Jeb Bush, la campaña millonaria que no llegó a despegar

19.02.2016 – 05:00 H. Cuando el presentador Sean Hannity preguntó a Jeb Bush qué opinaba de Donald Trump, éste respondió riéndose. Una risa ...

19.02.201605:00 H.

Cuando el presentador Sean Hannity preguntó a Jeb Bush qué opinaba de Donald Trump, éste respondió riéndose. Una risa condescendiente, como quien se ríe de la observación ingenua de un niño. ¿Donald Trump? Corría el mes de junio y Bush comenzaba su campaña presidencial armado con 100 millones de dólares, un récord histórico. Lo tenía todo a su favor: el partido, el dinero, la experiencia y el nombre. Porque la saga de los Bush se remonta al amanecer industrial de América.

Desde Samuel P. Bush y el primer George H. W., los Bush han hecho fortuna de la guerra, la banca, el petróleo y el deporte. Han tenido puestos en la Reserva Federal, el gobierno de dos estados y dos presidencias. Es la dinastía política más prominente del país “con excepción de los Kennedy”. Su versión republicana y protestante con sede en Kennebunkport, Maine, desde hace más de un siglo.

Así empezó Jeb Bush su campaña, en una nube de aplausos, bajo el sol de Florida, mirando, quizás, al otoño de 2016.

El sueño fue breve. Este mes, el mismo Jeb Bush, durante un discurso en New Hampshire, tuvo que pedir por favor a su audiencia que aplaudiese. Literalmente. Venía de gastar 2.800 dólares por votante en los caucus de Iowa, 11,2 veces más que lo invertido por el ganador, Ted Cruz. 14 millones de dólares por un 2,8% de los sufragios que le dieron la sexta posición; por detrás incluso del senador Rand Paul, que suspendió su campaña al día siguiente.

A estas alturas, su caso encaja perfectamente en una carrera presidencial “llena de sorpresas”, como dice la politóloga Kay Schlozman, profesora en el Boston College. “No conozco a ni un solo analista político que esperase ver a Donald Trump y a Ted Cruz como los republicanos más viables, ni el tamaño de la debilidad de Jeb Bush”, declara a El Confidencial. “Jeb Bush empezó con dos enormes ventajas, a menudo decisivas: muchos apoyos de políticos y gente influyente y mucho dinero. De acuerdo al patrón político de Estados Unidos, el candidato que llega a las primarias con más dinero y más apoyos es el que acaba siendo el nominado del partido. Ahí estaba Jeb Bush”.

Jeb Bush durante un mitin en el mercado de agricultores en Florence, Carolina del Sur (Reuters).Jeb Bush durante un mitin en el mercado de agricultores en Florence, Carolina del Sur (Reuters).

Michael McDonald, experto en campañas electorales y profesor asociado en la Universidad de Florida, añade que “el ‘establishment’ republicano quería invertir dinero en Bush por dos razones: para ellos sería muy difícil ganar las elecciones sin Florida. Y como exgobernador, habrían esperado que Bush les diese ventaja en el estado. La segunda razón es que el partido, tras las elecciones de 2012, condujo lo que llamaron una ‘autopsia’ para entender su mal resultado, e identificaron, entre otras cosas, la falta de apoyo entre los latinos. Y Jeb Bush es más moderado que otros candidatos en inmigración, habla español, su mujer es latina… Tiene potencial para llegar a ellos”.

La pompa de Bush se aloja en los mejores hoteles del país y gasta mucho más en asesores: ocho millones de dólares, el cuádruple que Cruz y cinco veces más que Trump

Luego, la realidad. El jumbo de los Bush no ha logrado despegar; sigue en tierra, dilapidando dinero a manos llenas. El pasado enero, su campaña se había gastado 82 millones de dólares en anuncios, frente a los 5 millones que invirtió Donald Trump y los 11 de Ted Cruz. Sólo entre junio y septiembre del año pasado, pagó 1,2 millones de dólares en vuelos privados, casi el doble que Hillary Clinton. La pompa de Bush se aloja en los mejores hoteles del país y gasta mucho más en asesores: ocho millones de dólares, el cuádruple que Ted Cruz y cinco veces más que Trump.

