La batalla entre hermanos que cambió el rumbo de un país

25 de septiembre de 2010. Manchester. Medio día. Ed Miliband se convierte en el nuevo líder del Partido Laborista. Su candidatura no ha sido la más votada ...

25 de septiembre de 2010. Manchester. Medio día. Ed Miliband se convierte en el nuevo líder del Partido Laborista. Su candidatura no ha sido la más votada ni entre los afiliados ni entre los diputados. Pero los sindicatos le dan la victoria. Cuando se anuncia el resultado, los vítores en la sede del Partido Conservador se escuchan en toda la calle de Matthew Parker. Con Ed como rival, los tories dan casi por sentada una segunda legislatura. Al fin y al cabo, era David, su hermano mayor, el guapo, el que contaba con telegenia, el conocido por su papel como ministro de Exteriores, el favorito en las encuestas.

Han pasado casi cinco años desde aquel día y los británicos se enfrentan ahora a unas de las elecciones generales, según los expertos, “más reñidas de las últimas décadas”. Los sondeos dan un empate técnico a los dos partidos mayoritarios para la cita del próximo 7 de mayo. Sin embargo, cuando a los votantes se les pregunta a quién prefieren como primer ministro, David Cameron suele sacar 20 puntos de ventaja al líder de la oposición.

¿Se equivocaron los laboristas de hermano? Desde luego, la batalla fraternal no pudo estar más igualada: Ed logró un 50,65% de los votos y David un 49,35%.

Las dudas han regresado como un fantasma del pasado a los cuarteles laboristas. Y los debates televisados las han puesto encima de la palestra. Cuando el feroz y temido periodista Jeremy Paxman espetó a Ed, sin tapujos, que “la gente cree que su hermano hubiera sido más eficaz como líder” –frase que ocupó todos los titulares– este respondió: “Obviamente, yo lo veo de otra manera. En este trabajo se necesita mucha tenacidad. Me han atacado mucho a lo largo de estos cinco años, pero me considero un tipo bastante resistente. Me han subestimado a cada paso. La gente decía que no iba a convertirme en el líder y lo hice. Y ahora muchos piensan que no puedo convertirme en primer ministro. Pero lo voy a conseguir”.

Desde luego, perseverancia no le falta. Es más, sus asesores de campaña le han sugerido que no acuda a todos los debates televisados (David Cameron, por ejemplo, sólo ha participado en dos de cuatro) porque existe el riesgo de “desgastarse”. Pero él se considera un happy warrior (‘guerrero feliz’) y está dispuesto a luchar hasta el final.

Ed Miliband durante un acto de campaña en el norte de Londres (Reuters).Ed Miliband durante un acto de campaña en el norte de Londres (Reuters).

“Tony quiere esto y lo quiere rápido”

Al fin y al cabo, de algo tenía que servir la contienda que se vivió en la familia. Aunque los hermanos ya estaban acostumbrados, de alguna manera, a las guerras civiles. Ambos vivieron especialmente de cerca el enfrentamiento Blair-Brown. Cuando David era ya una de las figuras importantes del círculo del enviado del Cuarteto para Oriente Medio, Ed entró como ayudante junior en la oficina del ministro de Economía. La tensión que vivían sus jefes se trasladó a ellos de manera inevitable.

Sus colegas aún recuerdan cómo los emails que se enviaban eran tan sólo para mandar órdenes como “Tony quiere esto y lo quiere rápido”, sin ningún tipo de saludo o despedida afectuosa. Sobre todo por parte de “Mili-D”, ya que “Mili-E” (apodos que les pusieron) siempre fue más sensible.

Durante mucho tiempo David fue considerado la mejor opción para suceder a Gordon Brown. Su círculo más íntimo y el propio Tony Blair le animaron para retar al escocés cuando este tuvo vía libre para el número 10. En 2008, cuando el entonces premier se encontraba en sus índices más bajos de popularidad, sus aliados le volvieron a pedir que se presentara para el puesto. Pero después de muchos titubeos, “Mili-D” pensó que aún no era el momento y no fue hasta después de las elecciones de mayo –catastróficas para los laboristas– cuando presentó oficialmente su candidatura.

Su campaña, con diferencia, fue la que recibió más donaciones. En los dos primeros meses recaudó más de 200.000 libras con aportaciones individuales de 50.000 libras, unas cantidades que superaban con creces las donaciones con valor de 15.000 libras que cosechaba su hermano pequeño. Pero “Mili-E” acabó consiguiendo el apoyo de los sindicatos, lo que le convirtió en “Ed el Rojo”. Tras su inesperada derrota, David dejó la política y se marchó a Estados Unidos para dirigir una ONG.

