Entramos en una ciudad tomada por el ISIS

El soldado peshmerga apunta con su ametralladora a la posición de los yihadistas del ISIS. Sólo están a 50 metros de distancia, este es el frente más ...

El soldado peshmerga apunta con su ametralladora a la posición de los yihadistas del ISIS. Sólo están a 50 metros de distancia, este es el frente más angosto de la batalla por Irak. Cuerpo a cuerpo, ambos bandos combaten en las estrechas calles de la ciudad de Sinjar. “A las 3 de la mañana hemos intercambiado fuego. Nos han atacado mientras intentábamos recuperar el cadáver de uno de los nuestros”, relata el peshmerga mientras sostiene su PKC dentro de un cubículo defensivo.

La calma propia de la mañana se ve interrumpida por el sonido de la aviación internacional. “¡América!”, exclama uno de los kurdos mientras señala hacia el cielo. La Coalición, dicen, ha bombardeado el área varias veces. “Si les llamamos, vienen a apoyarnos. A veces incluso lanzan misiles dentro de la ciudad”, revela el comandante Moein Tawfiq. Sobre los sacos de arena alineados en la azotea asoma el humo negro de las posiciones de Daesh (acrónimo en árabe del ISIS). “Están quemando neumáticos para despistarnos. Ya no izan banderas negras para que los cazas no puedan localizarles”, asegura.

De pronto, los francotiradores del ISIS abren fuego y los kurdos responden con artillería ligera. “Esta es una posición defensiva, necesitamos recibir órdenes para atacar. No podemos avanzar antes de final de año”, explica el comandante mientras dispara. Desde el Oeste se escucha el lanzamiento de varios morteros. “Los de Daesh han cavado túneles para acercarse durante la noche”, revela. “Les hemos interceptado varias conversaciones con los walkies, utilizan el código ‘el vendedor está llegando’ (the seller is coming)”. Incluso, dice Moein, algunos de ellos hablan en turcomano, pero varios peshmerga pueden comprender los mensajes.

El humo de los combates se eleva sobre la ciudad iraquí de Sinjar (P. Cebrián).El humo de los combates se eleva sobre la ciudad iraquí de Sinjar (P. Cebrián).

Una “coalición” kurda en el frente de Sinjar

La carretera norte hacia la montaña, paralela a la frontera con Siria, muestra una ruta de poblados aplastados por los tanques peshmerga y las bombas de la Coalición Internacional. Gracias a su apoyo los kurdos lograron liberar parte de Sinjar el pasado mes de diciembre, después de que los yihadistas expulsaran y masacraran en verano a miles de yazidíes. Ahora, las distintas facciones kurdas controlan la entrada Norte y cerca de un 10% de la ciudad. El resto del núcleo urbano, que conecta con la vía que lleva a Mosul (capital iraquí del Califato), sigue bajo el dominio de Daesh.

En la entrada norte de Sinjar ondea una bandera verde la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK-Irak), el segundo partido con más representación en la demarcación iraquí. Varios soldados jóvenes se adentran en fila por las primeras calles de la ciudad fantasma. “Todos los sinjaris se han ido. Si queda alguno, está colaborando con Daesh”, comentan. Los impactos de munición y metralla han destruido parte de las antiguas viviendas; las bóvedas abiertas se utilizan ahora como puestos de tiro. Los kurdos han hecho de este pequeño barrio del Norte una posición conjunta de defensa.

El frente lo conforman un grupo de casas en ruinas. La primera pertenece a los peshmerga iraquíes del PUK. En la segunda planta, muestran el agujero vigía de la pared. “Los hemos hecho nosotros para disparar”, cuentan. El bloque contiguo es la base defensiva del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán – Turquía e Irak), declarado “organización terrorista” por Estados Unidos y Europa. Ahí, varios soldados imberbes “prestan apoyo con rifles Kalashnikov”. En la casa trasera, un par de adolescentes de las YPJ (Fuerzas de Protección Ciudadanas – Siria) llevan munición a los compañeros. “Estamos aquí para demostrar al ISIS que combatimos junto a hombres. (…) No nos iremos hasta que no liberemos esta ciudad”, aseguran.

En una pequeña casa con jardín, en la calle “multidefensa”, un grupo del PKK descansa bajo un matorral de hojas de vid. El más veterano de ellos lleva sobre su brazo un conejo, exhibiendo los valores ecologistas que definen los más puros militantes de la rama armada del PKK (HPG). Uno de los reclutas más jóvenes, del pueblo kurdo-turco Mardin, asegura que mintió al partido: “Dije que tenía 22 años, en lugar de 20, porque, si no, no me habrían admitido”. Comenta con optimismo las recientes elecciones en Turquía, “quería ir a Mardin a votar, pero no pude porque estaba combatiendo”. Asegura que unos metros más hacia el Oeste “hay compañeros del Partido Democrático del Pueblo (HDP – Turquía)”, de tendencia prokurda, defendiendo otra zona de la localidad.

Mujeres del PKK avanzan hacia el frente por el interior de casas destrozadas por los combates en Sinjar (Reuters).Mujeres del PKK avanzan hacia el frente por el interior de casas destrozadas por los combates en Sinjar (Reuters).

Sin el apoyo de Erbil

La combinación de siglas kurdas, tras años de disputas internas, avanza con éxito en la batalla por Sinjar. Kurdos de la región de Irak, Turquía y Siria han unido sus fuerzas en esta barrera natural al “Estado Islámico”. Pero el Gobierno Regional del Kurdistán, liderado por el partido de Barzani (KDP – Partido Democrático del Kurdistán), no apoya las pretensiones políticas de los kurdos que defienden Sinjar. El PKK pretende formar ahí un Cantón (consejo administrativo local) independiente, “en el que los kurdos yazidíes decidan libremente su futuro”, declararon en una asamblea celebrada en enero de este año.

El nuevo escenario ha crispado todavía más las relaciones entre los kurdos del PKK y el PUK con el KDP. El Gobierno de Barzani no está interesado en fomentar poderes duales y quiere centrar en él toda la autoridad kurda de Irak. Además, el momentum también ha ofrecido una oportunidad para la administración, que ha aprovechado la guerra para anexionar territorios disputados con Bagdad, como Kirkuk, que el Kurdistán reclama desde hace décadas como propio. El Gobierno autónomo podría tener un interés especial en la situación estratégica de la montaña, clave a la hora de redibujar las fronteras de la región, e incluir Mosul en un futuro proyecto.

Pero en la batalla por Sinjar, los kurdos también sienten el abandono de la comunidad internacional. “Nuestros soldados visten ropa barata. Estamos en guerra, necesitamos equipo de combate”, recuerda el comandante Tawfiq, mientras señala los uniformes raídos y el calzado deportivo con el que visten los muchachos. “Tampoco hemos recibido entrenamiento de la Coalición”, asegura. Saben que es el KDP quien maneja la ayuda del exterior. “La gratitud europea no es suficiente…”, repite Tawfiq. “¿Qué ocurrirá si recuperáramos Sinjar? ¿Estados Unidos y Europa dejarían de darnos el único apoyo (aéreo) que nos ofrecen?”.

Fuente: ElConfidencial.com