La Argentina de Macri: 20.000 funcionarios menos, subida de la luz del 500%

18.02.2016 – 05:00 H. Si alguien pensó que el nuevo presidente de los argentinos, Mauricio Macri, se mostraría prudente en sus decisiones para impedir que ...

18.02.201605:00 H.

Si alguien pensó que el nuevo presidente de los argentinos, Mauricio Macri, se mostraría prudente en sus decisiones para impedir que la (casi) mitad de los votantes que no le eligió no tomara las calles en su contra, se equivocaba. A dos días de asumir el poder el 11 de diciembre, Macri devaluó la moneda un 40% y acabó de ese modo con el mercado paralelo de la divisa que se había instalado en los últimos años del kirchnerismo. Si bien una devaluación nunca es popular, Macri daba cumplimiento a una de sus principales promesas electorales: liberar la compra de dólares.

Si la devaluación es o no exitosa solo se sabrá en unos meses, cuando se compruebe si se ve superada o no por la inflación, que en los últimos años ha rondado el 25 o 30% anual, pero amenaza con aumentar estos primeros meses del año. No ayuda la eliminación de los subsidios generalizados a la luz y el gas: el Gobierno ya ha anunciado que el próximo recibo de la luz llegará con aumentos de más del 500%.

Con la misma rapidez, el equipo de Macri anunció la eliminación de las retenciones a las exportaciones de cereales, así como una reducción del 30 al 5% en las retenciones a la soja, una de las principales fuentes de divisas para Argentina. Más recientemente, Macri ha anunciado la eliminación de las retenciones a las empresas mineras, que hasta ahora abonaban un 5% a las arcas del Estado. Sin embargo, ese Gobierno que tan activo ha sido desde el primer día en la Casa Rosada no ha anunciado ninguna medida en materia social, laboral o educativa, más allá de un pago único a los perceptores de la Asignación Universal por Hijo.

Poco dialogante

De lo que no hay duda es de que todas las decisiones anteriores son coherentes con la línea ideológica del nuevo Gobierno, que llegó con un claro programa económico. “Macri hizo todo lo que dijo que iba a hacer en materia económico financiera (devaluación y eliminación del mercado paralelo de divisa, reingreso de Argentina a los mercados financieros internacionales, eliminación de subsidios y disminución de impuestos para las empresas) y todo lo que no iba a hacer en materia político-institucional”, como escribe José Natanson en el último editorial de la edición local de ‘Le Monde Diplomatique’.

En efecto, si durante la larga campaña electoral Macri se mostró como un hombre dialogante y sensato, en contraste con la beligerancia discursiva de Cristina Fernández de Kirchner, una de sus primeras decisiones al llegar al poder fue nombrar por decreto dos jueces para la Corte Suprema, y desde que es presidente ha despedido a más de 20.000 funcionarios públicos; en protesta, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) ha convocado una huelga general el 24 de febrero.

También por decreto, el macrismo realizó sustanciales reformas a la polémica Ley de Medios de 2009, con la que Cristina Fernández inició una guerra sin cuartel con el poderoso Grupo Clarín. La ley reducía la cantidad de licencias que un mismo grupo empresarial puede acumular y dividía el espacio radioeléctrico en tres partes iguales entre el Estado, el sector privado y las organizaciones sin fines de lucro.

A fuerza de decretos, Macri sortea la necesidad de dialogar con un Congreso dividido, y se acerca a lo que algunos analistas han llamado “hiperpresidencialismo”. Los decretos de necesidad y urgencia son mecanismos previstos en la Constitución argentina si “circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos (…) para la sanción de las leyes”.

Manifestantes marchan hacia la Plaza de Mayo durante una protesta contra las medidas económicas de Macri. (Reuters)Manifestantes marchan hacia la Plaza de Mayo durante una protesta contra las medidas económicas de Macri. (Reuters)

Política exterior y seguridad

También claro ha sido el nuevo lineamiento en política exterior. Nada más llegar a la Casa Rosada, Macri arremetió contra el Gobierno venezolano por los “presos políticos”, y así dejó claro que la nueva Argentina ya no se alinea con el bloque ‘bolivariano’ (Venezuela, Bolivia, Ecuador) sino con los gobiernos conservadores que, mucho más funcionales a los intereses de Washington, forman parte de la Alianza del Pacífico (Colombia, México, Perú, Chile).

De puertas para dentro, el argumento de la lucha contra el narcotráfico ha servido para justificar una mayor presencia de las fuerzas de seguridad del Estado en las villas o barrios populares, donde las comunidades han denunciado reiteradamente los abusos que comete la policía y el riesgo de militarización de los barrios.

Por el momento, este caluroso mes de febrero, en Buenos Aires, la situación es de tensa calma. Se han sucedido algunos actos de protesta contra el cariz del nuevo Gobierno, pero no con gran intensidad, tal vez porque una buena parte de los porteños siguen de vacaciones veraniegas. La presión en las calles podría recrudecerse en las próximas semanas, cuando los diferentes sindicatos inicien los procesos de negociación colectiva. Macri ya les ha pedido “prudencia”, pero probablemente exigirán incrementos salariales acordes a la inflación esperada.

Mientras tanto, lo que nadie puede negar a Macri y su equipo es habilidad política. En apenas un par de meses, un partido político que hasta el año pasado solo tenía presencia en la municipalidad de Capital Federal de Buenos Aires se ha hecho con la hegemonía de la derecha argentina y como el único partido capaz de hacerle frente al peronismo, frente a un radicalismo que agoniza. Pareciera que el PRO ha llegado para quedarse, o al menos esa derecha modernizada que representa, con un discurso desideologizado, tecnócrata y teñido de “eficiencia” empresarial. 

Fuente: ElConfidencial.com