¿Es cierta la esclavitud en la que viven los trabajadores de Qatar 2022?

Una serie de reportajes demoledores, publicados a principios del año pasado por la Prensa inglesa, sobre las paupérrimas condiciones laborales de los ...

Una serie de reportajes demoledores, publicados a principios del año pasado por la Prensa inglesa, sobre las paupérrimas condiciones laborales de los trabajadores de la construcción en Qatar y el alto número de fallecimientos entre los operarios indios, nepalíes y de Bangladesh, avivaron el fuego de la indignación contra el potentado emirato que organizará dentro de siete años la primera Copa del Mundo de fútbol en el Medio Oriente.

Con las sospechas de corrupción en la adjudicación del citado evento por parte de la FIFA aún pululando en el ambiente, el gobierno de este acaudalado país de bolsillo hubo de encarar un segundo frente liderado por Amnistía Internacional, que hizo suyas las denuncias de los medios británicos para presionar a Qatar y forzarle a mejorar las condiciones vitales y laborales del millón largo de obreros provenientes de países del Tercer Mundo, muchos de los cuales trabajan a diario en infraestructuras relacionadas, directa o indirectamente, con el Mundial de 2022.

Señalado permanentemente por el dedo acusador de occidente, donde se le considera el principal sostén económico del Estado Islámico (IS), Qatar se siente la víctima propiciatoria de ese muro cada vez más perceptible que se viene erigiendo desde septiembre de 2001 entre el universo árabe y el resto del planeta. La reciente carga de la caballería ligera del Consejo de Europa (léase, la asamblea), pidiendo su cabeza a la FIFA por seguir sin respetar los derechos humanos de la peonada, que entiende vive bajo el umbral de la ‘esclavitud‘, parece haber obviado los notables esfuerzos realizados en el último año y medio por el Comité Supremo para la Entrega y el Legado (CS), a la sazón brazo ejecutor del proyecto mundialista qatarí, en aras de la protección de los derechos de sus operarios a través de un conjunto de medidas encaminadas a dignificar su calidad de vida. 

Una visita a este oasis bañado en gas y petróleo, otrora protectorado inglés (hasta 1971), es el camino más corto para conocer a ciencia cierta lo que se cuece en este interminable entramado de superficies en construcción que recuerdan, a mucha mayor escala, al Madrid de las tuneladoras de Gallardón.

¿Es cierta la esclavitud en la que viven los trabajadores de Qatar 2022?

Vídeo: así marchan las obras de Al Wakrah.

Las obras del estadio de Al Wakrah, a escasos 15 kilómetros de Doha, y de un imponente complejo de 60 hectáreas que incluirá una mezquita, un colegio y un centro deportivo de nivel top, acaban de cumplir su primer año sin incidentes luctuosos que lamentar. La prestigiosa compañía estadounidense AECOM, con sede en Los Ángeles, se ocupa de supervisar la primera fase de la construcción de un coliseo que acogerá un partido de cuartos de final del Mundial, además de ser también sede de la Copa Confederaciones 2021.

Un capataz de AECOM nos lleva hasta una atalaya sita al borde de lo que será el futuro terreno de juego en uno de los microbuses que usan los propios trabajadores. El batiburrillo de maquinaria pesada, plataformas, operarios e ingenieros que se observa no difiere en nada al existente en una obra de características similares en España o Estados Unidos. Todo dentro de la normalidad, vamos.  

El CS encargó a una empresa local, Hamad Bin Khalid Contracting (HBK), la tarea de contratar directamente a los operarios en sus países de origen (llegarán a los 6.000 cuando las obras alcancen su máximo apogeo), evitando así el pirateo de intermediarios sin escrúpulos que cobraban un dineral a los candidatos por conseguir un contrato de trabajo, como denunció un informe elaborado, a instancias del gobierno qatarí, por la firma internacional de abogados DLA Piper. “Cada contrato firmado establece unas directrices claras para la protección de los derechos de los trabajadores a lo largo de toda la cadena, desde el momento de su contratación hasta su repatriación”, explica Hassan Al Thawadi, secretario general del CS. 

El ingeniero hindú Kiran Bairagi, del Programa Técnico de Entrega (dependiente del CS), es el responsable de velar por el estricto cumplimiento de las normas de seguridad en todo el perímetro de la obra. Nacido en una pequeña aldea próxima a Calcuta, Bairagi aterrizó hace más de un año  en Doha gracias a la apuesta del gobierno local por personal cualificado de países asiáticos. 

