Elecciones en Reino Unido: el monstruo del déficit domina la campaña electoral

Tony Blair consiguió convertirse en primer ministro británico en 1997 con la célebre frase: “Pregúntame las tres prioridades para mi gobierno y te diré: ...

Tony Blair consiguió convertirse en primer ministro británico en 1997 con la célebre frase: “Pregúntame las tres prioridades para mi gobierno y te diré: educación, educación, educación”. Con David Cameron la expresión habría sido: “Déficit, déficit, déficit”. En 2010, nada más poner un pie en Downing Street, el líder tory manifestó que su objetivo era eliminar el déficit al final de su mandato. Sólo ha sido posible reducirlo a la mitad. Pero ahora vuelve con la misma promesa como protagonista indiscutible de la campaña con la que busca ser reelegido en las elecciones que celebrará Reino Unido el próximo 7 de mayo.

El déficit se ha convertido en una auténtica obsesión, un monstruo. Y ya no sólo para los conservadores, sino también para los laboristas. Eso sí, mientras que los tories buscan un superávit para el último año de la próxima legislatura, la oposición quiere eliminarlo de una manera más pausada.

Por lo tanto, a la hora de depositar la papeleta este jueves, los británicos deberán elegir entre una hoja de ruta centrada en reequilibrar las arcas públicas en los próximos cinco años (a pesar de la mella que la austeridad pueda dejar en los servicios públicos) o un plan de recortes menos drásticos (con el riesgo implícito que conlleva acumular mayor deuda por más tiempo).

Sin embargo, la clave es analizar hasta qué punto eliminando el déficit se consigue una economía sana. David Spencer, profesor de Economía y Políticas de la Universidad de Leeds, explica a El Confidencial que “los déficit presupuestarios han sido de siempre un componente habitual del modelo de crecimiento de Reino Unido”. “Cuando tanto el sector público como el privado se ven obligados a ahorrar y el país pasa a ser principalmente un modelo que importa, el Gobierno está obligado a gastar y a permitir un déficit, o de lo contrario la economía se contraería dramáticamente”, señala.

“En consecuencia, si se quiere evitar un colapso, una reducción del déficit acelerada conlleva, necesariamente, una caída de las importaciones y un aumento del gasto y de la inversión privada. No se pueden afrontar recortes arbitrarios para acabar con el déficit presupuestario sin poner en riesgo la recuperación. Esta realidad básica ha sido obviada por el Gobierno de coalición”, añade. Según el académico, irónicamente no fue hasta que el ministro de Economía, George Osborne, dejó de ceñirse a su plan inicial, “cuando se empezó a notar el crecimiento”.

Miliband habla con trabajadores de David Brown Gear Systems' durante una visita a una fábrica de Huddersfield (Reuters).Miliband habla con trabajadores de David Brown Gear Systems’ durante una visita a una fábrica de Huddersfield (Reuters).

El desolador escenario que se encontró Cameron

En efecto, el programa económico llevado a cabo por el Ejecutivo de Cameron se divide en dos etapas. Cuando conservadores y liberal demócratas llegaron al poder, el escenario que se encontraron a su llegada al número 10 fue desolador. El Estado estaba tomando prestada una libra por cada cuatro que gastaba, una situación que no se había vivido desde la II Guerra Mundial. La deuda ascendía al 76,39% del PIB.

Pero los laboristas, que habían gobernado durante trece años, no tenían toda la culpa. La crisis de 2008 había metido al Reino Unido en la peor recesión desde que existen registros, y el entones premier Gordon Brown tuvo que llevar a cabo un rescate financiero que superó los 850.000 millones de libras parar hacer frente al problema de liquidez de la banca.

Durante los dos primeros años del Gobierno de coalición, Osborne estuvo tan cegado con reducir el déficit que no reconocía que aquello estaba afectando a la evolución del PIB. Hasta cien influyentes economistas llegaron a firmar una carta en el Financial Times advirtiendo que la prioridad debía ser la recuperación del crecimiento.

Pero no fue hasta febrero de 2013 –cuando la agencia de calificación Moody’s retiró al Reino Unido la triple A– cuando el Ejecutivo vio realmente que necesitaba un “plan B”. Fue entonces cuando se amplió hasta 2018 la fecha para reducir el déficit y también se estiró el calendario hasta 2020 para rebajar la deuda en proporción al PIB.

David Cameron habla con trabajadores de Bae Systems durante una visita a Preston (Reuters).David Cameron habla con trabajadores de Bae Systems durante una visita a Preston (Reuters).

