Escocia avanza hacia la independencia, ¿y ahora qué?

28.03.2017 – 05:00 H. Escocia se acerca cada vez más a su segundo referéndum de independencia. Este martes, el Parlamento de Edimburgo votará la moción ...
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28.03.201705:00 H.

Escocia se acerca cada vez más a su segundo referéndum de independencia. Este martes, el Parlamento de Edimburgo votará la moción presentada por la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, y está previsto que con el apoyo de los Verdes, la líder nacionalista consiga sacar adelante sus planes para convocar de nuevo las urnas.

La sesión estaba prevista para el pasado miércoles, pero tuvo que ser suspendida por el atentado en Westminster y posponerse a este martes, justo un día antes de que la primera ministra británica, Theresa May, active oficialmente el artículo 50 del Tratado de Lisboa para comenzar el Brexit. Cuando la misma votación se celebró en Edimburgo para la consulta de 2014, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) gozaba de una amplia mayoría. Pero ahora el escenario en Holyrood es otro. Los independentistas gobiernan en minoría —cuentan con 63 de los 128 escaños—, por lo que necesitan el respaldo de los seis asientos del Partido Verde, en cuyo manifiesto para las elecciones autonómicas del año pasado se aseguraba que apoyarían un segundo plebiscito si había un millón de firmas que demandaran esta opción.

El 53% de los escoceses se opone ahora a la celebración de una segunda consulta, frente al 44,7% que la ve con buenos ojos, según un sondeo de Sky News. Aunque también es cierto que la mayoría asegura que si el Parlamento de Edimburgo aprueba la moción, Westminster no debería interponerse.

Por otra parte, el apoyo a la independencia apenas ha cambiado desde el plebiscito de 2014, donde el 55,3% apoyó la permanencia en Reino Unido, frente al 44,7% que apostó por cortar el cordón umbilical con Londres. Pero los nacionalistas demostraron hacer mejor campaña que el bando contrario (en año y medio, consiguieron que el apoyo a su causa creciera de un 30% a un 55% en la semana previa al referéndum), por lo que Downing Street no quiere jugar con fuego. Especialmente ahora que va a comenzar las negociaciones con Bruselas.

La fecha es la clave

Y ahí está la clave, en la fecha. May no ha cerrado las puertas a celebrar en el futuro otra consulta, pero siempre y cuando tenga lugar una vez Reino Unido haya abandonado el bloque comunitario, previsiblemente para 2019. Sin embargo, Sturgeon insiste en que los escoceses deben decidir su futuro antes de que se materialice el Brexit.

Londres podría negarse a autorizar una votación, aunque el coste político sería altísimo “Era obvio que el SNP iba a aprovechar la oportunidad. Llevan ya más de 10 años en el Gobierno escocés y comienzan a incrementarse los problemas en el sistema educativo y de salud. Para ellos es más fácil diluir las críticas a las políticas domésticas poniendo de nuevo la cuestión independentista encima de la mesa”, asegura Colin Talbot, profesor de Políticas en la Universidad de Manchester y uno de los primeros en vaticinar que habría un segundo referéndum de independencia antes de que el país saliera de la UE. “Las encuestas no juegan ahora a su favor, pero Sturgeon se ha visto presionada por sus propias filas”, recalca a El Confidencial.

Según el experto, May cometió “un grave error” adelantándose a decir que “ahora no era el momento”. “Debía haber esperado primero a ver cómo reaccionaba el Parlamento escocés. Con sus declaraciones, lo único que hizo fue dar más argumentos a los nacionalistas. Pero está claro que si finalmente Holyrood apoya los planes de Sturgeon, la primera ministra británica va a encontrarse en una posición muy delicada”, recalca.

De salir adelante este martes la moción presentada por los independentistas, ¿quién tiene la última palabra? Por el precedente que marcó el referéndum de 2014, el Parlamento británico es el que tiene que aprobar la fecha y podría incluso negarse a autorizar una votación. Aunque el coste político sería altísimo y podría dar también impulso al Sinn Fein en Irlanda del Norte, donde arropados como nunca en los comicios celebrados este mes, han vuelto a rescatar su objetivo histórico de reunificación de la isla.

