¿Es posible evitar atentados como los de París y Orlando?

15.06.2016 – 05:00 H. A un lado del Atlántico, un hombre provoca una masacre en un club gay con un fusil de asalto. Al otro, alguien irrumpe en la vivienda ...

15.06.201605:00 H.

A un lado del Atlántico, un hombre provoca una masacre en un club gay con un fusil de asalto. Al otro, alguien irrumpe en la vivienda de un matrimonio de policías y les mata a cuchilladas. En ambos casos, los perpetradores actuaban impulsados por la ideología del Estado Islámico, que ha reivindicado los dos atentados. Hay otro punto en común: los dos estaban en el radar de las autoridades, a pesar de lo cual ambos tuvieron libertad para llevar a cabo sus propósitos.

¿Se pueden prevenir este tipo de atentados, ejecutados por un solo individuo a menudo autorradicalizado a través de internet, y que no se comunica con otros militantes? Según el diario ‘The Washington Post’, el de Orlando es el tercer incidente desde 2013 en el que un sospechoso interrogado por el FBI y descartado como potencialmente peligroso acaba implicado más tarde en una acción terrorista, lo que demuestra la dificultad de detectar con certeza quién está dispuesto a cometer un atentado. Mucho más si la persona no ha llamado nunca la atención de las fuerzas de seguridad.

“Aunque los signos de alerta temprana son a menudo muy fáciles de identificar en retrospectiva, es mucho más difícil reunir y estimar de forma adecuada esta información de antemano”, dice Katie Cohen, de la Agencia de Investigación de Defensa de Suecia. Según esta investigadora, los ‘lobos solitarios’ tienden a ser individuos con escasa vida social, por lo que incluso si emiten este tipo de señales, estas pasan fácilmente desapercibidas. Además, “es extremadamente difícil diferenciar entre aquellos extremistas decididos a llevar a cabo atentados y aquellos que simplemente expresan ideas radicales”.

¿Es posible evitar atentados como los de París y Orlando?

Otro obstáculo es la ausencia de un perfil determinado de aquellos individuos susceptibles de convertirse en terroristas autorradicalizados, aunque algunos factores pueden contribuir al proceso. “Una ausencia de vida social y obligaciones facilita el proceso de autorradicalización, dado que aísla al individuo de otras influencias o controles sociales, mientras proporciona el espacio y el tiempo necesarios para desarrollar una ideología y planear un ataque”, escribe Cohen. “Las personas pueden ser más vulnerables a la radicalización cuando tienen pocos compromisos diarios y vínculos que les impidan dedicar tiempo y energía a actividades políticas, o no hay nadie cerca que les proporcione una perspectiva diferente de los conflictos en los que se encuentran sumidos”, añade.

“Un patrón generalizado en este tipo de casos es el del consumo masivo de propaganda radical a través de internet. Eso es lo que hace posible la autorradicalización”, explica Luis de la Corte, director de Estudios Estratégicos e Inteligencia en el Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid. En internet, estas personas pueden encontrar a otras que compartan y refuercen sus visiones extremistas. Además, según De la Corte, en los últimos años se están dando cada vez más casos de atentados perpetrados por individuos “con algún tipo de desorden mental”, lo que a su vez, en muchos casos, ha resultado en una menor eficacia a la hora de actuar.

Omar Mateen, autor del atentado de Orlando, en una foto de Facebook.Omar Mateen, autor del atentado de Orlando, en una foto de Facebook.

Reducir la disposición y las capacidades

“Otra cuestión es que la diferencia entre lo que se llama autorradicalización y otras formas de radicalización es solamente de grado: en muchos casos en que se ha utilizado este concepto, al menos en algún momento, en algún punto, ha habido contactos con otras personas ya radicalizadas o de un grupo terrorista”, señala este experto, que pone el ejemplo del incidente de Ford Hood en 2009, cuando un psiquiatra militar que asesinó a 13 personas había estado en contacto directo con Anwar al Awlaki, el líder de Al Qaeda en la Península Arábiga. “¿Es eso autorradicalización? Yo creo que no, porque hay un contacto con un líder terrorista que distribuye consignas e influye a otros. Si fuéramos puristas, la autorradicalización se daría solo en casos en los que una persona llega a ese punto sin interactuar con nadie, solamente a través del consumo de propaganda. Pero en la mayoría de los casos no es así”, añade.

Aunque Omar Mateen, el autor de la matanza de Orlando, llamó a los servicios de emergencia para declarar su lealtad al ISIS, y este grupo se ha apresurado a atribuirse el mérito, las autoridades estadounidenses todavía no han encontrado ningún vínculo orgánico con la organización. Algo más sólidos parecen en el caso de Larossi Abballa, el asesino de policías, quien ya en el pasado había dirigido una red de reclutamiento de yihadistas con destino a Afganistán y Pakistán que le había llevado a la cárcel en Francia, aunque llevaba meses aparentemente reinsertado, sin mostrar el más mínimo signo de interés por su vieja causa. 

“En muchos casos de supuesta autorradicalización, en realidad ha habido contactos con otras personas ya radicalizadas o de un grupo terrorista”, señala Luis de la Corte

¿Qué se puede hacer entonces? “Cuando se tiene que trabajar contra cualquier tipo de amenaza violenta, uno puede elegir entre reducir la disposición para cometer este tipo de atentados o reducir las capacidades. Para reducir la disposición, es fundamental controlar el tráfico de propaganda y de ideas radicales a través de internet”, indica De la Corte. “Es evidente que es el primer canal, más en EEUU que en Europa, de transmisión y contagio de este tipo de ideas que son el vehículo de posteriores acciones violentas”, asegura. En ese sentido, en los últimos años han proliferado en casi todos los países occidentales los centros que estudian los procesos de radicalización y trabajan para contrarrestar el mensaje yihadista, aunque su eficacia es difícil de determinar.

“También hay que trabajar contra las capacidades de atentar. En países como EEUU, donde no hay obstáculos para el acceso a armas, tienen un problema. Y si la cultura política estadounidense mantiene que eso es un derecho consustancial, el nivel de riesgo ante este tipo de acciones va a seguir siendo muy alto. Este tipo de acciones son equivalentes a otras que no llamaríamos terroristas, porque no lo son, pero que acaban con un nivel similar de sufrimiento y dolor”, comenta este experto. “En los países europeos también puede ocurrir, pero aquí el problema no es el acceso legal a armas sino su tráfico. Hay que reducir al máximo las posibilidades para que personas que están en disposición de atentar accedan a armamento. ¿Esto hará imposibles los atentados? No, pero reducirá drásticamente su frecuencia y su posibilidad”.

Fuente: ElConfidencial.com