Brotes verdes que no ven los ciudadanos

Por lo tanto, sólo a partir de la segunda mitad de la legislatura, ha sido cuando han empezado a notarse los brotes verdes. Cameron presume ahora en campaña de que la economía británica ha crecido más que las de ningún otro país del G7 y se enorgullece de haber creado más de dos millones de empleos. El paro ha descendido hasta el 5,6%, el mismo nivel que antes de la crisis. En 2010, la tasa era del 8%.

El primer ministro ha pedido al electorado que le dé la oportunidad de terminar el trabajo que ha empezado. Pero lo cierto es que no es oro todo lo que reluce. De hecho, el Reino Unido ha comenzado el año con el crecimiento más débil desde que el país estuvo al borde de una triple recesión. Según el último informe de la Oficina Nacional de Estadística, la economía británica creció sólo un 0,3 % en el primer trimestre, comparado con el 0,6% del trimestre anterior. El dato es inferior al esperado y representa el más débil desde finales de 2012. El PIB experimentó un crecimiento interanual del 2,4%.

Un importante sondeo del Centro de Macroeconomía muestra que dos tercios de los analistas de referencia consultados en instituciones clave como la Universidad de Cambridge, el Banco de Inglaterra o el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, discrepan, o discrepan notablemente, de la afirmación de que la austeridad ha resultado positiva para el Reino Unido.

Las cifras desde luego apenas tienen consecuencias en el bolsillo de los ciudadanos. Según el Instituto de Estudios Fiscales, la media de los ingresos netos de cada hogar es casi un 2% más baja de lo que era en 2010.

Un cartel anuncia puestos de trabajo a la puertas de una ETT en Londres (Reuters). Un cartel anuncia puestos de trabajo a la puertas de una ETT en Londres (Reuters).

Más recortes en una economía “insostenible”

Donde más se ha notado el gran cambio en la distribución de la riqueza ha sido en lo referente a la edad. Los jubilados son los únicos que han mejorado su nivel de vida durante estos últimos cinco años. Los británicos entre 31 y 59 años han sufrido una caída de alrededor de 11% en sus ingresos. Para los menores de 30, esta ha sido del 20%.

En cuanto a la situación laboral, Spencer señala que se vive el mismo cuadro de contrastes. “Por un lado, la tasa de empleo ha alcanzado un nivel récord. El desempleo también ha caído a los niveles anteriores a la crisis. Pero los trabajos están en los sectores peores pagados, donde priman los llamados ‘contratos de cero horas’”. Si en 2010 había 697.000 personas en esta situación, en agosto de 2014 la figura ascendía a 1,8 millones. Por otra parte, los sueldos han disminuido en casi un 10% desde 2008 y esto ha tenido repercusiones en la recaudación de impuestos, sobre todo en el de la renta.

A juicio de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria –organismo público no departamental creado por el Ejecutivo en 2010 para proporcionar previsiones económicas independientes–, esto supondrá, al menos, otros cuatro años más de recortes o subidas impositivas para equilibrar las cuentas.

Spencer destaca, por otra parte, la inflación, que ahora se encuentra al 0%. “Es un fracaso político. La meta de inflación es del 2% y por una buena razón. Deja espacio para subidas de precios que ayudan a estimular la demanda. Si la inflación está por debajo del objetivo se convierte en una deflación prolongada, por lo que el consumo se retrasa y aumenta aún más el valor real de la deuda. La baja inflación también proporciona una excusa para que las empresas no paguen salarios más altos. Cinco años de austeridad, en definitiva, han dado lugar a una economía que es tan desequilibrada e insostenible como la de antes de la crisis”, matiza.

En efecto, la deuda nacional se ha duplicado desde 2008 y alcanza ahora un 80% del PIB. Mientras los conservadores planean reducirla al 72% del PIB en 2020, la oposición laborista quiere dejarla para entonces en un 77%.

“Lo que falta en el actual debate en Reino Unido es un reconocimiento claro de la necesidad y conveniencia de incentivar el gasto, aunque sea a través de déficit. Se ha aceptado la austeridad, aunque se haya demostrado que afecta al crecimiento. También se ha asumido que el déficit se puede eliminar independiente del estado de la recuperación. Hay una necesidad urgente de políticas económicas alternativas”, concluye el experto.

Por su parte, Financial Times advierte de que “aunque existen riesgos si Cameron consigue ser reelegido -sobre todo por el referéndum que ha prometido de la permanencia en la Unión Europea- los riesgos son mayores si no gana”. “Sus instintos sobre la economía, los negocios y la reforma de los servicios públicos son los correctos. Ed Miliband no ha ofrecido un proyecto creíble, lo que podría poner freno a las empresas. Por lo tanto, en estas circunstancias, al FT le gustaría ver una administración liderada por los conservadores”, matiza en su editorial.

Fuente: ElConfidencial.com