¿Ha vencido Putin en Siria? Rusia se marcha antes del desastre pero deja intacto al ISIS

17.03.2016 – 05:00 H. Los televidentes rusos se acostaron el lunes pasado con una secuencia de noticias elocuente: Vladimir Putin diciendo misión cumplida ...

17.03.201605:00 H.

Los televidentes rusos se acostaron el lunes pasado con una secuencia de noticias elocuente: Vladimir Putin diciendo misión cumplida en Siria, Vladimir Putin dando las condolencias al pueblo turco por el atentado de Ankara, y alemanes y norteamericanos sumidos en procesos electorales que encumbran por momentos a los nuevos radicales. Siria brilló esa noche como una victoria rusa en un mundo lleno de problemas.

A Occidente le ha cogido por sorpresa por la decisión de Putin, que ordenó comenzar a partir del 15 de marzo la retirada de las tropas rusas de Siria, dando por terminada su misión antiterrorista. Rusia se va pero se queda: mantendrá su presencia en el puerto sirio de Tartus y en el aeródromo Hmeymim. Aunque se ha visto a aviones S-34 volando rumbo a casa para después propiciar imágenes de reencuentro de soldados con sus familias, lo cierto es que Moscú podrá reactivar las operaciones aéreas en cualquier momento.

Putin ha logrado cosas importantes en Siria. Ha evitado que caiga el régimen de Bashar al Asad, uno de los pocos aliados que le quedan en la zona. Sólo hay un país fuera de la extinta Unión Soviética en el que Rusia siga teniendo bases: Siria. Pero la importancia va más allá. La república árabe es adversaria de importantes rivales de Rusia en la región como Arabia Saudí, que es a su vez un aliado de EEUU.

La retirada de Rusia deja a Asad más aferrado a la silla. Su figura ha sido un motivo de discordia en las negociaciones, y la actuación de Rusia ha hecho imposible eliminarlo de la ecuación. Una Siria libre de Asad parecía posible en la primera mitad de 2015, cuando el líder sirio perdía terreno todas las semanas. Pero el último trimestre del año pasado fue todo un baño de realismo.

Oficiales del Ministerio de Defensa ruso durante una reunión informativa sobre la intervención en Siria (Reuters).Oficiales del Ministerio de Defensa ruso durante una reunión informativa sobre la intervención en Siria (Reuters).

Al mismo tiempo, Putin se ha cruzado en los planes de EEUU: primero castigando desde el aire a los aliados ‘moderados’ de EEUU, y ahora protegiendo la retirada rusa con los misiles antiaéreos S-400. La creación de unas zonas seguras por parte EEUU y sus aliados que permitiesen canalizar un avance rebelde hacia Damasco queda enterrada.

El principal éxito diplomático es que Rusia ha vuelto al escenario internacional. Ya no es un espectador, sino que copreside con EEUU el proceso de paz sirio. La retirada del grueso de las tropas deja a Asad más expuesto. Por eso Rusia espera que en la nueva ronda de conversaciones que empieza en Ginebra el Gobierno de Damasco luzca un mayor compromiso negociador. Al fin y al cabo, Asad no sabe si éste es el principio de una buena racha o el final de una que no ha estado tan mal.

El Estado Islámico sigue ahí

Putin juega más a largo plazo, tiene la ventaja de no estar sometido a los plazos tan cortos y las presiones de la opinión pública tan grandes que tienen los líderes occidentales”, explica Ígor Vasiliev, que ha colaborado con los servicios de seguridad rusos durante años. El Kremlin ha tenido que poner a Asad los pies en el suelo. El propio líder sirio se había mostrado dispuesto a retomar todo el país. Moscú no parecía lista para semejante sacrificio. El mero hecho de haber salido de Siria antes de que sea demasiado tarde ya es una victoria en sí misma.

La intervención en Siria ha tenido muchas sombras. Y el líder ruso ha escapado de ellas para no adentrarse en un nuevo Afganistán como el que humilló a la URSS en los 80. Putin ha vuelto a las primeras filas, pero no ha liderado al mundo en la lucha contra los terroristas de Siria porque EEUU y sus aliados, aunque han coordinado algunas misiones con Moscú para no chocar, han evitado sumarse a la ‘coalición’ rusa. Así que el aislamiento parcial que sufre Moscú -sobre todo en cuanto a sanciones por la injerencia en Ucrania- sigue siendo un problema. Más todavía en el contexto de crisis actual por los bajos precios del crudo.

Lo que deja más expuesto a Putin es la incompatibilidad manifiesta entre lo que dijo que haría y lo que ha hecho. El Estado Islámico pasó en septiembre a ser el nuevo enemigo público del Gobierno ruso. Putin prometió combatirlo sin cuartel, pero lo cierto es que estos radicales islámicos se han librado de la mayoría de los ataques rusos. De hecho, aunque el ISIS ha tenido que jugar a la defensiva en algunos flancos, se ha conseguido acercar a Alepo. Todo el mundo sabía que cualquier retroceso de los rebeldes que no fuese aprovechado por las fuerzas de Damasco computaría en el haber del Estado Islámico.

Pero otra cosa que ha empujado a Putin a salir es la indecente cifra de civiles muertos que estaban dejando los bombardeos. Moscú, que atacó con sus medios de comunicación al gobierno de Kiev por la cantidad de ciudadanos desarmados que habían perdido la vida por la llamada “Operación Antiterrorista”, se ha visto salpicada por una cifras que dejan en mal lugar su puntería.

Rusia necesitaba irse. Y Mark Galeotti, analista de defensa de la Universidad de Nueva York, cree que el repliegue parcial “hará a Rusia menos vulnerable al ataque de insurgentes y evitará tentaciones de adentrarse más en la guerra”. Las escasas bajas y la ausencia de ataques fulminantes contra los efectivos rusos han hecho fácil la salida. Pero era cuestión de tiempo y mala suerte que ese escenario cambiase y Putin se viese obligado a mandar más tropas, lo que a su vez aumentaría el riesgo de nuevas emboscadas rebeldes. Galeotti recuerda que “a los políticos les cuesta más salir de las guerras que entrar”. Una vez más Putin ha logrado ser la excepción.

Fuente: ElConfidencial.com