El 'tsunami' del ladrillo brasileño se ceba con el empleo

“Siempre quise encontrar un trabajo antes de acabar la carrera. Una vez licenciado, es mucho más difícil ser contratado como ingeniero. Por eso me esforcé ...

“Siempre quise encontrar un trabajo antes de acabar la carrera. Una vez licenciado, es mucho más difícil ser contratado como ingeniero. Por eso me esforcé durante cuatro años, al mismo tiempo que estudiaba. Quería hacer carrera dentro de mi empresa. No pudo ser. Han preferido prescindir de mí hace dos meses. A finales de junio acabo los estudios y seré otro licenciado en Ingeniería en el paro”, cuenta João Paulo Campos, de 24 años.

Este técnico de Río de Janeiro trabajaba en Odebrecht, una de las principales constructoras del país. Entró en 2011 como becario y dos años después fue contratado como asistente de obra en el área de planificación civil. Todo iba viento en popa hasta que fue despedido, a principios de abril. “Enseguida me puse a buscar otro empleo, pero lo que estoy encontrando está muy mal pagado o muy lejos de mi casa”, explica a El Confidencial João Paulo, que estaba ganando 2.350 reales (690 euros), “un sueldo adecuado para mis funciones”.

Él atribuye su despido a la crisis que desde el año pasado sacude la economía de este país del grupo de los BRIC. “Están echando hasta a los ingenieros. La cosa está fea”, asegura lacónico. Entre febrero y abril de este año se han producido 415.000 despidos, muchos de ellos en sectores ligados directa o indirectamente a la construcción. El año pasado, la construcción civil perdió más de 110.000 puestos de trabajo formales y experimentó una contracción por primera vez desde 2003. También es la primera vez en once años que el número de despidos supera las contrataciones. Si la construcción es el termómetro de las crisis, los economistas ya pueden empezar a medir la fiebre al paciente brasileño.

“El sector de la construcción, después de un largo período de boom, está pasando por una fuerte desaceleración. La caída en las ventas se ha acentuado desde el año pasado, cuando el sector empezó a despedir. A esto hay que añadir otro factor, la crisis de Petrobras, que tiene varios contratos con constructoras, lo que está afectando fuertemente el sector. En el primer cuatrimestre de 2015 hubo 76.234 despidos, un dato muy distante del mismo periodo de 2014, cuando se crearon 72.322 puestos de trabajo”, señala Rodrigo Leandro de Moura, profesor e investigador de la Fundación Getúlio Vargas, un centro de estudios asociado al Instituto Brasileño de Economía.

Obreros trabajan en el tunel Transolímpica, en Río de Janeiro, el 16 de septiembre de 2014 (Reuters).Obreros trabajan en el tunel Transolímpica, en Río de Janeiro, el 16 de septiembre de 2014 (Reuters).

La crisis del ladrillo no está cortando cabezas sólo entre los obreros más o menos cualificados, como ocurrió en el último semestre en la obra del Comperj, el complejo petroquímico que Petrobras construye en la región de Río de Janeiro y que llegó a ser la mayor obra de Brasil. Todas las profesiones ligadas a la construcción, desde arquitectos e ingenieros, pasando por técnicos de planificación o comerciales, se han visto afectadas por este tsunami, que se está llevando por delante decenas de miles de empleos.

Es el caso de Jacqueline de Freitas. A sus 28 años, va a ser despedida a finales de junio. “Mi empresa no está recibiendo los pagos del Gobierno y ha empezado a echar a gente”, relata. Jaqueline trabaja en una constructora que ejecuta una obra para la Marina brasileña. “Estoy en la base naval de Itaguaí, en los astilleros que construyen submarinos, tanto nucleares como convencionales”, cuenta. Su especialidad es el área comercial, para la que se necesitan conocimientos técnicos. “Tengo que saber qué tipo de servicios ejecutamos para poder cobrar a los clientes de la forma correcta”, explica.

“Sabía que me despedirían, pero no tan pronto”

Esta técnica en construcción civil, que también está estudiando Ingeniería, trabajó en Odebrecht durante 5 años. Estaba esperando su despido desde hace un año. “Sabía que iba a perder el trabajo por la recesión. Lo que no esperaba es que fuese tan pronto. El mes que viene tendré que someterme a una operación de reducción de estómago y no es el mejor momento para quedarme en el paro”, reconoce.

