Holanda: “Si huyes de la guerra hay refugio, pero no cambiamos nuestra forma de ser”

“Si nuestra sociedad les parece depravada, que se vayan y no vuelvan”. Fue el mensaje que el alcalde de Rotterdam lanzó recientemente a los extremistas holandeses que viajan a Siria e Irak para batallar junto al grupo extremista Estado Islámico. Era un mensaje del musulmán recién elegido mejor alcalde del año de Holanda, y se dirigía a los extremistas que amenazan la tolerancia al multiculturalismo en su país.

Porque el alcalde de Rotterdam, Ahmed Abutaleb, es un ciudadano holandés de origen marroquí muy conocido y respetado. Llegó a Holanda como inmigrante a los 15 años y ya lleva más de una década en la política de los Países Bajos, donde ha exigido “integración a todos los musulmanes” y se ha ganado el respeto de los ciudadanos del país haciendo ver que su religión es un “asunto privado”.

El mensaje de Abutaleb iba en línea con las palabras del primer ministro holandés, Mark Rutte, quien tiene claro que “no todo el que viene a Europa es un violador potencial” y, por ello, tras las agresiones sexuales en Colonia durante la Nochevieja, no dudó en marcar claramente las líneas rojas para los recién llegados como solicitantes de asilo: “Esto es la Europa occidental, somos civilizados. Si usted viene huyendo de las bombas y las granadas, aquí le ofrecemos refugio seguro, pero no vamos a cambiar nuestra manera de ser”. Abutaleb no dudó en apoyarle, asegurando que todo aquel que quiera asentarse en los Países Bajos “debe ajustarse a las normas. De lo contrario, está obligado a irse”.

‘Esto es la Europa occidental, somos civilizados. Si usted viene huyendo de las bombas y las granadas, aquí le ofrecemos refugio seguro, pero no vamos a cambiar nuestra manera de ser’Abutaleb es un ejemplo del exitoso modelo multicultural que ha convertido Holanda en una de las sociedades más cosmopolitas del mundo. Unos dos millones de sus habitantes son inmigrantes no occidentales. Solo en Ámsterdam, casi el 50% de los jóvenes procede de Marruecos, Turquía y Surinam, antigua colonia holandesa. En Rotterdam, residen más de 170 nacionalidades.

Y el alcalde no es el único: la Cámara Baja del Parlamento, donde se votan las leyes y se debaten los intereses del país, está presidida por una mujer de origen marroquí, Jadiya Arib, que reside en Holanda desde su adolescencia, cuando llegó como inmigrante, junto a sus padres, en busca de trabajo y de un futuro mejor. Lo logró: estudió sociología en Ámsterdam, participó activamente en defensa de los derechos sociales en Holanda, y se posicionó ante el Gobierno marroquí en defensa de la situación de las mujeres en ese país, una cuestión que le costó la detención varios días en Rabat.

Junto a ellos, diferentes diputados musulmanes también aportan su granito de arena en defensa de la tolerancia y promueven la integración para salvaguardarla. Proponen políticas de financiación de cursos de holandés, culturales, de la Constitución, y, sobre todo, apuestan por la educación como vía de adaptación al país y como herramienta de lucha contra el radicalismo.

Ragad Albitar, refugiada siria de 10 años, juega con una amiga en el jardín de su casa, en Kessel Eik, Holanda. (Reuters)Ragad Albitar, refugiada siria de 10 años, juega con una amiga en el jardín de su casa, en Kessel Eik, Holanda. (Reuters)

El miedo al islam gana terreno

La joven holandesa Soraya, nacida en Ámsterdam y de origen marroquí, se siente orgullosa de compartir espacio con tantas culturas. Sus padres emigraron desde Marruecos a finales de los ochenta en busca de trabajo. “Mi marido ha llegado hace tres años, y él no ha tenido problemas para integrarse en el país. La vida aquí es más difícil que en ‘casa’ porque el idioma es distinto y la gente también, pero si realmente tienes ganas, te adaptas fácilmente”, dice Soraya, quien celebra no haber sufrido, en sus 31 años de vida, una situación de racismo.

