El problema de Zidane es tener una plantilla llena de alternativas en ataque

23.02.2017 – 19:26 H. Los entrenadores rivales suelen decir que les gustaría estar en la posición de Zinedine Zidane en la toma de decisiones. Puestos a ...
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23.02.201719:26 H.

Los entrenadores rivales suelen decir que les gustaría estar en la posición de Zinedine Zidane en la toma de decisiones. Puestos a elegir, mejor la abundancia del Real Madrid que la escasez a la que tienen que hacer frente casi todos los demás equipos. Donde los conjuntos de mitad de tabla, no digamos ya los que coquetean con el descenso, tienen problemas para encontrar once hombres que les acerquen a la victoria, el técnico francés se encuentra un repertorio amplísimo de nombres para afrontar cualquier eventualidad.

Eso es, en principio, una situación soñada. Lo sería sin duda si los jugadores fueran robots, no tuviesen ambiciones ni agenda propia. No es el caso. Ser entrenador del Real Madrid -o, para el caso, del Barcelona– no es más o menos difícil que serlo de cualquier otro equipo. Lo que sí es, y mucho, es diferente. Casi profesiones distintas, aunque los rudimentos sean los mismos, la casuística no tiene nada en común.

El Confidencial

El entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, se ha mostrado este martes comprensible con las palabras de Isco sobre su situación en el equipo.

Con la vuelta de Bale la plantilla, en lo que al ataque se refiere, vuelve a estar completa. El técnico tiene, en principio, seis nombres entre el medio del campo y la delantera que no parece dispuesto a tocar. Hay entrenadores que rotan de inicio, Zidane no es uno de ellos. Él identifica claramente a Kroos, Modric, Casemiro, Cristiano, Bale y Benzema como sus titulares. El resto tienen que pelearse por cubrir sus ausencias y entrar en el terreno de juego en las segundas partes. Y no es que haya pocos, tanto por calidad como por versatilidad.

Está Isco, genio en el juego entre líneas y el último pase, un jugador capaz de hacer bailar al equipo. También James, jugador de enorme talento que, además, tiene mucho gol. Y Morata, estrella en la Juventus, suplente en el Real Madrid, delantero titular de la selección española. Lucas Vázquez, que aporta al equipo velocidad y desborde por banda. Kovacic, sustituto natural de Kroos y Modric, capaz, como ha demostrado de fortificar el medio del campo y pasar líneas de presión conduciendo el balón. Asensio, que ha desaparecido del estadillo de Zidane, una de las grandes esperanzas del club. Incluso Mariano, que ha demostrado sobradamente que cuando él entra en el campo hay un derroche de intensidad y olfato goleador.

Las opciones de Zidane en Valencia

Siete jugadores que, a buen seguro, serían titularísimos en casi cualquier club del mundo. En el partido del miércoles, cuando el Valencia se impuso al Madrid, el técnico miró al banquillo para ver quiénes podía entrar. Se encontró, una vez más, con un abanico de opciones casi ilimitado, pues sentados tenía jugadores con velocidad, pase, regate, disparo, gol… la pega, claro, es que solo pueden entrar tres. Dos si, como en este caso, una eventualidad obliga a sustituir a un defensa.

Los resultados, por el momento, salen. El Real Madrid es líder en la Liga Santander, un punto por encima del Barcelona y con un partido menos disputado. Está en Champions y el resultado de la ida contra el Nápoles, 3-1, invita al optimismo blanco. La Copa no se ganará, pero tampoco era el objetivo prioritario del club. La posición es buena, aunque queda mucho por jugarse. Las ligas, ya se sabe, no se ganan ni en noviembre ni en febrero.