Su suerte es que no paga alquiler y que su marido tiene un sueldo de ingeniero. Por esta razón, Jaqueline podrá pasar los próximos seis meses centrada en su carrera universitaria y ocupándose de su hijo de tres años. En ese tiempo, recibirá un subsidio de desempleo de 1.300 reales (374 euros), frente a los 4.000 reales (1.150 euros) que ganaba antes. Eso sí, tendrá que cambiarse a una universidad más barata y buscar para su hijo una guardería a tiempo parcial.

Trabajadores de la construcción descansan a la sombra cerca del estadio Dunas Arena (Reuters).Trabajadores de la construcción descansan a la sombra cerca del estadio Dunas Arena (Reuters).

La crisis de la sexta economía del mundo se refleja también en el PIB. En la actualidad , Brasil sólo está por delante de Rusia y de Ucrania, según datos de Austin Rating. La caída del PIB brasileño del 1,6 % en el primer trimestre de este año respecto al mismo periodo de 2014 y un descenso del 0,2 % respecto al trimestre anterior colocan a Brasil en el puesto 31 en un ranking de 33 países.

En cuanto a la construcción, es un sector que fue muy importante para el crecimiento económico del país, especialmente en la última década. Creció gracias al incremento de los ingresos de las familias y a un mayor acceso al crédito. Los macroeventos deportivos como el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos también contribuyeron a generar empleos temporales. “Sin embargo, pasado el Mundial, constatamos que su legado para la economía está muy por debajo de lo esperado. Las obras olímpicas favorecen la creación de empleo tan sólo en Río de Janeiro, y en menor medida de lo que imaginábamos”, matiza Leandro de Moura.

¿Un ciclo económico similar al de España?

La economía brasileña también se está resintiendo del efecto boomerang de los programas asistencialistas inaugurados en la era de Lula da Silva, como el Minha Casa, Minha Vida o el PAC, creados con el fin de favorecer el acceso a la vivienda a los grupos sociales más desfavorecidos. “Estos programas fueron importantes para generar empleo en la construcción. Sin embargo, la dependencia de las empresas de estos programas ha generado el efecto inverso. El necesario reajuste fiscal promovido por el equipo económico del Gobierno ha provocado una reducción significativa de los fondos destinados a estos programas, lo que acaba afectando negativamente al sector”, explica el economista de la Fundación Getúlio Vargas.

¿Estamos ante un ciclo económico parecido al de España? ¿El rodillo del ladrillo también se ensañará con Brasil? ¿La burbuja está a punto de explotar, con todo lo que conllevaría? “No creo que haya una burbuja, pero es cierto que los precios de los inmuebles deben ser reajustados en los próximos años, algo que en realidad ya está aconteciendo. Por otra parte, nuestro mercado de crédito no está tan desarrollado. Y más importante: buena parte de las hipotecas son prefijadas y, por lo tanto, menos susceptibles a los movimientos del tipo de interés”, afirma Leandro de Moura.

El crédito inmobiliario en Brasil está en niveles muy inferiores a los europeos. En 2013, apenas alcanzaba el 7,8% del PIB, un porcentaje muy distante del 65% de España en este mismo año. Además, el frenazo a la hipotecas, impulsado por el segundo Gobierno de Dilma Rousseff con el endurecimiento de los requisitos, está ayudando a redimensionar la posible burbuja. De hecho, en el primer trimestre de 2015 el precio de los inmuebles ha caído de media un 3%. La perspectiva para 2015 y 2016 no es halagüeña, pero tampoco es catastrófica. “Mientras la economía no vuelva a crecer y el desempleo no baje, hasta que las rentas de las familias no suban, la crisis del sector debe continuar. La perspectiva es que la economía se recupere muy poco el año que viene, es decir, no debería crecer más que el 1%. Por eso, el sector seguirá a la baja y perderá peso respecto al PIB”, resume el especialista de la Fundación Getúlio Vargas.

A pesar de todo, Jaqueline y João Paulo miran al futuro con esperanza. “Las cosas mejorarán de aquí a un tiempo. Estoy motivado. Ya estoy mandando currículos en otros Estados del país. Si tengo que salir de Río de Janeiro, lo haré si dudas”, asegura João Paulo. “Yo me he mentalizado de que hasta el año que viene difícilmente encontraré un trabajo. Si encontrase algo ahora, sería por mitad de mi antiguo salario y con más responsabilidades”, dice Jaqueline.

Pase lo que pase, nada va a ser como antes. “Estoy segura de que esta crisis va a pasar, pero la construcción civil no va a volver a ser lo que era. Aquí hubo los Mundiales y las obras olímpicas. Sí creo que a la larga voy a encontrar trabajo, pero también soy consciente de que no voy a ganar lo mismo”, concluye Jaqueline.

Fuente: ElConfidencial.com