FLORENTINO Y EL GILISMO

01.03.2016 – 05:00 H. Despidió a su entrenador porque el equipo no estaba físicamente bien. Hizo todos los fichajes sin consultar a los expertos ...

01.03.201605:00 H.

Despidió a su entrenador porque el equipo no estaba físicamente bien. Hizo todos los fichajes sin consultar a los expertos deportivos, incluido el de una estrella portuguesa. No encontró la solución para el banquillo. El médico era un problema, los jugadores se lesionaban demasiado. La inversión en fichajes fue millonaria, récord en el fútbol español. Jugadores históricos de la casa salieron tarifando y con mala relación con el presidente. Desde la presidencia se acusó a la plantilla de falta de entrega. El eterno rival volaba.

No, no es Florentino Pérez, aunque todas las cuestiones relatadas son fácilmente aplicables a lo que ocurre hoy en el Real Madrid. El análisis de este fracaso corresponde a Jesús Gil, presidente rojiblanco, y está desmenuzado en la sección de deportes del diario ABC del domingo 16 de octubre de 1988, en un artículo firmado por Tomás González. El segundo proyecto Gil, llamado para comerse el mundo, había resultado un fracaso sin paliativos. Los motivos del fallo global, leídos hoy, suenan familiares. La diferencia es que el equipo no lleva rayas rojas en la camiseta.

Finales de los 80, Jesús Gil, un constructor -otra similitud- de escrúpulos escasos ha comprado el Atlético. Llega al fútbol como empresario de cierto éxito y con la idea de darle la vuelta a la historia. El equipo está a la altura del Barcelona, aunque aún lejos del Real Madrid, dominador en España desde décadas antes. Como reclamo para abrir fuego a su proyecto ha fichado a Futre, que viene de ganar la Copa de Europa con el Oporto y de ser Balón de Plata en el 87. Es uno de los dominadores futbolísticos del continente y estaba llamado a pilotar la delantera rojiblanca. Florentino más que un Futre tiene muchos Futres, pues la norma de la casa es fichar cada año un galáctico, sin mirar demasiado si cabe en la plantilla y dónde puede jugar. Cristiano es portugués y estrella indiscutida, como lo era Futre, pero la lista aquí en el Madrid de Florentino es casi inacabable.

Gil contrató para el banquillo a Menotti, pero tampoco se fió mucho del saber hacer del técnico argentino. Ser campeón del mundo con su país, y un referente futbolístico, no le dio siquiera para poder pedir jugadores de su agrado. “El primer error es que todos los fichajes fueron realizados por el presidente”, contaba el diario madrileño sobre la escasa planificación deportiva del club. En aquellos días la figura del director deportivo no estaba muy extendida, pero era común que la última palabra fuese cosa del técnico. No en aquel Atlético, como no lo es tampoco hoy en el Real Madrid.

Menotti no llegó a una temporada en el banquillo y fue despedido junto a su preparador físico. Gil, lenguaraz, le fulminó al final de temporada aduciendo que el equipo no trabajaba físicamente y el estado de los futbolistas era pésimo.

De nuevo gritan las similitudes, Ancelotti, que como Menotti era uno de los técnicos más estimados de su tiempo y salió en su segunda temporada como técnico. Para más inri había ganado una Copa de Europa. Los portavoces mediáticos de Florentino salieron en tromba para decir que el equipo no trabajaba lo suficiente y estaba falto de energía. El presidente blanco es mucho más sibilino que Gil, pero en varias ocasiones ha hablado de “los meses de desgaste que vivió el equipo desde enero al final de temporada”, una manera como otra cualquiera de defenestrar a un entrenador con la preparación física como excusa.

Menotti fue el primero de una rueda casi imposible que llevó a Gil a convertirse en un devorador de técnicos. El presidente rojiblanco llamaba desde el Club Financiero y empezaba el desfile de entrenadores hasta convertir el banquillo atlético en una zona de alto riesgo. Florentino tampoco se ha encontrado nunca cómodo con los entrenadores. Le pasa algo similar a Gil, ve esa figura como algo prescindible y cree que cualquiera, muy especialmente él mismo, podría sobresalir en esa función. En solo dos temporadas Gil encadenó a Menotti, Ufarte, Maguregui, Atkinson y Addison. Florentino es algo más paciente, pero ha demostrado sobradamente que para él los entrenadores son aves de paso. Y de paso corto.

En dos años Jesús Gil se gastó 1.200 millones de pesetas, para la época una fortuna. Fueron muchos jugadores los que desfilaron por la plantilla rojiblanca, y no pocos salieron sin haber completado más de un año en el club. Salinas, por ejemplo, salió con la misma velocidad con la que entró y Alemao, clave en el Atlético, fue enviado al Nápoles a cambio de 350 millones porque estaba mayor, según el dirigente.

La relación de Gil con los buques insignia del club nunca fue sencilla, más bien al contrario. Nada más entrar en la casa despidió a Luis Aragonés, que ya por aquel entonces era el gran emblema del club del Manzanares. También expedientó en dos ocasiones a Arteche hasta despedirle en el año 1989 cuando llevaba ya 11 temporadas en la plantilla. Le echó, además, con alevosía, después de abrirle dos expedientes y acusarle de deslealtad. Su marcha fue triste, se iba un histórico por la puerta de atrás. Como se fue Casillas del Madrid, despedido entre llantos sin nadie a su alrededor y después de que los últimos pasos de su carrera blanca fuesen una concatenación de zancadillas. Florentino no salió a acusar al portero de deslealtad, pero para eso estaban sus altavoces mediáticos, repitiendo en bucle que se llevaba muy bien con los jugadores del Barcelona o que no estaba en forma.

La entrega era otro caballo de batalla para Gil. Acusó publicamente a los suyos de no dejarse la piel en el campo, de forma parecida a la que los voceros de Florentino hoy señalan a futbolistas como Isco o James de dejarse ir.

El tema físico fue uno de los caballos de batalla de ese primer Gil, que terminó fulminando -él tenía tendencia a fulminar- al doctor Enrique Ibáñez, que por aquel entonces llevaba 20 años a cargo de los servicios médicos del club. El motivo que cuenta ABC es este: “Se le culpó de no saber eliminar con rapidez algunas lesiones musculares y se dudó de su honestidad”. No parece que el doctor Olmo, bien guardado gracias a ser familiar de un directivo, corra riesgo de perder su empleo en un futuro cercano, pero si algún día eso sucede bien podrá el Madrid culparle de “no saber eliminar con rapidez algunas lesiones musculares”.

La desdicha atlética de aquellos días se veía acrecentada por un factor muy doloroso para el club: el Madrid era imparable. El equipo estaba en plena Quinta del Buitre, las ligas blancas se encadenaban y en Europa eran candidatos siempre. Es más, el artículo del ABC en el que se narra la peripecia del gilismo coincide con la mejor racha de imbatibilidad histórica del Madrid, esa de Beenhakker que ahora puede ser historia por el empuje del Barcelona de Luis Enrique.   

Fuente: ElConfidencial – Deportes