El polémico regreso de 'Mein Kampf': la 'biblia nazi' se podrá leer en Alemania en 2016

El 30 de abril de 1945, poco después de las 15:30, cuando Adolf Hitler se llevó a la sien derecha el discreto cañón de su Walther PPK y apretó el gatillo, empezaron a morir hechos cruelmente definitorios del siglo XX como la II Guerra Mundial, el nazismo y los campos de exterminio. Pero también empezó a contar el reloj de los derechos de autor de su libro ‘Mein Kampf’ (Mi lucha), que caducarán a finales de diciembre, tras 70 años en exclusiva en manos del estado federado de Baviera. A partir de 2016 su reedición comentada será libre, y varias editoriales han aireado su intención de publicarlo. En Alemania vuelve a sangrar la herida que nunca se cierra.

Hasta ahora había sido sencillo. El Gobierno del Land de Baviera se había negado a permitir que nadie publicase en Alemania el ‘Mein Kampf’. No hacía falta ilegalizar su reimpresión, igual que estaba prohibida la venta o exhibición pública de la parafernalia nacionalsocialista, empezando por la esvástica. Tan solo bastaba sentarse sobre los derechos de autor y mirar hacia otro lado.

Ahora, las cosas han cambiado. El bloqueo tácito ya no vale y algunas instituciones y editoriales han empezado a mostrar interés por el libro. El Instituto de Historia Contemporánea (IfZ) de Múnich está preparando una edición que verá la luz el 4 de enero de 2016. Se trata de una obra profusamente comentada que dispara el ya de por sí extenso texto de Hitler -de 780 páginas- hasta las 1.900. En total, más de 3.700 notas al pie de expertos y una introducción de más de 100 páginas. El objetivo es desmontar con hechos, contexto y argumentos las falsedades, medias verdades y contradicciones escritas por el líder nazi (así como indicar lo que es objetivamente cierto) y contribuir a la formación política del país que le aupó al poder y le padeció durante más de una década.

La cuestión, en una Alemania donde no decae la sensibilidad sobre su culpabilidad colectiva por la II Guerra Mundial y el Holocausto, está generando una intensa polémica. Eso a pesar de que las versiones no comentadas seguirán prohibidas. Como explica Barbara Zehnpfennig, experta en Totalitarismos de la Universidad de Passau, el debate reabre “muchos miedos”.

Por un lado están sus detractores, de colectivos judíos a grupos conservadores y de izquierdas, que advierten de los riesgos de permitir la difusión de su apología del odio y la xenofobia. Del otro, quienes acogen positivamente una medida que consideran proactiva e inteligente, al anticiparse a la difusión del texto de Hitler por otras iniciativas con distintos intereses.

Una prohibición mitificadora

El periodista Sven Felix Kellerhoff, experto en la figura de Adolf Hitler, considera que la prohibición ‘de facto’ del libro ha contribuido a “mitificarlo”. A su juicio, lo mejor es difundir una versión de ‘Mein Kampf’ comentada por expertos y con fines educativos. El presidente del IfZ, Andreas Wirsching, considera asimismo que una prohibición no tiene sentido ni desde el punto de vista de la “política de símbolos”.

De la misma opinión es el historiador Matthias Kessler, que asegura haberse leído “página por página por página” la obra original, que califica como el libro más famoso y menos leído de la historia. “Prohibir el libro sería hacerlo aún más interesante. Es mucho mejor saber lo que hay dentro y poder actuar en su contra”, argumenta.

La comunidad judía en Alemania, sin embargo, cree que la nueva edición supone abrir la caja de Pandora y aboga por prohibir su publicación. La obra es peligrosa y, comentada de una u otra forma, contiene el texto original y sirve al objetivo final de la propagación del odio.

Otros, como la exministra de Justicia Herta Däubler-Gmelin Beruhigt, han llegado a señalar que, aunque la publicación quede desbloqueada, la reedición de ‘Mein Kampf’ podría ser perseguida judicialmente, ya que la obra de Hitler defiende el odio y la violencia de motivación xenófoba, algo contemplado con pena de cárcel según el artículo 130 del Código Penal alemán. “Quien difunda el libro del odio de Hitler entra claramente en esta categoría penal”, asegura Däubler-Gmelin en declaraciones a la revista ‘Vorwaerts’. En su opinión, sería una bofetada para los millones de asesinados y sus familiares.

