Ganar el Clásico (y la Liga) para pensar en exclusiva en el viejo gran enemigo, el Atlético

22.04.2017 – 05:00 H. – Actualizado: 15 H. Recuerdan los que tienen ya edad para tener amplia memoria futbolística y que seguían al Real Madrid con ...
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22.04.201705:00 H. – Actualizado: 15 H.

Recuerdan los que tienen ya edad para tener amplia memoria futbolística y que seguían al Real Madrid con el amor de un niño que, para ellos, el Fútbol Club Barcelona era un rival que sí, que estaba bien, el de la ciudad que se ‘enfrentaba’ a la capital por el poderío en España, pero poco más. Sí, alguna Liga había ganado y tal, y la Copa de Ferias, pero no era el que más tirria despertaba en ellos. Era el Atlético, ese al que animaba el vecino o el chico de la mesa de al lado en el colegio. Había poca gente del Barça en clase o en el bar, por ello, lo que realmente fastidiaba era ver al colega alegre cuando ganaba el Atleti. No era fácil de sobrellevar porque lo tenías al lado y tenían que soportar que les restregara su triunfo, generalmente sobre el propio Madrid, durante semanas. Eso fue hace tiempo, en décadas pasadas. La tendencia cambió.

G. C.

Cuatro han sido los enfrentamientos previos entre los dos equipos y en todos hubo mucho drama y un mismo desenlace. Las últimas tres temporadas los rojiblancos han sido eliminados en el derbi

El Barça empezó a ganar cosas por culpa de Cruyff y el Atleti olvidó los años de gloria. Mientras, el Madrid seguía igual, pero sin ganar en Europa, donde ya sí aparecía de vez en cuando el Barça, que de repente, cuando el holandés se sentó en el banquillo, aprendió a ganar también internacionalmente. Y claro, ese cambio de tendencia convirtió los Madrid-Barça en el verdadero duelo grande por España y Europa y los derbis cayeron en la monotonía del campeonato, potenciada además por los repetitivos resultados a favor del conjunto merengue. Entonces, la dirección del Atlético empezó a pensar con dos dedos de frente y fichó a Diego Pablo Simeone. Nada volvería a ser lo mismo.

Hasta tal punto se ha modificado la balanza que, ahora, el duelo estrella por la Copa de Europa es el Madrid-Atleti, no el Madrid-Barça. Tantos años buscando un Clásico en una final y han caído dos derbis en tres años. Cuatro, si sumamos los que se han dado y van a dar en rondas previas a ese último partido decisivo. Cuatro derbis en cuatro temporadas consecutivas, ni el Bayern se ha enfrentado tantas veces seguidas al Arsenal, y eso ya es decir. Ya forma parte de la costumbre, de la rutina en el transcurso de la competición. Tarde o temprano se van a enfrentar y la historia de esos encuentros nos dice es que lo normal es que gane el Real Madrid.

El Madrid sabe que el Atlético no es invencible como sí ha parecido contra cualquier otro rival europeo. Le ha ganado dos finales y unos cuartos de final, siempre con el sufrimiento presente, algo innegociable cuando se tiene enfrente al conjunto colchonero. Pero tanto el vestuario como la directiva no tenían entre sus preferencias encontrarse ya al vecino. Era obvio que, de poder elegir, cualquiera de los tres favoritos habría escogido ciegamente al Monaco, un equipo magnífico, alegre y divertido, pero inexperto en estas rondas finales y, por ello, más asequible dentro de la teoría. El Madrid no hubiera titubeado de encontrarse por tercera vez en una final al Atlético, por mera cuestión psicológica se sentían más preparados para superarles a un partido, no solo por el recuerdo positivo propio sino por el pánico contrario a que se repitiera la misma historia una vez más.

Pero lo cierto es que los de Zidane tampoco van a dudar con el Atleti una ronda antes. Después de eliminar al Bayern, en una eliminatoria que se intuía complicadísima y en la que el Madrid fue superior (pese a complicarse el pase con una prórroga que Neuer provocó con sus increíbles intervenciones), ahora mismo se sienten lo suficientemente poderosos para eliminar también al Atlético a doble partido. Hay cierto optimismo entre los rojiblancos, ya que entienden que tienen mayores opciones de ganar al Madrid si no se lo cruzan en una final. Han dejado bien claro en estos cuatro años que las eliminatorias son su fuerte, que ni Barça ni Bayern pudieron con la roca de Simeone. El Madrid, en cambio, entiende que para ganar la Duodécima había que ganar a cualquiera.

Kike Marín

Por más que se reivindique en LaLiga, el malagueño no ha contado hasta ahora para Zidane en la Champions. Paradójicamente, sus caracterísiticas las echan de menos en el Camp Nou

A cualquiera incluye al Barça. No, no están en Champions, pero el Madrid tiene que ganar al eterno rival moderno para que el camino hacia Cardiff se convierta en una cuesta abajo liviana. De sumar los tres puntos en el Clásico de este domingo, la distancia con los azulgranas se ampliaría hasta los seis puntos, más el gol-average particular que tendrían ganado los blancos, a lo que habría que sumar el partido aplazado contra el Celta de Vigo, la bala de seguridad con la que aún cuenta el Real Madrid. Es decir, podrían irse hasta los nueve puntos de margen, un mundo con las pocas jornadas que quedan para el final del campeonato doméstico.

No es banal sentenciar la Liga cuanto antes. Tener ese colchón sobre los culés le permitirá a Zidane seguir con sus rotaciones masivas para que el calendario sea lo más suave posible para sus primeras espadas y puedan estar centrados casi en exclusiva en los dos derbis contra el Atlético, donde realmente se les necesitaría llegado el caso de que el título esté en el bolsillo. No habría mejor manera de preparar el final de temporada. Todos activos al máximo luchando por objetivos diferentes, todo suma para el Real Madrid.

Fuente: ElConfidencial – Deportes