Grecia vuelve al ‘segundo mundo’

Ya han pasado cuatro meses desde que Syriza ganara las elecciones, unos comicios rodeados de euforia por las promesas de restitución del honor –y el poder ...

Ya han pasado cuatro meses desde que Syriza ganara las elecciones, unos comicios rodeados de euforia por las promesas de restitución del honor –y el poder adquisitivo– perdido. Quien vea y siga viendo en la elección de Alexis Tsipras un simple rechazo por parte de los griegos a pagar lo que deben no ha entendido la dimensión del golpe que la crisis asestó a Grecia: una tasa de paro galopante, la bajada extrema de los salarios y de las pensiones –los jubilados han sido el único sustento para muchas familias en paro durante esta larga crisis–, el recorte en los servicios sociales más básicos –sanidad, educación– hasta dejarlos bajo mínimos… arrastraron progresivamente a la población a un estado de desánimo general, a mirar el pozo desde el fondo sin ver ninguna escapatoria.

La Grecia de los datos macroeconómicos refleja una caída del PIB de casi un cuarto y su traducción en el día a día fue pasar de la indignación al desánimo y la aceptación de las escenas ya cotidianas: persianas cerradas con varias capas de polvo, lugares en pleno centro de las ciudades, más allá de las rutas turísticas, por los que hace mucho que no pasa un barrendero, decenas de sin techo –incluso llevando ropa que una vez tuvo aspecto de clase media– acampando en cualquier lugar que pueda servir de refugio.

Syriza llevaba en su programa de Salónica acabar con lo que llamaba la “crisis humanitaria” en ciudades como Atenas, en las que literalmente se lucha por sobrevivir, pero su elección también trajo de nuevo el optimismo de que se iba a encontrar una solución al problema de la economía. Si un acuerdo con los acreedores parece a día de hoy todavía lejano, la solución definitiva tras tantos meses de forcejeos con la Unión Europea todavía más. Y la alegría por la elección de Syriza ha dado de nuevo paso al pesimismo.

Los recortes perpetúan la Grecia pobre

Está claro que Grecia ha salido del club de los países llamados a ayudar a sus vecinos más desfavorecidos. Ahora es uno de estos últimos. En su más reciente encuentro anual, el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo (BERD) anunció que hasta 2020 invertirá en el país a petición del propio Gobierno ante la falta de inversión extranjera. Es uno de los raros casos en los que una nación pasa de país contribuyente a país receptor. El BERD, una institución creada para llevar la influencia de la apertura económica a la esfera exsoviética, tiene entre sus mayores receptores de préstamos a países como Rusia.

Los recortes en una nación muy dependiente de la inversión estatal y con una industria desmantelada, además de las dificultades que encuentran los inversores extranjeros para crear nuevos negocios, lo han hecho dependiente de lo único que aparece cada año sin necesidad de generarlo: el sol y la playa. Pero no es suficiente.

Turistas hacen fotografías en el Templo de Poseidón (Reuters).Turistas hacen fotografías en el Templo de Poseidón (Reuters).

El mismo año en que empezó la crisis, en 2008, el Índice de Desarrollo Humano que elaboran las Naciones Unidas situaba a Grecia en el puesto 18º. En 2014, el país había perdido hasta once posiciones: se encontraba en el 29º. Una caída a plomo que se ha visto reflejada en informes como los de UNICEF: desde el propio 2008, cuando estalló la crisis, las familias han tenido un retroceso de sus ingresos tan radical que ha llegado a niveles de 1998. La pobreza infantil prácticamente se ha doblado desde ese año hasta alcanzar el 40,5% en 2012.

La generación crecida durante estos años ya tiene un nombre para la organización: “los niños de la recesión”. Unos chicos que, además de víctimas inocentes, no son ajenos a lo que pasa su alrededor. Muchos de ellos no conocen una Grecia sin crisis: un 28% declara que uno de sus padres ha perdido el trabajo, un 27% asegura que hay tensión en casa y un 6% incluso se ha dado cuenta de que hay problemas para comprar comida en su hogar.

Basados en los criterios de la propia UE, los expertos alertan de que Grecia es un país con serios problemas de pobreza que podrían ser difíciles de subsanar. En 2011, el 31,4% de la población vivía con unos ingresos un 60% inferiores a la media nacional, algo que, seguro, se ha incrementado en los cuatro años que nos separan de ese dato. Muchos de ellos seguramente provenientes del 27,3% de griegos que ese mismo año estaban en riesgo de pobreza.

A buen seguro, esa lista de riesgo no ha dejado de aumentar tampoco. Por ejemplo de personas provenientes de lo que la UE considera en condiciones de “privación material”: no tienen para electricidad, calefacción, teléfono o coche, lo que frecuentemente va unido a una dieta en la que no entra la carne, por ejemplo –las ONG y la Iglesia ortodoxa griega no dan abasto para repartir cientos de raciones de comida para los más necesitados– o la imposibilidad de pagar gastos imprevistos o incluso el alquiler. Aquellos que se lo pueden permitir, claro. Porque estimaciones no oficiales afirman que el número de personas que viven en la calle en Grecia se podría acercar a los 400.000 en un país de once millones de habitantes. Otro rasgo de la situación límite es el número de personas que no pueden hacer frente a los gastos médicos y deben acudir a organizaciones de beneficencia. En algunas poblaciones las cifras son desorbitantes: el 60% de los que acuden al médico lo hacen en una ONG.

Griegos sin recursos comen en un centro de distribución de alimentos en Atenas (Reuters).Griegos sin recursos comen en un centro de distribución de alimentos en Atenas (Reuters).

Tsipras y la ley contra la crisis humanitaria

Es la única medida que el Gobierno de Syriza ha conseguido aprobar sin apenas críticas. Con este panorama, es complicado buscarle las cosquillas a una legislación que intenta evitar que más gente caiga en la pobreza. Aunque muchos lo ven como algo incluso simbólico o como un parche, lo cierto es que ha habido miles de solicitudes para acceder a los bonos de comida o a la electricidad –la empresa que la proporciona, DEH, es pública– gratuita. El Gobierno ha comenzado a restablecer las conexiones cortadas de las primeras residencias, algo que planea completar a finales de este año. Y los más desprotegidos, aquellos en situación de desempleo de larga duración –con prioridad a los que tengan hijos– podrán acceder a los cupones de comida. Se calcula que unos 300.000.

Unos 200 millones de euros costarán al Gobierno, además, las 30.000 ayudas al alquiler, que cubrirán hasta 220 euros del mismo. Sin embargo todos los caminos llevan a la necesidad de llegar a un acuerdo (o a una solución): Grecia no podrá pagar estas medidas, ni sacar al país de esta espiral de pobreza, si no sale del atolladero.

Fuente: ElConfidencial.com