“Es cierto que la población demográfica está cambiando a favor de los católicos, pero no creo que haya aún apoyo suficiente para celebrar un referéndum sobre esta cuestión en un futuro próximo. Quizás en unos años. Pero ahora es el frente escocés el que debe preocupar al Gobierno”, explica el profesor Talbot.

A finales de 2012, cuando David Cameron y el entonces líder del SNP, Alex Salmond, decidieron las bases para el último referéndum de independencia, acordaron que el Parlamento de Edimburgo establecería el calendario, aunque la consulta no debería “retrasarse más allá del 31 de diciembre de 2014”. Finalmente, fue el 18 de septiembre de 2014. Algunos políticos en Westminster se quejaron incluso de que Cameron había sido “demasiado generoso”.

Pero ahora la química entre May y Sturgeon es inexistente. Según los expertos consultados, Downing Street podría incluso argumentar que la líder nacionalista debería recibir un mandato específico para un referéndum a través de las próximas elecciones generales. Aunque la independentista alega que ya ganó los comicios regionales del pasado mes de mayo con un manifiesto donde señalaban que abriría de nuevo las urnas si Escocia era “sacada de la Unión Europea en contra de su voluntad”. En el referéndum del Brexit de junio, el 62% del electorado escocés votó a favor de la permanencia en el bloque.

La primera ministra británica, Theresa May, y la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, durante su reunión en Glasgow. (Reuters)La primera ministra británica, Theresa May, y la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, durante su reunión en Glasgow. (Reuters)

En este sentido, varias voces de Holyrood sugieren que, en caso de que Londres frustre sus planes, el SNP podría acudir a los tribunales. Y es entonces cuando en un país que no cuenta con constitución escrita como tal, los jueces se enfrentan de nuevo a una difícil cuestión. Legalmente, ni el Gobierno ni el Parlamento escocés tienen derecho a convocar un referéndum de independencia, sino Downing Street, ya que la celebración de un plebiscito no está entre las competencias delegadas en la Ley de Escocia de 1998.

En 2014, Cameron solo lo permitió porque el SNP había ganado las elecciones regionales con amplia mayoría con la promesa en su manifiesto de celebrar una consulta. El entonces primer ministro y Salmond acordaron la llamada orden de la Sección 30, una disposición bajo la Ley de Escocia que otorgara poderes adicionales a Holyrood.

La CE afirma que una Escocia independiente tendría que solicitar su adhesión a la UE. Edimburgo quiere seguir el modelo de NoruegaDicha sección —cuya solicitud es precisamente lo que se vota este martes en Edimburgo— requiere la aprobación del Parlamento escocés, ambas Cámaras de Westminster y, en última instancia, del llamado ‘Consejo privado’, formado por expertos en la cuestión soberanista. Con todo, la principal negociación sería entre May y Sturgeon. Y como quedó claro este lunes, tras su encuentro en un hotel de Glasgow, el entendimiento es nulo. Desde Downing Street insisten en que no trataron la cuestión de la independencia y que la reunión versó únicamente sobre el inicio de la negociación del Brexit. Sturgeon, por su parte, declaró sentirse frustrada por las conversaciones: May no hizo ninguna concesión ante la exigencia de Edimburgo de cerrar un acuerdo de salida de la UE propio para Escocia.

La Comisión Europea ya ha advertido de que una Escocia independiente tendría que solicitar de nuevo su adhesión a la UE. Pero, tal y como señala el profesor Talbot, “una parte importante del electorado que apoyó en 2014 la independencia votó por el Brexit el año pasado. Por lo que, llegado el momento, los nacionalistas no podrían abusar del vínculo con Bruselas en una eventual campaña”.

En este sentido, el Gobierno escocés ha explicado que daría prioridad al acceso al espacio económico europeo (EEE), frente a la plena pertenencia al bloque. Seguir el modelo de Noruega, Liechtenstein e Islandia podría ser más fácil que la futura adhesión al bloque como Estado independiente, teniendo además en cuenta que España podría ser uno de los primeros en negarle la entrada para evitar así dar más argumentos a los independentistas catalanes.

Fuente: ElConfidencial.com