deja mucho que desear, se debe condicionar nuestra ayuda (a estos gobiernos). Un ejemplo: si escolarizas a todos los menores mantendremos nuestra relación”, concluye.

Fuente: ElConfidencial.com