Morata e Isco en el banquillo (EFE)Morata e Isco en el banquillo (EFE)

Las quejas de quien no juega

La gestión de la plantilla tiene dos vertientes, el físico y el estado de ánimo. El segundo, por volatil, es el más complicado. Isco, por ejemplo, salió la semana pasada a decir que tiene que sopesar bien su futuro. “Me preocupa tener minutos, la carrera de un jugador es corta”, decía el malagueño. El caso es que, de los suplentes en la línea de ataque, solamente Lucas Vázquez y Kovacic han jugado más minutos. Ambos, además, se emplean en posiciones algo diferentes en el campo a las de Isco que, por ejemplo, han jugado Asensio o James.

También más que Morata, que es el delantero centro suplente y se ve con menos tiempo de juego del que él imaginaba cuando aterrizó en Barajas. Hace unos días, antes de la eliminatoria contra el Nápoles, habló con el Correre della Sera. “Estoy feliz y quiero triunfar en el Madrid, pero también es cierto que me gustaría jugar más. Ahora tenemos que tratar de ganar la Liga y la Champions, después ya veremos si el entrenador apuesta por mí o no”, explicaba el ariete de pasado juventino.

Algo similar le ocurrió a James que, tras el Mundial de clubes, dijo no poder asegurar si en el futuro seguiría vistiendo de blanco. Sus declaraciones, altisonantes, sorprendieron más al ser expuestas en un clima de celebración. No en vano, el Madrid acababa de ganar un título unos minutos antes. Semanas después, al verse titular contra el Nápoles, un partido de campanillas, cambió el discurso. Sus dudas, ahora, se conjugan en pasado.

Antonio Sanz

Su estancia en el Real Madrid ha estado llena de altibajos. Se quedó en invierno en el equipo y parece haber retomado el buen fútbol y la confianza de su técnico, Zinedine Zidane

Este carrusel de emociones no es cosa del colombiano sino un punto común de casi todos los jugadores de la más alta élite, especie a la que pertenece la plantilla del Real Madrid casi al completo. Están acostumbrados desde la infancia a ser destacados, a tener un espacio importante en sus equipos y ser estrellas. Por eso terminaron en el club de Chamartín, porque son muy buenos. También por eso les cuesta más entender que se jueguen partidos y ellos no participen. Es la falta de costumbre.

Y eso que, esta temporada, no hay Mundial ni Eurocopa. La presencia de un gran torneo al final del calendario es, tradicionalmente, un motivo para poner nerviosos a los artistas, que creen que desde el banquillo no encontrarán billetes para ir a la selección. En esto también hay diferencias, donde James sabe que tiene el sitio asegurado salvo cataclismo, Isco, Morata o Lucas ven una competencia notable que puede llevarles a ver el fútbol en la tele. Ellos tienen que ganárselo, y para ello, necesitan jugar. Esa urgencia, de todos modos, aún no ha llegado. Queda suficiente tiempo para el Mundial de Rusia como para que empiecen a ponerse nerviosos.

Jesús Garrido

En un mes pleno de compromisos determinantes, Zidane tiró de rotaciones para refrescar a la plantilla y el resultado no pudo ser más positivo: victoria sin desgaste y vuelta triunfal de Bale

Zidane va ganando. Es innegable. Llegó a un cenagal en el que todo eran malos presentimientos e hizo de eso mismo un equipo campeón de Europa. Lo consiguió hablando el mismo idioma de los futbolistas, lo cual no es extraño, esa es casi su lengua materna. Él también sabe lo que supone para un jugador no tener minutos y el especial cariño que se requiere en esas situaciones. No les iba a enseñar a jugar al fútbol -como, de hecho, intentó Beítez- pues da por descontado que cuando eres parte de la primera plantilla del Real Madrid eso ya se tiene aprendido.

Su éxito se medirá en resultados, siempre es así, y su camino hasta él vendrá aparejado a la gestión de minutos que haga de la plantilla. Ahora que ha vuelto Bale, un jugador explosivo y colosal, el reparto es aún más complicado. Tener contentos a todos, o a la mayoría, no deja de ser un reto. ¿Es más fácil entrenar al Real Madrid? Es un oficio diferente.

Fuente: ElConfidencial – Deportes