G-20: las islas que pueden desestabilizar Asia

05.09.2016 – 05:00 H. Unas pequeñas islas situadas al sur de China podrían aguarle al Gobierno de Pekín la reunión de líderes del G-20 que acoge desde este ...

05.09.201605:00 H.

Unas pequeñas islas situadas al sur de China podrían aguarle al Gobierno de Pekín la reunión de líderes del G-20 que acoge desde este domingo en la localidad china de Hangzhou. Las prioridades chinas para la cita son el desarrollo de la economía mundial y la lucha contra el terrorimo, entre otros, pero los anfitriones chinos no podrán escapar al malestar de varios de sus vecinos por su creciente presencia en el mar que se encierra entre China, Taiwán, Vietnam, Filipinas y el archipiélago que comparten Indonesia, Malasia y Brunei, y cuyas islas son reclamadas por todos ellos.

El Mar del Sur de China se ha convertido hoy en una de las zonas más ‘calientes’ del planeta. Las islas que se sitúan en sus aguas -principalmente las Paracel, reclamadas por China, Taiwán y Vietnam, y las Spratly, reivindicadas como propias por China, Brunei, Malasia, Filipinas y Vietnam- se han convertido en la clave para controlar una de las zonas de mayor importancia geoestratégica del mundo. La región es una de las principales rutas comerciales marítimas, por la que circulan la mitad del tráfico mundial de barriles de petróleo y más de la mitad de las mercancías. Se cree además que bajo las aguas del Mar de Sur de China se esconden importante recursos energéticos, aunque el conflicto ha impedido que se puedan llevar a cabo exploraciones para hacer una estimación precisa sobre las reservas.

Sin embargo, algunos analistas piensan que los importantes recursos pesqueros de la zona son el principal interés de los países asiáticos. “La existencia de recursos energéticos es una posibilidad. No hay pruebas sólidas de que haya gas. Pero la pesca procedente de la zona es fundamental para la supervivencia de las comunidades en la región”, asegura William Cheung, profesor asociado del Instituto para los Oceános y la Pesca de la Universidad British Columbia. Así, recuerda Cheung, aproximadamente el 12% de las capturas mundiales proceden de esta región, que es clave para poderosa industrias como la del atún. “El Mar del Sur de China es una de las regiones con mayor biodiversidad del mundo, mayor que el Caribe o el Mediterráneo. […] La cooperación entre los países es fundamental para que no se sobreexplote”, continúa.

MAPA

El Mar del Sur de China fue una región con una importancia estratégica limitada hasta mediados del siglo pasado, cuando la mayor parte de los países comenzaron a reclamar su soberanía sobre los islotes. China puso los ojos en su mar sureño a partir de los años 40 del siglo pasado y ha reclamado durante las últimas décadas su soberanía sobre la llamada “línea de los nueve puntos” que engloba buena parte de las aguas del Mar de China Meridional, como también se conoce a la región. China, al igual que Vietnam y Taiwán, alega derechos históricos sobre la zona, mientras que Filipinas, Malasia y Brunei -y en menor medida Indonesia- reclaman derechos económicos, incluidos los de explotación de recursos pesqueros, dentro de las 200 millas reconocidas por las leyes internacionales del mar.

En las últimas décadas, las tensiones han sido frecuentes, especialmente con Filipinas, aunque las represalias han quedado generalmente en palabras. Así, Filipinas protestó formalmente en 1994 cuando China comenzó a construir sobre el atolón Mischief, reclamado también por Taiwán yVietnam. En 2012, China tomó control del arrecife Scarborough y Manila respondió lanzando un boicot a ciertos productos chinos, mientras que Pekín intentó imponer restricciones a la pesca en la zona.

Más atrevido fue el movimiento del Gobierno de Manila en 2013, al presentar directamente el caso a un panel de arbitraje sobre Derecho del Mar para que se pronunciara sobre los derechos de China. El panel resolvió a favor del Ejecutivo filipino, y negó a Pekín ningún tipo de derecho histórico sobre la zona. El Gobierno chino aseguró, sin embargo, que no reconocía la jurisdicción del Tribunal y que, por tanto, no acataría la resolución.

Vietnam ha sido el otro gran contendiente de China en la región. La tensión se disparó a partir de 2009, cuando Vietnam y Malasia presentaron una sumisión conjunta ante Naciones Unidas para que fuera reconocida la extensión de sus plataformas continentales. Desde entonces, la constante presencia de pesqueros chinos en aguas reclamadas por Hanoi ha llevado a varias oleadas de protestas nacionalistasen Vietnam, que han bloqueado en varias ocasiones fábricas de propiedad china.

Soldados chinos patrullan por la Isla Woody, en el archipiélago Paracelso, el 29 de enero de 2016 (Reuters).Soldados chinos patrullan por la Isla Woody, en el archipiélago Paracelso, el 29 de enero de 2016 (Reuters).

¿El fin del poder blando chino?

“Hubo un tiempo en que China intentó convencer al mundo de que su ascenso era pacífico. Esa pretensión fue abandonada hace siete años”, escribía recientemente el periodista y analista político Frank Ching en el periódico South China Morning Post. Según Ching, China vio en la crisis económica mundial una oportunidad de oro para reforzar su posición internacional y Pekín comenzó entonces una política exterior más agresiva. “Como todos los grandes poderes en la historia”, continuaba el artículo, “el ascenso de China está acompañado no sólo por la expansión militar, sino también por la reivindicación de su propia ley”.

La propia china ha forzado esta posición en el Mar del Sur de China, con la construcción de islotes artificiales que, se cree, podrían albergar en el futuro bases militares y con la negación a acatar la resolución del Panel de Arbitraje de Naciones Unidas. Sin embargo, ni siquiera Estados Unidos, que también tienen importantes intereses comerciales y militares en la zona, quiere provocar directamente al gigante asiático y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, aseguró días antes del G20 que Washington no iba a “echar leña al fuego” y que instarían a las partes a resolver las disputas a través de diplomacia.

El campo de batalla no es, sin embargo, bilateral entre China, por un lado, y sus vecinos, por el otro. El resto de países que reclaman derechos sobre el Mar del Sur de China también tienen intereses enfrentados, aunque hasta ahora han optado por “la unión hace la fuerza” para pararle los pies a China. Pero el Mar del Sur de China es un polvorín marítimo que podría desestabilizar todo el Sudeste Asiático.

Fuente: ElConfidencial.com