Pero los atentados de París, la mala imagen del islam en los medios de comunicación y la oleada de refugiados desde Oriente Medio han asustado a una población con una larga historia de convivencia con diferentes culturas y religiones. Reflejo de este miedo son las sucesivas medidas que ahora se están tomando en el país. Entre ellas, la imposición de una multa de 90 euros a todo aquel que se deje una mochila o un bolso en un lugar público, como una estación de tren. La medida se justificó para “evitar el caos entre una sociedad susceptible” por las noticias que llegan de diferentes puntos de Europa y que responden al “vandalismo y el yihadismo que viene acompañando a los refugiados”, señaló la prensa local.

“Me preocupa el debate sobre el multiculturalismo porque la sociedad se está haciendo cada vez más racista, junto a la mala prensa del islam y a la llegada de los refugiados”Jan Jaap de Ruiter, investigador y arabista de la Universidad de Tilburg, se muestra muy escéptico acerca del futuro de la tolerancia en Holanda porque, lamenta, “la gente no quiere problemas y ahora está asustada” por las noticias. “Me preocupa el debate sobre el multiculturalismo a día de hoy, porque la sociedad se está haciendo cada vez más racista, lo que sumado a la mala prensa del islam y a la llegada de los refugiados, hace que la gente se sienta insegura y por consiguiente islamófoba”, intenta justificar este experto.

Y es que ya no se trata solo de las alertas que llegan desde fuera del país, sino de la sucesión de sucesos relacionados con los refugiados que tienen lugar en la propia Holanda y que han acaparado portadas. Por ejemplo, las carpas del mayor campamento de solicitantes de asilo del país, localizado en Nigema, en la frontera con Alemania, están siendo escenario de varias situaciones homófobas que no han gustado ni a las autoridades, ni a los ciudadanos. Organizaciones humanitarias han recibido varias denuncias por parte de refugiados homosexuales que están siendo acosados, agredidos y amenazados de muerte en los campamentos por parte de sus propios compañeros.

Ahora, el Gobierno debate si es conveniente abrir o no centros específicos para las víctimas de las agresiones. Mientras, en Rotterdam, 22 menores de edad, cristianas eritreas, refugiadas en la ciudad, están embarazadas tras haber sido supuestamente violadas. Se desconoce lo que realmente pasó, pero la policía investiga lo que tildó de “tragedia” y ha tomado las medidas necesarias para aislar a las afectadas.

Una familia iraquí pasa ante un cartel donde pone 'Centro de registro' en una base naval de Ámsterdam. (Reuters)Una familia iraquí pasa ante un cartel donde pone ‘Centro de registro’ en una base naval de Ámsterdam. (Reuters)

‘Allochtoon’: señalados por su origen

Las políticas gubernamentales han logrado que los inmigrantes formen parte de la sociedad neerlandesa, pero sus hijos, nacidos y criados en el país, siguen considerados unos ‘allochtoon’, un término un tanto despectivo que se utiliza para señalar a los holandeses que tienen orígenes extranjeros. En muchas ocasiones se lo han llamado a una joven egipcia, de 30 años, que acepta hablar con El Confidencial pero prefiere no decir su nombre. Defensora de su identidad holandesa, señala “un racismo sutil” en la sociedad y asegura que, a pesar de haber “nacido, crecido y colaborado al desarrollo del país, nunca será considerada una más”, sino extranjera.

“Es verdad que hay muchos jóvenes en los Países Bajos que tienen problemas de integración. Tienen doble nacionalidad pero no están dispuestos a contribuir y participar en la sociedad”, insiste, y aconseja a los que “están llegando” aprender el idioma y formar parte de la cultura “sin excusas”.

“Yo soy marroquí, mis padres emigraron primero a Bélgica y luego a Holanda cuando yo tenía ocho años”, cuenta Mariam, ahora en la veintena, mientras se arregla el velo azul que cubre su cabello, y que hace juego con el uniforme laboral del supermercado donde trabaja para pagarse los estudios de Ingeniería. Asegura que a diario atiende a gente de diferentes países, incluso con muchos habla directamente en árabe, la lengua que escucha en su casa. Preguntada por si siente que en el país se promueve la integración de las diferentes culturas y religiones, lo confirma y señala la estantería de comida ‘halal’ (islámica) que expone el supermercado, junto a los alimentos sin gluten.