Cuando, en los debates, el público le pregunta por la relación actual entre ambos, Ed insiste en que, en su momento, competir por el liderazgo fue “muy, muy duro”. “Creó ramificaciones en mi familia y en mi relación con él más grandes de las que había podido imaginar”, señala. Ahora asegura que las cosas están “mucho mejor”, aunque se niega a especular sobre si David aceptaría un trabajo en un futuro Gobierno laborista liderado por él.  

Los hermanos se saludan tras la elección de Ed como nuevo líder laborista (Reuters).Los hermanos se saludan tras la elección de Ed como nuevo líder laborista (Reuters).

El reto: “Ganarse a votantes conservadores”

El que fuera asesor laborista, Patrick Diamond, ahora director de investigación del reputado centro de estudios Policy Network, dice que ve “poco probable que David regrese a la escena política”. “Ahora tiene un papel internacional de alto perfil”, explica a El Confidencial.

En cuanto a Ed, asegura que “está conectando bien con la gente y sus calificaciones han mejorado notablemente desde que comenzó la campaña”. “Su mayor reto, sin embargo, es ganar la confianza de los antiguos votantes conservadores, si quiere recuperar los asientos marginales”, señala. Son en estos distritos los que se decidirá el resultado el próximo mes de mayo.

“No creo que en el partido tengan la sensación de haber elegido al hermano equivocado. Es imposible predecir qué hubiera pasado con David. La formación ahora está con Ed. Él ha llevado al partido a una dirección determinada y está relativamente cerca de ganar las elecciones”, matiza. “Si finalmente no lo consigue, habrá que ver si sobrevive como líder. Dependerá mucho de la naturaleza de lo que pase en los comicios. Si terminan con un resultado no concluyente,  podría incluso haber otras elecciones poco después”, añade.

Por su parte, Mark Ferguson, responsable del influyente blog progresista LabourList, asegura que la popularidad de Ed “nunca ha sido fuerte, pero ha mejorado notablemente en los últimos meses”. “A lo largo de los últimos años ha mostrado una clara habilidad para conectar con la gente y a través de sus últimas apariciones en televisión el impacto ha sido más pronunciado”, explica a este diario.

Con respecto a si los laboristas hicieron la elección correcta, recalca que “la gran mayoría de los diputados y activistas están ahora contentos con el líder que tienen”. “No creo que con David Miliband la formación tuviera ahora más oportunidades de ganar las elecciones. David también tenía sus debilidades y habría tenido que afrontar distintos problemas”, recalca.

En efecto, resulta complicado encontrar ahora voces críticas dentro de su círculo, algo entendible a tan sólo tres semanas de la cita con las urnas. Hasta el mismísimo Blair, que en su libro Un viaje acusó entre líneas al menor de los Miliband de situarse demasiado a la izquierda, ha salido ahora en campaña diciendo que es “el hombre correcto para el cargo”.

Ed Miliband camina entre la multitud en un acto electoral en Warwick (Reuters).Ed Miliband camina entre la multitud en un acto electoral en Warwick (Reuters).

“Ed el Rojo” resurge de sus cenizas

Pero es vox populi que dentro de la formación a Ed no se lo han puesto siempre fácil. Según publicaba esta semana el columnista Rafael Behr en The Guardian, durante su primer año como líder de la oposición fue rechazado varias veces en sus esfuerzos para reclutar un jefe permanente de personal. La disciplina de partido era casi inexistente. El gabinete de la oposición estaba lleno de exministros que habían sido anteriormente sus jefes y no estaban dispuestos a convertirse en subordinados. En las reuniones, su autoridad era desafiada abiertamente a través del lenguaje corporal. Y los desprecios llegaban intencionadamente a los oídos de los corresponsales políticos.

Hasta el año pasado, los rumores siguieron protagonizando portadas. En noviembre, a tan sólo seis meses de los comicios, los rotativos llegaron a hablar incluso de rebelión interna. Por aquella época, los sondeos de intención de voto no podían ser más desesperanzadores.

Pero el happy warrior, “Ed el Rojo”, “Mili-E” ha resurgido de sus cenizas cual ave Fénix. Antes del debate de anoche, el propio Nigel Farage, líder del UKIP, dijo que no había que subestimarle. Si finalmente se convierte en primer ministro, lo que ya no está tan claro es que si su hermano David, desde la distancia, celebrará el triunfo.

Fuente: ElConfidencial.com