¿Está Grecia abocada a convocar elecciones?

Un acuerdo para salvar a Grecia no va a salirle gratis al Gobierno de Syriza. Si arrancar un compromiso en la troika será complicado, venderlo en casa ...

Un acuerdo para salvar a Grecia no va a salirle gratis al Gobierno de Syriza. Si arrancar un compromiso en la troika será complicado, venderlo en casa puede abocar al país a disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones. Desde la barrera podría pensarse que si Syriza consigue contentar a la antigua troika in extremis, tras tantos meses de tensión, habrá salvado los muebles. Nada más lejos de la realidad.

En términos de política nacional, Grecia se ha mantenido sorprendentemente estable hasta ahora, después unas elecciones que terminaron con una fase de incertidumbre y de contestación social y a las que siguió una rápida formación del Gobierno. Únicamente han surgido voces discordantes en el Gobierno o desde dentro de Syriza, pero ninguna verdadera amenaza para la mayoría. Solo palabras. Ni siquiera las incendiarias declaraciones de Varufakis, o sus sonados patinazos, han supuesto una amenaza de descarrilamiento para el primer ministro. Con un acuerdo encima de la mesa, sin embargo, la dinámica cambia radicalmente. Se acaba la pax Tsipras.

Una deslealtad anunciada

La Plataforma de Izquierda -el ala más radical del partido- viene a ser, en un paralelismo esquemático, como “una Grecia para el Gobierno griego” si éste fuera la troika. Son los veladores de las verdaderas esencias de Syriza y sostienen una espada de Damocles: por un lado, representan una minoría dentro de los diputados de la izquierda; por otro, pueden hacer caer al Ejecutivo. Una maniobra digna de un kamikaze, porque si Syriza se hunde, ellos también caerán. Su representación en el Parlamento ronda los 30 diputados y, si sus declaraciones antimemorándum de los últimos meses se tranforman en un voto negativo sobre el acuerdo, podrían dejar desnuda a Syriza, que solo tendría 119 parlamentarios a favor. La mayoría absoluta está en 151.

Además, hay que dar por descontado que, en caso de acuerdo, Tsipras no obtendrá el respaldo de su aliado en el Gobierno, ANEL (Griegos Independientes). Esto se debe a que el único punto de unión que tienen ambos partidos -muchos consideran esta alianza contra natura- es su posición contra el rescate y la austeridad. Cualquier medida de recorte -y es seguro que un acuerdo con la troika las incluirá- se encontrará con la oposición frontal de los 17 diputados del partido de Panos Kammenos. Descartados de cualquier negociación Amanecer Dorado y el Partido Comunista (KKE), fuerzas antisistema y antieuro, Syriza tendría que lograr una carambola política: que los 17 parlamentarios del centrista To Potami y los 13 del Pasok votaran a favor

El líder de To Potami, Stavros Theodorakis, ha declarado a todos los que quieren escucharle que apoyará cualquier acuerdo que mantenga al país en el euro. Pero ni siquiera con estos dos partidos bastaría: aunque la alianza funcionara como un reloj Tsipras tendría 149 votos a favor; se quedaría a dos de la mayoría absoluta. ¿Sería posible que, por coherencia o sentido de Estado, algún diputado de Nueva Democracia impidiese la caída del Gobierno? Altamente improbable. Por tanto, si Tsipras quiere mantenerse como primer ministro tendrá que convencer a algunos de los ‘menos radicales’ de los radicales para que voten con ellos. Y rezar.

Protesta contra la austeridad en el centro de Atenas. (Reuters)Protesta contra la austeridad en el centro de Atenas. (Reuters)

¿Se puede ‘convencer’ a los radicales?

A lo largo de esta corta e intensa legislatura Tsipras ha demostrado una gran habilidad para cohesionar a su grupo parlamentario. A cambio de su lealtad en las votaciones, ha dado libertad para opinar a todos los cargos y portavoces, algo que le ha causado bastantes problemas con Europa. Por ello, no se puede descartar que el primer ministro logre engatusar de nuevo a la Plataforma de Izquierda. En este marco, sus discursos insistentes pidiendo reparaciones a Alemania por la invasión en la Segunda Guerra Mundial -sin base legal, como finalmente se ha probado- y la auditoría de la deuda -difícil de implementar sin hacer algo unilateral como un impago- son meros gestos simbólicos, para algunos, o brindis al sol, para otros, que han apaciguado de facto a los más izquierdistas

La ley contra la crisis humanitaria o la reapertura de ERT sin duda han contribuido. Así como la inclusión de ministros de esta corriente, aunque fuera de las áreas de gobierno más importantes. El primer ministro podría haber empezado ya esta maniobra de seducción. En lo que muchos consideran un mensaje de consumo interno, Tsipras se ha quejado en Twitter de que los acreedores (el FMI) no tienen intención de aprobar las propuestas; también se le ha visto cariacontecido a su llegada a las reuniones con los acreedores. ¿Realidad o teatro de buen negociador?

Ante una apuesta tan decisiva como un acuerdo que traiga más recortes, a Tsipras le queda un as en la manga que, además, cumple una de sus promesas: convocar un referéndum. Un sufragio para aprobar un plan para mantener a Grecia en la eurozona acabaría sin problemas con un “sí” rotundo, ya que todas las encuestas muestran que los griegos quieren quedarse en el euro. No obstante, esto ya es política-ficción, porque dependería de muchos factores. Entre ellos, la pregunta y cómo reaccionaran los griegos al acuerdo (o a cómo se lo vendan).

Policía griega entre manifestantes contra la austeridad. (Reuters) Policía griega entre manifestantes contra la austeridad. (Reuters)

Tsipras puede beneficiarse de unas elecciones

Nadie debe pensar que unas nuevas elecciones supondrían un desastre para el propio primer ministro. Las últimas encuestas le otorgan un apoyo que oscila entre el 35 y el 40%. Si consiguiera estos sufragios obtendría, en el peor de los casos, la mayoría que tiene actualmente; en el mejor, la tan deseada mayoría absoluta. El desastre sería, en todo caso, para Grecia: otra campaña electoral con promesas de todo tipo para llegar al poder, que seguramente no tendrían nada que ver con el verdadero margen de maniobra del nuevo gobierno. Esto sin contar la más que probable volatilidad de los mercados, la fuga de capitales…

Para los griegos, repetir elecciones no sería una novedad. Ningún gobierno ha completado la legislatura desde 2009. En 2012 se celebraron dos elecciones, la primera en mayo y la segunda en junio, como consecuencia de un bloqueo parlamentario en un contexto de firma de rescate similar a la actual. Entonces, el bipartidismo (Nueva Democracia y Pasok) sumó 149 escaños por los 52 de Syriza en mayo. Ninguno de los líderes fue capaz de formar ejecutivo. Ya en junio, con unos resultados parecidos, el hombre que se convertiría en primer ministro, Andonis Samarás, consiguió que la Izquierda Democrática se subiera al barco, consiguiendo la investidura. El rescate se había firmado en febrero de ese año.

Y todo esto solo en Grecia, porque las consecuencias en la economía mundial serían importantes. Ni siquiera en Bruselas podrán respirar tranquilos si se consensúan medidas para Grecia y, en consecuencia, se pueden liberar 7.200 millones de euros del último tramo del rescate. El pago al FMI de poco más de 1.500 millones de euros no es el último episodio. Quizás solo el último del primer capítulo.

Fuente: ElConfidencial.com