“Hay que hacer frente a este fenómeno, admitir que está ocurriendo y tomar medidas, pero no se pueden abrir las fronteras sin tener un plan de acogida porque eso está asustando a la sociedad”“Los holandeses no son gente muy acogedora, especialmente cuando no hablas su idioma”, dice Luisa, española residente en Ámsterdam desde hace 15 años y casada con uno de ellos. “Es cierto que hay gente de todos lados, y de diferentes culturas, lo cual es muy interesante, pero es con ellos con quienes te puedes juntar al final, porque los propios holandeses son muy cerrados”, lamenta. Psicóloga, aunque ahora ama de casa, habla un perfecto holandés porque “si no jamás me iba a integrar” y sus hijos son “auténticos” holandeses, “hechos a las bicicletas, al tiempo y a la sociedad”, lo cual, auspicia, hará difícil que pueda volver a España algún día.

A lo largo de su historia más reciente, Holanda ha vivido escenarios críticos que amenazaron seriamente las bases de la tolerancia. En noviembre de 2004, el país quedó consternado tras el asesinato del cineasta y columnista Theo van Gogh, ateo anticlerical, quien fue conocido por sus polémicas y radicales afirmaciones contra los inmigrantes y el islam. Cuando sucedió este crimen, el país aún seguía asustado por el asesinato del carismático político Pim Fortuyn dos años antes, tiroteado en un garaje por Volkert van der Graaf, un activista de derechos de los animales, y lo hizo como represalia a sus políticas y por sus declaraciones contra la inmigración y el islam.

La huella de Geert Wilders

Tanto Van Gogh como Fortuyn empezaron a hablar de “la mala influencia del islam, para abrir un debate sobre esa religión”, recuerda De Ruiter, y explica que juntos hicieron un “buen trabajo” a la hora de romper el silencio sobre ciertos temas. No obstante, estos sucesos no acallaron las voces más criticas, como la del político Geert Wilders, diputado conocido como el ‘Le Pen holandés’ debido a su lenguaje racista.

De él, fundador del Partido de la Libertad, de extrema derecha, se han escuchado perlas sobre homosexuales, rumanos, marxistas, árabes, africanos, asiáticos, refugiados y minorías nacionales. Uno de sus discursos más sonados fue el que pronunció en 2014 ante los seguidores de su partido en La Haya bajo el titulo de ‘Menos marroquíes’. Wilders sí tiene un discurso “racista”, según el experto y arabista, porque “no propone hablar de nuevos temas, debatir o integrar, sino que directamente dice: no quiero esta determinada religión en mi país, o quiero que se vayan de aquí todos los marroquíes”.

En 2011 fue denunciado, juzgado pero absuelto por los cargos de “discriminación y de incitación al odio contra los musulmanes”. Una situación que provocó que la prensa local se preguntase si esto estaba siendo el principio del fin del multiculturalismo holandés. “La islamización de nuestras sociedades es un problema grave y una amenaza a nuestra libertad. Y yo estoy autorizado a decirlo”, dijo orgulloso este político, cuyo grupo representa casi un 12% del Parlamento holandés.

Musulmanes o no, estos inmigrantes llegaron en su mayoría en la década de los cincuenta y sesenta debido a la alta demanda de mano de obra no cualificada. Se quedaron, tuvieron hijos que se casaron y formaron familias en Holanda, y eso era una “situación real que había que tener en cuenta” para dirigir el país, recuerda De Ruiter. Ahora, toca adaptarse a los nuevos tiempos para integrar a los refugiados que huyen de los conflictos en sus países. “Hay que hacer frente a este fenómeno, admitir que está ocurriendo y tomar medidas, pero no se pueden abrir las fronteras sin tener un plan de acogida porque eso está asustando a la sociedad”, afirma el experto, quien recomienda a Europa “organizarse y aprender” de cómo afrontó conflictos anteriores como la guerra de Bosnia en los noventa.

Fuente: ElConfidencial.com