“Aquí gano el doble que en la India, y las condiciones de trabajo son buenas. Existe incluso un Comité de Protección de los Trabajadores que vela por sus derechos. Visito todos los puntos de obra varias veces al día y puedo asegurarle que, desde que se empezó a construir este estadio, no ha habido un solo accidente mortal. Sí que hemos tenido los típicos cortes o magulladuras, pero poco más. Todos los incidentes quedan reflejados en unos informes que tenemos que entregar a diario en la sede del CS”, asegura.    
  
A escasos cinco kilómetros de lo que será un estadio 4 estrellas, se hallan los compounds o complejos habitacionales donde los obreros de Al Wakrah reponen fuerzas después de cada dura jornada de trabajo. Un rápido escrutinio a esta concatenación de chalets adosados basta para ratificar el compromiso adquirido por el CS tanto con la FIFA como con la Organización Internacional del Trabajo de respetar los derechos de sus peones. No en vano, cada compound cuenta con un inspector, nombrado por el propio Comité Supremo, cuya misión es asegurarse de que la contratista HBK cumple en todo momento con las exigencias de higiene, salud, seguridad y dignidad que estipula su contrato con el Comité Organizador de la Copa. 

La vida del peón mundialista, al detalle

Se alojan en compounds. Se trata de urbanizaciones de segunda mano en perfecto estado, integradas por 12 ó 14 chalets de dos plantas. Cada compound acoge a unos 200 operarios; 18 por vivienda; nueve por planta; tres por habitación.

Equipamiento completo. Cada casa dispone de su propia cocina y comedor, amén de dos cuartos de baño, dos salas de estar con televisión y aire acondicionado. Los dormitorios no tienen aire artificial para minimizar el riesgo de que los operarios sufran procesos gripales a causa de los bruscos cambios de temperatura al salir a la calle.

Médico las 24 horas. Uno de los chalets hace las veces de centro médico, donde un doctor permanece de guardia el día entero para atender cualquier problema de salud que padezca un trabajador. La atención se realiza en dos idiomas: inglés e indi.

Uno de los médicos que atienden a los obreros (Foto: David Ruiz. Doha)Uno de los médicos que atienden a los obreros (Foto: David Ruiz. Doha)

Business Center para chatear. Una sala de ordenadores permite a los obreros acceso gratis a internet para, entre otras cosas, poder hablar con sus seres queridos a través del skype.

El rincón del deportista. Los obreros disfrutan de un club deportivo de dos plantas, donde no falta un gimnasio con bicicletas estáticas y pesas, ni tampoco un par de piscinas para soltar los músculos.

Peonadas que evitan el calor fuerte. Las duras condiciones climáticas de Qatar obligan a espaciar las peonadas lo suficiente como para evitar las horas de más calor. Así, el primer turno arranca a las 5 de la mañana y concluye en torno a las 11 am. Desde el mes de mayo y hasta octubre, está prohibido trabajar a cielo raso entre las 11.30 y las 17.00 horas. El segundo turno inicia su jornada laboral precisamente a esa hora, concluyendo al borde de la medianoche. Personal cualificado desempeña parte de su cometido en la madrugada, percibiendo por ello unos bonus extra.

Medidas de seguridad eficaces. Después de más de un año del inicio de las obras del Wakrah stadium, no se ha registrado ningún accidente mortal. Apenas sí se han producido heridas superficiales por cortes en las manos o dedos, o alguna torcedura de tobillo. Los ingenieros del CS velan a diario por el estricto cumplimiento de las medidas y dispositivos de seguridad en todo el perímetro de trabajo.

Mejores salarios que en casa. Los sueldos de los trabajadores, ya sean cualificados o meros obreros, rondan por lo general el doble de lo que pueden ganar en sus países de origen.

Obreros de siete nacionalidades. La India, Sri Lanka, Nepal, Pakistán, Bangla Desh, Filipinas y Kenia son los países de los que proceden los trabajadores del complejo de Al Wakrah.

Libranzas. Cada trabajador tiene derecho, por contrato, a un día libre a la semana. Un Comité de Protección de los Trabajadores vela porque sus derechos no sean vulnerados en ningún momento.

Fuente: ElConfidencial – Deportes