Europa en manos de una isla eurófoba: el Reino Unido vota sobre el Brexit

23.06.2016 – 05:00 H. Llegó el gran día. Europa está en manos de los británicos. Aunque, aparte del futuro del bloque comunitario, también está en juego el ...

23.06.201605:00 H.

Llegó el gran día. Europa está en manos de los británicos. Aunque, aparte del futuro del bloque comunitario, también está en juego el papel del premier David Cameron como Primer Ministro y la unión en sí del propio Reino Unido, que en caso de Brexit podría verse resquebrajado con una Escocia independiente. La campaña ha sido intensa y sufrió un punto de inflexión el pasado jueves, cuando la laborista Jo Cox se convirtió en la primera parlamentaria asesinada desde 1990.

[Siga aquí en directo toda la información sobre el Brexit]

Cameron cumplió su promesa y convocó el histórico referéndum tras maratonianas negociaciones que se llevaron a cabo en Bruselas en una cumbre europea que terminó a altas horas de la noche el 19 de febrero. En las cuatro áreas en las que el Primer Ministro británico exigía el cambio, ganó relativas concesiones. Aunque ahora, si finalmente los británicos se quedan en el bloque, las reformas que se tendrían que aprobar no sólo afectarán a Londres, sino a todos los estados miembros:

  • Reino Unido quedará eximido de una mayor integración.
  • Los países que demuestren que los altos niveles de inmigración suponen un ahogo para su sistema de bienestar podrán restringir las ayudas a los comunitarios por cuatro años. Al principio de manera total, luego se dará acceso a las pagas de manera paulatina.
  • Los países que no pertenecen a la zona euro podrán retrasar de manera unilateral la legislación europea si se sienten discriminados.
  • A partir de 2020, las ayudas por hijo a los comunitarios cuyas familias residan en su país de origen comenzarán a recibirse de acuerdo con el nivel de vida del país donde resida el menor.
  • Se prohibirá la entrada de manera automática a los extracomunitarios que contraigan matrimonio con comunitarios, si existen indicios de que se trata de un “enlace por conveniencia”.
  • Los estados miembros tendrán nuevos poderes para excluir a los comunitarios que se consideran un riesgo para la seguridad nacional, incluso si no tienen antecedentes penales.

‘Déjà vu’ para los más mayores

Las negociaciones, sin embargo, no saciaron los ánimos euroescépticos de sus propias filas, y para evitar revuelta interna, Cameron se vio obligado a dar libertad a los suyos para que defendieran la postura que consideraran.

El escenario ha sido muy similar al que se vivió en 1975, cuando por primera vez se preguntó a los británicos si querían unirse a la entonces Comunidad Económica Europea. Oficialmente, Reino Unido ya se había afiliado dos años antes durante el gobierno conservador de Edward Heath. Pero durante las campañas electorales que siguieron en 1974, el Partido Laborista prometió que la gente debía decidir en las urnas, y al ganar los comicios cumplieron su promesa.

En el plebiscito de 1975 hubo una participación del 65%, y el 67,2% del electorado votó a favor de la unión. Claro que por aquel entonces la economía británica se encontraba en desventaja con respecto al resto de los países que formaba la CEE.

A Cameron le habría gustado tomar el mismo perfil que Harold Wilson tuvo en aquella ocasión. Más neutral, más en segunda fila para unificar a sus filas, divididas como lo están ahora los tories. Pero el premier ha tenido que involucrarse de lleno en la campaña porque no ha habido otra voz de peso pro Europa.

La movilización del voto laborista resulta clave para garantizar la permanencia en el club. Pero el líder de la oposición, el veterano Jeremy Corbyn, bautizado como el Pablo Iglesias británico, ha sido objeto de críticas por su pasividad.

La posición oficial del Partido Laborista es de apoyo a la permanencia. En el Partido Conservador, sin embargo, hay una auténtica guerra civil. Ben Harris-Quinney, responsable de The Bow Group, el think tank conservador más antiguo del Reino Unido, asegura que, sea cual sea el resultado, Cameron tendrá que dimitir porque ya no es una figura que pueda unificar a sus filas.

Carteles sobre el referéndum de permanencia en la UE en Lymm, Inglaterra, el 22 de junio de 2016 (Reuters).Carteles sobre el referéndum de permanencia en la UE en Lymm, Inglaterra, el 22 de junio de 2016 (Reuters).

