La cara amarga del “Dubai de América”

Hace mucho que el rio Curundú no se traga una casa. Pero los problemas persisten en este asentamiento, reflejo de las desigualdades de Panamá. En este ...

Hace mucho que el rio Curundú no se traga una casa. Pero los problemas persisten en este asentamiento, reflejo de las desigualdades de Panamá. En este “microcosmos” situado a las afueras de la reluciente City, el gobierno implementó hace dos años un proyecto mediante el cual desalojaron a cientos de familias que vivían en casas de madera elevadas sobre el margen del rio, en situación muy precaria.

Lo mismo se hizo con otras favelas, como el Chorrillo. Esas personas fueron después trasladadas a grandes edificios de colores azul y amarillo, casas de protección oficial que ya muestran su avanzada decadencia. Son afortunados porque muchos otros quedaron en sus chabolas de chapa y madera. Ahora, este nuevo barrio marginal se llama paradójicamente “Nuevo Amanecer”. Son los olvidados.

Con las mejoras urbanísticas también llegó una nueva policía, la Unidad Preventiva Comunitaria inspirada en la Policía Pacificadora de Brasil. Se trata de un nuevo operativo que pretende sustituir a los viejos agentes represivos y corruptos. Según sus propios datos, los homicidios habrían bajado más de un 50 por ciento, desplazando a las pandillas que luchan por el territorio y la venta del crack a otras zonas más alejadas como Felipillo, lejos de la postal idílica de Panamá.

Cuando uno llega Panamá se siente en otro país, rodeado de enormes rascacielos que se alzan en el horizonte. Es la “Dubái de América”, nos dice el taxista. El problema es que ese mismo chófer gana 300 dólares al mes. El sueño panameño sólo es real para unos pocos.

Ese mismo chófer gana 300 dólares al mes. El sueño panameño sólo es real para unos pocos

El lema de la Cumbre de las Américas que se celebra estos días, es “Prosperidad con Equidad”, todavía una utopía para la mayoría de los países del continente americano. Y es que durante la última década la pobreza disminuyó en la región pero la desigualdad también aumentó.

Un ejemplo claro de cómo “el goteo” no llega al pueblo es la misma Ciudad de Panamá, que durante años ha estado creciendo a niveles “chinos”; donde las grúas siguen trabajando a plena máquina y donde constructores, bananeros y banqueros se frotan las manos.

Se han realizado grandes esfuerzos y Panamá es uno de los estados que más ha disminuido la pobreza, pero sigue teniendo uno de los peores niveles en lo que a distribución de la riqueza se refiere, solo superado por Haití en la región. Las venas sangran menos pero siguen abiertas en América Latina.

Fuente: ElConfidencial.com