Pero Jeb Bush está hoy a la cola de las encuestas en Carolina del Sur; cuarto (8%), según los sondeos de Fox News, y último (4%) para la de NBC News y Wall Street Journal. Ni siquiera gana en Florida. Donald Trump le supera a él y a Marco Rubio, senador del estado. “Estas elecciones han acabado con la idea de que algunos candidatos tienen ventaja sobre otros en base a su experiencia”, continúa Michael McDonald. “El electorado está desconectado, enfadado; y están ganando los candidatos que pueden aprovechar la frustración de los americanos con la política”.

“Por todas partes América está bastante enfadada”, dice Kay Schlozman. “Sí, hay una recuperación económica, pero no ha traído mejores expectativas para muchos trabajadores. Hay mucho enfado y poco margen para los moderados”.

Luego está el factor Jeb Bush en sí. El segundo de los hermanos Bush se no posee el aura ascética del padre, George H. W., serio, enjuto, ni la cercanía rústica del hermano mayor, George W., cómodo con su acento sureño. Jeb Bush habla un inglés más llano, “como de telediario”, según expertos en comunicación, y da otra imagen física, más suave, modesta y bronceada.

George W. Bush junto a su hermano Jeb en un mitin en North Charleston (Efe).George W. Bush junto a su hermano Jeb en un mitin en North Charleston (Efe).

Jeb Bush se licenció en Política Latinoamericana y se casó a los 20 años con una mexicana, Columba Garnica Gallo; a los 27 se mudaron a Florida para vivir del sector inmobiliario. En 1984, con 31, dio el salto al gobierno estatal como secretario de Comercio. En 1994 perdió las elecciones a gobernador y en 1998 las ganó con una campaña que bien podría ser demócrata. Bush sondeó el voto de las minorías e prometió reformas educativas que no gustaron a segmentos de su partido.

Sus ocho años de gestión estuvieron marcados por el conservadurismo social y el crecimiento económico. Entre 2001 y 2009, Florida restringió el aborto, prohibió la investigación con células madre, redujo el funcionariado y relajó el uso de las armas de fuego en defensa propia. La economía creció un 7,2% anual de media, por encima del resto del país, se crearon 1,32 millones de empleos y los ahorros estatales aumentaron un 654%. Bush acabó con un 64% de popularidad.

Algo falla con el precandidato, dice Schlozman: su escasa habilidad para el cara a cara con los votantes y su aire de ‘policy wonk’: alguien diestro con los detalles abstractos de la política, pero sin presenciaAlgo falla con el precandidato, dice Schlozman: su escasa habilidad para la “política minorista”, el cara a cara con los votantes, como en las primarias, y su aire de ‘policy wonk’: alguien diestro con los detalles abstractos de la política, pero sin presencia. “Él está fuera de tono y le faltan algunas de las capacidades para conectar que se necesitan en estas circunstancias. Está claro que la ‘política minorista’ no está funcionando con Jeb Bush. Y no tiene una gran boca como Trump”.

Y Donald Trump lo sabe. Como buen depredador, localiza la parte blanda de su presa y le da una dentellada. Jeb Bush ha sido, con diferencia, la víctima número uno de los insultos del magnate, según la contabilidad que lleva ‘The New York Times’. Le ha llamado “el más débil con diferencia”, “un desastre total”, “una total vergüenza para él mismo y para su familia” y ha dicho muchas veces que tiene “poca energía”.

En las últimas semanas Jeb ha invocado el nombre de su familia. El expresidente George W. Bush volvió al escenario por primera vez desde 2009 para tender un cable a su hermano pequeño. La madre de ambos, Barbara Bush, pese a declarar en 2013 que no quería que su otro hijo se presentase a presidente (“Ya hemos tenido suficientes Bush”), protagonizó un breve anuncio de apoyo que fue atacado por Trump: “Tuvo que traer a su mamaíta para que me diese una bofetada”.

Este miércoles fue un mal día para el precandidato. La gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, apoyó públicamente a quien había sido el protegido de Bush: el senador Marco Rubio. Luego dio un mítin empañado con improperios y bromas sobre su campaña. Le volvieron a preguntar por Donald Trump. Esta vez, Bush no se rió. “Soy el único que va a por él y no creo que sea intimidatorio, es un matón. [Hay que] devolverle el puñetazo en la cara”.

Para Michael McDonald, la única posibilidad de Bush es que los otros moderados, Marco Rubio y John Kasich, suspendan su campaña, y así poder absorber sus votos. “Incluso si sOlo quedase un candidato del ‘establishment’ (…) parece que, en este punto, no sería suficiente para ganar a Trump”.  

Fuente: ElConfidencial.com