“Estados Unidos puede aprender de las prácticas políticas de China”

“Estados Unidos puede aprender de las prácticas políticas de China”. Se trata de una afirmación que podría pasar desapercibida en boca de uno de los ...

Estados Unidos puede aprender de las prácticas políticas de China”. Se trata de una afirmación que podría pasar desapercibida en boca de uno de los numerosos blogueros ultranacionalistas del gigante, o de algún gobernante de rango medio del Partido Comunista de China (PCC). Sin embargo, su autor es Daniel A. Bell, un politólogo canadiense que actualmente trabaja en la prestigiosa Universidad Tsinghua, de Pekín. Bell acaba de publicar The China Model: Political Meritocracy and the limits of democracy (“El modelo de China: Meritocracia política y los límites de la democracia”), editado por la Princeton University Press.

El libro es una provocadora crítica al estatus “sagrado” de la elección de nuestros líderes a través del principio “una persona, un voto”, y presenta una versión idealizada del actual régimen chino como una alternativa legítima al sistema democrático. “Los fundamentos subyacentes al sistema chino son buenos, así que, a nivel ideal, creo que debería ser implementado en el resto del mundo; pero la teoría política no funciona así, debe contextualizarse,[…] y por eso el sistema político chino no encaja en otros contextos”, defiende enérgicamente el académico, mientras tomamos un café en uno de los centros comerciales más conocidos de la capital china. Siguiendo con esta idea, el docente asegura a El Confidencial que la “cultura política” de China es muy distinta a la occidental, y que por ello el principio de “una persona, un voto” tampoco puede ser aplicado en el gigante asiático.

Bell rehuye el calificativo “unipartidismo” y considera que, a través de sus métodos de selección de gobernantes, China está convirtiéndose en una meritocracia, es decir, un sistema político gobernado por aquellos que han demostrado estar más cualificados para tomar decisiones políticas. Así, en su estado ideal, las meritocracias deberían contar con líderes “inteligentes, virtuosos, y con habilidades sociales” en los niveles más altos del ejecutivo.

En el libro, Bell describe un complejo sistema de selección que evalúa estas cualidades y el desempeño de los candidatos, y especifica otras medidas, como distintos organismos supervisores independientes o una mayor separación entre los poderes políticos y económicos para evitar abusos de poder. A su vez, el ensayo prescribe un mayor grado de “experimentación política” en niveles intermedios del ejecutivo, y elecciones democráticas en las administración local.

Además, el profesor defiende con naturalidad dos condiciones difíciles de aceptar para los defensores de la democracia: “Esto supone limitar la libertad para formar partidos políticos, así que la libertad de asociación debe ser restringida en ese sentido, y la libertad de voto para elegir a tus propios líderes”.

Una tienda de souvenirs con la imagen del presidente Xi Jinping (i) y otros líderes chinos, en Pekín (Reuters).Una tienda de souvenirs con la imagen del presidente Xi Jinping (i) y otros líderes chinos, en Pekín (Reuters).

Corrupción, represión y desigualdad

Sin embargo, los actuales gobernantes chinos se alejan mucho del ideal de “virtud” que promulgaba el filosofo Confucio y sus seguidores, entre los cuales se encuentra el propio Bell. El sistema político del país sufre una corrupción endémica, las desigualdades económicas han aumentado rápidamente durante los últimos años y el Ejecutivo ha puesto en marcha una imparable campaña de represión contra todo tipo de voces disidentes.

“No defiendo el statu quo, existe una gran diferencia entre el modelo ideal y la realidad, y en el libro habló sobre los problemas de la meritocracia, discuto cómo conseguir una jerarquía menos anquilosada, y argumento que es necesario tener un sistema más abierto, con una mayor libertad de opinión y de asociación”, se defiende Bell.

Pero, preguntado por cuándo pueden empezar a llegar esta apertura, el politólogo comenta que debido a la campaña anticorrupción impulsada por el presidente del país, Xi Jinping, el Gobierno se encuentra en un momento especialmente delicado. “Existen numerosos enemigos que quieren acabar con los líderes ahora mismo, por eso están tan paranoicos, y no creo que se produzcan grandes cambios durante los próximos dos o tres años”, manifiesta.

Bell admite que otras regiones de herencia confuciana, como Corea del Sur o Taiwán, gozan hoy de una auténtica democracia, pero remarca de nuevo que no es necesariamente “la mejor alternativa”. “A diferencia de en otros lugares, la influencia de Estados Unidos no puede determinar cuál será el resultado político aquí, y China tiene una rica civilización, así que es lógico que se inspiren en ella”, cuenta.

El politólogo Daniel E. Bell (Foto: E. Fernández).El politólogo Daniel E. Bell (Foto: E. Fernández).

Referéndum para validar el sistema

Tal vez la propuesta más rompedora de Bell es la más democrática de todas: celebrar un referéndum popular para dar legitimidad al Gobierno actual y acallar a la oposición. En él, los ciudadanos podrían votar si mantener el régimen actual en el poder o avanzar hacia otro tipo de sistema político. Respaldado en algunas encuestas ciudadanas, Bell asegura que la población apoyaría al PCC y demostraría que los disidentes “no son voces influentes en la sociedad”.

La narrativa oficial comparte algunas ideas con El modelo de China, y el presidente Xi ha manifestado en el pasado que el sistema democrático occidental no puede funcionar en China. Por otra parte, el Ministerio de Educación del país realizó un llamamiento contra la difusión de “los valores occidentales” en las universidades del país a principios de año. A pesar del rechazo común a la democracia en China, Bell defiende que las ideas del ensayo son completamente suyas “y nadie le ha influenciado a la hora de escribirlo”.

Es imposible no preguntar al politólogo de dónde proviene tanto optimismo acerca del futuro del Gobierno de China, ya que hablamos con él la misma semana que Pekín arrestó o interrogó a más de dos centenares de abogados y activistas pro derechos humanos. “Es un modelo político muy bueno a la hora de seleccionar y promover líderes en países grandes como China, encaja con su historia y su cultura y cuenta con un gran apoyo, según las encuestas. Además, se necesita una sociedad políticamente más abierta, no va a funcionar a base de represión”, responde sin dudar Bell.

Paradójicamente, quizás uno de los principales defensores occidentales del régimen chino también se enfrenta a la estricta censura del país. Bell admite que muchas de las propuestas del libro son polémicas en China, y solamente ríe cuando se le pregunta sobre si puede dar una fecha aproximada de publicación de la edición en chino de su ensayo.

Con el ejemplo chino, Bell pretende reabrir un antiguo debate político ya superado en muchas partes del mundo. Pese a ello, él aún ve válido preguntarse si es mejor “dejar elegir a las personas” o confiar en las “ciencias sociales y las lecciones de la historia” para seleccionar a los líderes. Lee Kuan Yew, considerado el “padre” de Singapur, una de las principales inspiraciones del modelo meritocràtico de Bell, expresó el mismo dilema de manera mucho más clara y arrogante: “¿Dicen que las personas pueden pensar por si mismas? ¿De verdad creéis que […] saben las consecuencias de su elección cuando responde a una pregunta de manera visceral, pensando en su lenguaje, cultura y su religión? Nosotros sabemos las consecuencias: moriríamos de hambre, sufriríamos disturbios raciales. Nos desintegraríamos.”

Fuente: ElConfidencial.com