La ambición de Boris Johnson

Seis de sus 29 miembros de gabinete han estado haciendo campaña por salir del bloque. Se sabía de antemano la opción que iban a tomar Iain Duncan Smith, el que fuera ministro de Trabajo, o Michael Gove, el actual responsable de Justicia y, al menos hasta que empezó la guerra civil, amigo íntimo del ‘premier’. Pero el gran titular llegó de la mano de Boris Johnson, un hombre al que sólo le interesa un número. Y no, no es el de las encuestas, sino el 10 de Downing Street.

Más que por convicción, el popular político ha acabado convertido en cabecilla de la campaña Vote Leave (Vota para salir) con la esperanza de que, llegado el momento, cuente con el apoyo de los tories euroescépticos cuando se vote quién será el próximo líder de la formación. Al fin y al cabo, Cameron ya ha dicho que no será candidato en las generales de 2020.

Cuando Johnson anunció su decisión, la libra cayó a niveles de 2009. Lo cierto es que en el último año, la moneda británica se ha depreciado un 7,05%. La sólo convocatoria de la consulta, tal y como ha señalado el Banco de Inglaterra, ya ha repercutido en la economía del país, con un rendimiento del PIB peor de lo esperado. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional insiste en que, en caso de Brexit, las consecuencias serán fatales a nivel global.

Los euroescépticos quitan hierro al asunto asegurando que no sería la primera vez que los organismos se equivocan. Señalan además que el club comunitario será el primer interesado en llegar a acuerdos comerciales. Pero lo cierto es que, mientras la UE representa el 48,5% del comercio total británico (importaciones y exportaciones de bienes y servicios), el Reino Unido representa para la UE solo el 8% de sus exportaciones.

Mantenerse en el mercado común supondría también aceptar la libre circulación de personas. Pero la clave de la campaña euroescéptica es recuperar el control de las fronteras.

Sin duda alguna, la inmigración ha sido la gran protagonista del debate. La migración neta (la diferencia entre los que vienen y los que se van) alcanzó el año pasado la cifra récord de 333.000. La promesa del Gobierno era reducirla por debajo de los 100.000.

Un voluntario de la campaña a favor de la ruptura con la UE durante un mitin de Nigel Farage en Londres (Reuters).Un voluntario de la campaña a favor de la ruptura con la UE durante un mitin de Nigel Farage en Londres (Reuters).

Una situación sin verdaderos precedentes

Fue la formación Ukip de Nigel Farage -fundada en 1993 precisamente como resultado de una revuelta interna tory tras la firma de John Major en el Tratado de Maastricht- la impulsora del mensaje que advertía que solo firmando el divorcio con Bruselas, Londres podría volver a recuperar el control sobre este asunto. Y su discurso caló en el electorado hasta el punto de convertirse en la protagonista absoluta de los comicios locales y europeos de 2014. La presión de las filas conservadoras se volvió ya insostenible y Cameron se vio obligado a convocar el histórico referéndum.

Hasta ahora no hay precedente de que un estado miembro, y mucho menos del tamaño del Reino Unido, haya abandonado el hoy tan cuestionado proyecto europeo. Argelia dejó la Comunidad Económica Europea cuando se independizó en 1962, los 56.000 residentes de Groenlandia se marcharon en 1985, la colonia caribeña francesa de San Bartolomé salió oficialmente en 2012. Pero ninguno de estos casos se puede comparar con un país de 65 millones de personas que representa la segunda economía del continente.

En caso de Brexit, por tanto, sería la primera vez en la historia que tendría que activarse el artículo 50 del Tratado Europeo. El artículo establece que la UE negociará durante dos años un acuerdo de retirada. El periodo puede ser extendido, aunque se decide de manera unilateral por los países miembros, no por Londres. También especifica que el país que se retira del club no participará durante el periodo de negociaciones. En definitiva, se trata de un divorcio en el que una parte solicita la ruptura y la otra fija unilateralmente los términos.

Se abriría, por tanto, un proceso nada armonioso y nada rápido que, en última instancia no favorecerá al Reino Unido. De hecho, el incentivo para el resto de estados miembros es no actuar con generosidad. La decisión de abandonar el club ha sido vista por muchos como un acto hostil y desestabilizador.

Los votantes de toda Europa están desilusionados con la UE. Los partidos populistas en Francia, los Países Bajos o Italia miran muy de cerca el proceso. El último mensaje que se quiere lanzar desde Bruselas es que, tras el divorcio, hay una vida mejor.

Fuente: ElConfidencial.com