Jaksic: detener más de 20 disparos a Brasil le valió una calle en Montevideo

14.07.2016 – 05:00 H. “¡Samo preko mene mrtvog!” (“tendréis que pasar por encima de mi cadáver”), le espetó a Preguinho después de que el capitán brasileño ...
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14.07.201605:00 H.

“¡Samo preko mene mrtvog!” (“tendréis que pasar por encima de mi cadáver”), le espetó a Preguinho después de que el capitán brasileño lograra de cabeza superar su obstinada resistencia bajo los palos del Parque Central montevideano. Sus compañeros de la selección yugoslava sabían perfectamente que Milovan Jaksic no bromeaba. El gran guardameta de origen montenegrino llevaba más de una hora achicando balones del área balcánica con intervenciones inverosímiles a remates de la poderosa armada ‘canarinha’, con el viento en contra desde que a la media hora de juego los ‘plavi’ les sacudieran el morro por segunda vez con una brillante maniobra en el interior del área del ariete Ivica Bek. 

El inesperado 0-2 con el arrancó aquel 14 de julio de 1930 el duelo inaugural del grupo B en el primer Mundial de la historia puso en el disparadero al célebre portero del Soko, uno de los tres grandes clubes en el Belgrado de la época (junto al Jugoslavia y el BSK). Cuando al ratito de iniciarse el segundo período los pupilos de Bosko Simonovic se quedaron sin gasolina, ‘Jakse’ se ajustó el cuello vuelto de su jersey negro atisbando la que se le venía encima. Ya había dejado muestras de su impenetrabilidad a lo largo del primer acto con tres atajadas de relumbrón, pero sería la obra de arte que cincelaría tras el paso por vestuarios la que le llevó a ganarse un lugar de honor en la historia de un deporte que aún se encontraba en pañales. 

Cerrada ovación

La desesperación de Pindaro de Carvalho en el banco rival crecía a medida que el legendario meta nacido en Kolasin activaba sus ‘gadgetobrazos’ para desviar o detener la interminable batería de cañonazos que le dispensó el once de Brasil, que había llegado al puerto de Montevideo presumiendo de su infalible ‘fútbol-samba’, convencido de que no habría rival en su camino que pudiera impedir llevarse de vuelta a casa el primer título mundial en juego. Obviamente que desconocía la existencia del hijo mayor de Radoslav y Miruse Jaksic, cuyo padre había muerto a manos del ejercito austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial. 

La ofensiva de los sudamericanos se intensificó después de acortar distancias, pero no hubo modo de equilibrar la balanza porque enfrente tenía un muro de contención que volaba de un palo al otro para evitar lo que parecía inevitable. Más de veinte remates sacó con su agilidad felina Jaksic, bautizado desde aquella gloriosa tarde soleada del invierno austral como ‘el grande Milovan’ por la afición uruguaya, que tras el pitido final rindió pleitesía al gran héroe eslavo con una ovación cerrada que se prolongó durante varios minutos. 

En el mejor once

El impacto de tan sublime actuación, la más intensa y completa de un portero en una fase final de la Copa del Mundo, no sólo fue clave para que Jaksic fuera incluido en el mejor once del campeonato: el municipio de Montevideo le dedicó una calle para conmemorar su festival de ‘voladas’ en el barrio de La Blanqueada, muy cerquita de la vieja cancha de Nacional, donde había tenido lugar su espectacular puesta en escena. Su nombre, ‘el grande Milovan’, como no podía ser de otra manera, dejó un poso inolvidable en la memoria colectiva del pueblo uruguayo, que días más tarde celebró con algarabía y regocijo los seis tantos que La Celeste endosó a Jaksic en semifinales, en uno de los más infames ejercicios de parcialidad en los anales de la competición.

Amenazado de muerte por los integrantes del once charrúa y los casi 80.000 espectadores que abarrotaban las gradas del estadio Centenario, el trencilla brasileño Gilberto Rego anuló sin venir a cuento un gol a los europeos cuando ganaban 0-1; concedió un par de ellos en fuera de juego a los locales e incluso validó la tercera diana uruguaya a pesar de que Juan Anselmo fue asistido por un agente de policía que custodiaba uno de los fondos. En señal de protesta por el ‘atraco’ sufrido, el secretario general de la Federación Yugoslava, Mihailo Andrejevic, retiró de la competición a los ‘Icici’ (apodo por el que se conocía a los balcánicos en su tierra a causa de la terminación de casi todos sus apellidos), que no disputaron oficialmente el duelo por el tercer y cuarto puesto con los Estados Unidos. 

La película

Sí lo harían, de forma privada, en el amplio jardín del hotel en el que estaban alojadas ambas selecciones. Con bolsos y chaquetas haciendo las veces de postes, los ‘brasileños de Europa’ volvieron a dejar en lo más alto el pabellón de su continente con una última victoria, la tercera del torneo, en la que, además del joven prodigio Aleksandr Tirnanic y el genial ‘Mosha’ Marjanovic, volvió a brillar con sus paradas el eterno Milovan. 

Sus hazañas, así como las del resto de integrantes del equipo yugoslavo en ese primer Mundial fueron llevadas a la gran pantalla hace un par de años por el director serbio Dragan Bjelogrlic en la película ‘Montevideo, vidimo sei’ (‘Hasta luego, Montevideo’). Un hermoso relato de fútbol ataviado de connotaciones sociales y políticas de la época que batió récords de taquilla en los cines de Serbia, Montenegro, Macedonia, Croacia y Eslovenia.

Fuente: ElConfidencial – Deportes