El IfZ, especializado en el Tercer Reich, lleva años difundiendo discursos anotados de Hitler dentro de su labor divulgativa, pero nunca se había atrevido con la denominada ‘biblia del nacionalsocialismo’. Hasta que la iniciativa dentro de la institución comenzó a cristalizar a mediados de la década pasada, y un equipo de expertos con ocho editores a la cabeza se puso manos a la obra.

En 2012, el propio Land de Baviera se ofreció a financiar con 500.000 euros la reedición comentada, pero la oferta duró poco. Una vez hecha pública, le llovieron las críticas al Ejecutivo en Múnich, dominado por los conservadores católicos bávaros, y tuvo que dar marcha atrás. Especialmente por los supervivientes del Holocausto y el Gobierno israelí. Baviera llegó en 2013 a un acuerdo con el IfZ para canalizar la ayuda comprometida hacia otras partidas y que los estudiosos del nacionalsocialismo sufragasen su versión del texto de Hitler del presupuesto general. “No puedo pedir la prohibición del [partido neonazi] NPD y al mismo tiempo usar el emblema del estado [federado] para la difusión de ‘Mein Kampf”, dijo entonces para justificarse el jefe del Gobierno bávaro, Horst Seehofer.

Las primeras ediciones, legales

La cuestión de la difusión de esta obra, sin embargo, no es nueva. Quien hasta ahora se había esforzado en Alemania por conseguir una copia del libro de Hitler, lo había conseguido. En el mercado negro, en el circuito especializado y de segunda mano o, en los últimos años, a través de internet (también es posible encontrarlo en español). De hecho, la compra, venta o posesión de los 12,5 millones de ejemplares que se comercializaron en Alemania hasta 1945 no están penadas. La clave ahora, según los más escépticos con la reedición de ‘Mein Kampf’, es el alcance que puede tener su difusión.

Hitler escribió su obra -cuyo título original era ‘Cuatro años y medio de lucha contra las mentiras, la estupidez y la cobardía’- en la cárcel, en donde estuvo condenado por un delito de traición tras el frustrado golpe deEestado de la cervecería en Múnich en 1923. El texto, de pesada lectura, mezcla pasajes autobiográficos y argumentaciones ideológicas empapadas de violencia y tergiversadas por el odio, cargando contra los extranjeros y especialmente contra los judíos.

El fin del bloqueo ‘de facto’ de su publicación llega además en un momento convulso a nivel social en Alemania. La llegada masiva de refugiados políticos e inmigrantes económicos al país está polarizando a la población. Hasta finales de octubre se había registrado la entrada de unos 900.000 en el país, y aunque ya no se divulgan estimaciones oficiales, se podría cerrar el año por encima del millón. Esto supondría alrededor del 1% de la población. En tan solo un año.

Así, mientras muchos han acudido a centros de refugiados a donar ropa y juguetes o a ayudar acondicionando locales y dando clases gratuitas de alemán a niños y adultos, otros no han dudado en mostrar su rechazo frontal a los extranjeros. En lo que va de año, se han registrado unos 600 delitos de carácter xenófobo contra centros de acogida, de los que más de 60 fueron ataques incendiarios.

Además, la ultraderecha política -aunque sigue siendo minoritaria- está en plena ebullición. El movimiento xenófobo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) está recuperando fuerza en las últimas semanas y congregando a miles de personas en sus marchas de los lunes en Dresde. Su principal objetivo ahora es cargar contra los refugiados y el Gobierno alemán, por permitir su llegada. Asimismo, el sector más conservador del partido de nuevo cuño Alternativa para Alemania (AfD) se ha hecho con las riendas de la formación, echando literalmente a las familias liberales y euroescépticas. Las últimas encuestas le dan hasta un 10% de intención de voto, algo inédito para un partido tan escorado a la derecha.

En este contexto, algunos creen percibir un caldo de cultivo propicio para mensajes de odio similares a los pronunciados por Hitler, que escribió: “Sin el reconocimiento más claro del problema racial y, con él, de la cuestión judía, no habrá surgimiento de la nación alemana“. Y temen que, de permitirse su libre difusión, puedan volver a calar en ciertos sectores de la sociedad. El debate está servido.

Fuente: ElConfidencial.com