El referéndum parte a los griegos por medio

Las encuestas muestran un país partido por la mitad. Y las calles son un reflejo de lo mismo. Por un lado, los defensores del “sí” a Bruselas y ...
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Las encuestas muestran un país partido por la mitad. Y las calles son un reflejo de lo mismo. Por un lado, los defensores del “sí” a Bruselas y a los acreedores. Por otro, los partidarios de arropar a su primer ministro, Alexis Tsipras, quienes apoyan el pulso del “no” y dicen estar preparados para asumir las consecuencias. A escasos metros unos de otros, en el centro de Atenas, con los templos iluminados otorgando dramatismo, se manifestaron ayer las “dos Grecias”, una fractura que se agrava por minutos y que divide a la nación en dos grupos cada vez más definidos.

Desde las tres calles en las que se bifurca la plaza Syntagma de Atenas, frente al Parlamento, apenas se podía ver a Tsipras, ni siquiera en las pantallas gigantes instaladas al efecto. Alrededor, las tiendas se llenaban de manifestantes que acudían a reponer fuerzas. Los turistas, asombrados, eran parte del mobiliario. Se escuchaba la cadencia de la voz del líder de Syriza a través de las decenas de altavoces, solo interrumpidos por un cántico, ‘OXI’ (no), que los miles de personas presentes, una ola impresionante de griegos, repetían al unísono.

Aplaudían, silbaban, bebían las palabra de Tsipras. Sin diferencia de edad o extracción social: jóvenes universitarios, mayores desempleados, jubilados… todos con la pegatina circular con una equis (letra jí) bien visible, la que se ha convertido en el símbolo de los que rechazan la pregunta del referéndum del domingo. Según la policía eran más de 25.000.

El referéndum parte a los griegos por medio

 

Oficialmente la pregunta incluye las propuestas de la Troika, las que presentó el 25 de junio y que, en realidad, ya no están sobre la mesa. Para los partidarios del “no” no suponen un problema, porque nadie en esta manifestación cree que esa sea la cuestión de fondo. Para ellos lo que se de debate es el futuro de unas políticas de austeridad que en Grecia duran ya 7 años. Y ante las que van a votar que “no”, que no quieren seguir sufriéndolas.

A escasos metros de allí, donde se escenificaba el “sí”, el ambiente era bien distinto. Unas 17.000 personas (siempre según recuentos oficiales) remaban en sentido contrario. Tres señoras perfumadas guardaban fila en una elegante pastelería engullida por una concentración ordenada, con menos tensión que una partida de brisca.

En la solapa, adheridas con cuidado, llevan pegatinas del “Nai” (Sí), que es lo que piensan votar este domingo en el crucial referéndum griego. “Sí a la Unión Europea, al euro y a la democracia”, explicaban ya fuera, formando un corrito, a distancia prudencial del escenario y del brazo de sus respectivos maridos.

El testimonio se repetía, sin gran despliegue de matices: “Este referéndum es para saber si queremos seguir siendo parte de la Unión Europea o si, por el contrario, queremos irnos. Y creo que dejar la UE es un suicidio y que lamentaremos las consecuencias si lo hacemos”, argumentaba Maro.

El referéndum parte a los griegos por medio

Los altavoces pedían la dimisión de Tsipras sin elevar el tono más de lo estrictamente necesario. Dos agentes antidisturbios, con corazas de Robocop y peinados a cepillo, ayudaban a una madre con el carrito de su bebé. Por instantes parecía un domingo de verano en una capital de provincias más que un acto político en la capital más convulsa de Europa.

“No es una manifestación politizada, en el sentido de que aquí no hay partidos políticos detrás. De hecho, muchos sabemos que la culpa (de lo que le pasa a Grecia) es de los viejos partidos políticos”, dice Georges, abogado de unos 40 años, que se preara un cigarrillo de liar con una mano y dice haber perdido un 30 por ciento de poder adquisitivo desde que empezó la crisis.

“Aquí los que estamos somos en su mayoría profesionales, clase media, con estudios universitarios, gente formada, emprendedores, sector privado, gente que ha viajado y trabaja en multinacionales. Si te vas a la plaza Syntagma encontrarás desempleados, funcionarios, clases bajas y gente muy joven”, continuaba Georges.

De vuelta a Syntagma

De camino a la “otra Grecia”, nos topamos con el dispositivo especial levantado por la Policía: las calles están cortadas incluso para los peatones, una manera de intentar que las tensiones que se han repetido en los últimos días en Atenas no se traduzcan en enfrentamientos. Pero la de Syntagma era una fiesta de euforia, en la que nadie parece pensar que el domingo puedan perder.

Encontramos a una joven cretense que ha venido con dos amigas. “No creemos que haya riesgo de salir del euro, la verdad, no creo que tenga nada que ver con eso la votación”, nos dice. Su amiga, curiosamente, es votante del ‘sí’ y ha venido a acompañarla: “En mi familia muchos votan que no porque no tienen a nada a lo que agarrarse; y esto les da esperanza”.

Partidarios del 'no' en el referéndum de este domingo. (EFE)Partidarios del ‘no’ en el referéndum de este domingo. (EFE)

El ambiente de euforia no solamente se nutre de seguidores de Syriza. También están los del partido nacionalista ANEL, que ondean su bandera con orgullo aunque rechazaron hablar con este periódico. Los hay, contados, de Amanecer Dorado, que se mantienen discretos bajo la aparente normalidad de la bandera helena, pero a los que su vestimenta delata. Evidentemente no les gusta que nos identifiquemos como prensa.

“La deuda que tenemos es impagable, por eso voy a votar”, nos cuenta un señor en la cincuentena. “No tenemos miedo a salir del euro porque el Gobierno ha dicho que eso no va a pasar”, añade, sin aclarar si está dispuesto a asumir el riesgo de una posible salida del euro. “No quiero contestar a esa pregunta porque no quiero hablar de cosas que no están sobre la mesa”, resuelve, circunspecto.

Tensiones mal resueltas

Ayer, a apenas 48 horas del referéndum, la tensión era más que patente en la capital griega, una jungla urbana de 5 millones de habitantes. Una joven de menos de veinte años, aparentemente tranquila, la toma con un cartel del OXI, que arranca con dificultad de un poste. Varios activistas la increpan, uno de ellos da un paso más y la zarandea, amenazándola con hacer que se coma el cartel. Un equipo de una televisión holandesa sale de su letargo bajo el duro sol para retratar la escena.

En estos últimos días antes de la votación, el metro es gratis y va hasta la bandera. La línea tres pasa por dos estaciones de metro que simbolizan los dos extremos: Evangelismos (cerca de donde se manifiestan los partidarios de votar “sí”) y Syntagma (fin del trayecto para los del “no”). Durante el viaje la gente se mira con desconfianza y nadie porta emblemas visibles. ¿Dónde irá el vecino? ¿A cuál de las dos Grecias pertenece? Cuando el vagón llega Evangelismos, parte del pasaje desciende y el resto mira con desprecio. “Los que se bajan aquí van todos a Kalimármaro”, dice uno. “No necesariamente”, le responde otro con sorna.

Fuente: ElConfidencial.com