La carta que ha desatado una nueva ola de represión en China

28.03.2016 – 19:52 H. La mañana del pasado 4 de marzo, es probable que a alguien dentro del Departamento de Propaganda del Partido Comunista Chino se le ...

28.03.201619:52 H.

La mañana del pasado 4 de marzo, es probable que a alguien dentro del Departamento de Propaganda del Partido Comunista Chino se le atragantara el desayuno. El día anterior había comenzado el evento político conocido como “dos sesiones”: las reuniones anuales del Parlamento chino y de su principal órgano consultivo. Con toda la élite política china concentrada en Pekín y los órganos de seguridad en alerta máxima ante el más mínimo signo de disidencia, ocurrió algo impensable. Un oscuro portal de noticias llamado Wujie News, propiedad de la empresa SEEC Media Group, el gigante del comercio electrónico Alibaba y el gobierno regional de Xinjiang, publicó una explosiva carta en la que se pedía la dimisión del presidente del país, Xi Jinping. La firmaba un grupo de “miembros leales del Partido Comunista”.

Durante los últimos días, y con el secretismo habitual, las autoridades chinas habrían detenido a más de veinte personas, según diversas fuentes. De entre todos ellos, sólo el columnista chino Jia Jia ha sido puesto en libertad, tal como confirmó el sábado su abogado. Mientras, distintos periodistas y directivos de Wujie y una decena de empleados de una firma tecnológica relacionada con la misma permanecen desaparecidos.

La carta acusa a Xi Jinping de “excesiva concentración de poder” y de “debilitar los órganos de estado”

La carta reconoce algunos logros de la administración de Xi Jinping: lucha contra la corrupción, liderazgo personal en varias iniciativas reformistas, medidas para impulsar el desarrollo económico. “Esos esfuerzos”, admiten los firmantes, “no nos pasan desapercibidos”. Sin embargo, inmediatamente después se embarca en una extensa letanía de errores graves, arbitrariedades y abusos de poder. Sus responsables piden la dimisión de Xi, no sólo “en consideración a la causa del Partido, a la nación y al pueblo”, sino también, en una amenaza más o menos abierta, “en consideración a su seguridad personal y a la de su familia”.

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Estos supuestos miembros leales del Partido acusan a Xi Jinping de acumular una “excesiva concentración de poder”, de “debilitar el poder independiente de todos los órganos de estado” y de “crear un nuevo sistema que ha sembrado la confusión en el proceso de toma de decisiones”. Critican la falta de dureza con Corea del Norte, que habría permitido “la consecución de pruebas nucleares exitosas”, así como la permisividad con “el retorno de Estados Unidos a Asia” y el progresivo alejamiento de Hong Kong y Taiwán.

El ataque sigue en el frente económico, donde lamentan “el enorme número de despidos en empresas estatales” y la “colocación de una cantidad descomunal de divisas en países y regiones caóticos”. Y para la esfera ideológica, quizás la más peliaguda, reservan un veredicto demoledor: “Su condonación de un culto a la personalidad, su rechazo a lo que califica como críticas inadecuadas al gobierno central y su método de un Partido con una sola voz llenan de preocupación a todos los que vivimos la Revolución Cultural. Nuestro Partido, nuestro país y nuestro pueblo no pueden permitirse otra década de calamidades”.

El periodista chino Jia JiaEl periodista chino Jia Jia

Detenciones de familiares

La reacción inmediata fue la esperable: eliminación del texto y cese de la actividad independiente de Wujie, que desde entonces sólo publica textos de la agencia oficial de noticias Xinhua. La presunta ola de arrestos (de la que las autoridades no han dicho ni una palabra) también constituiría una respuesta habitual a un desafío público de este tipo. El activista chino Wen Yunchao, que actualmente vive en Nueva York, reveló el pasado viernes que sus padres y su hermano, residentes en China, también estaban detenidos. “Ni yo ni mi cuñada sabemos dónde están, y las autoridades no nos han ofrecido ninguna explicación sobre por qué los han apresado”, denuncia por correo electrónico. El disidente publicó un enlace al texto en su cuenta de Twitter el pasado 12 de marzo, y afirma que desde entonces el gobierno le ha presionado a través de su familia para que proporcione información sobre la procedencia de la misiva. Sin embargo, Wen asegura que desconoce la identidad de los autores, y niega cualquier conexión con ellos.

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El domingo, Chang Ping, un periodista chino exiliado en Alemania, también denunció que sus dos hermanos y una hermana fueron detenidos cuando viajaban a su ciudad natal a celebrar el cumpleaños de su padre. El 19, Chang había publicado un artículo en Deutsche Welle en el que criticaba el arresto del activista Jia Jia. Él también cree que las autoridades están intentando presionarlo a través de su familia para que revele información que dice no tener. “No tengo ninguna conexión con esta carta abierta”, ha dicho en un comunicado, “no me he metido en las disputas internas del Partido ni tengo interés alguno en hacerlo”. El periodista añade que “cada ciudadano tiene la libertad de comentar o criticar las actividades políticas de los líderes estatales”.

La carta ‘refleja la insatisfacción respecto a algunas políticas de Xi Jinping, como el culto a su personalidad’ según el activista chino Wen Yunchao

Haciéndose eco de la noticia, William Nee, especialista en China de Amnistía Internacional, ha pedido a Pekín que “detenga la persecución política contra los sospechosos de escribir la carta abierta y libere a todos los detenidos en relación a ella”. Por su parte, Wen califica de “desproporcionadas, ilegales e inhumanas” las medidas tomadas por el gobierno, y cree que la aparición de la petición pone de manifiesto la crisis de liderazgo de Xi Jinping y del propio sistema político chino. “Refleja claramente la insatisfacción dentro del país respecto a algunas políticas de Xi Jinping, incluido el culto a su personalidad y la excesiva concentración de poderes [por parte de Xi]”, explica a El Confidencial.

La misiva es extremadamente singular por varias razones: la crudeza con la que ataca, señalando con nombre y apellidos, a la máxima autoridad del país; su publicación durante un periodo tan sensible como las dos sesiones y el hecho de que apareciera en una página web vinculada a un gobierno regional. Steve Tsang, director del Instituto de Política China de la Universidad de Nottingham, cree que “es probable que quien la colgó no se hubiera atrevido sin al menos algo de apoyo de algún alto cargo dentro del sistema. Por supuesto, hay una alternativa, que es que la web fuera hackeada, pero en cualquier caso, el episodio refleja que hay una resistencia significativa al enfoque de Xi Jinping a la hora de gobernar y controlar China.”

Posters del Presidente chino Xi Jinping en Shanghai, el 26 de marzo de 2016 (Reuters)Posters del Presidente chino Xi Jinping en Shanghai, el 26 de marzo de 2016 (Reuters)

“Lealtad absoluta”

Por si fuera poco, éste no fue el único incidente relacionado con censura y libertad de expresión que recogieron los medios internacionales durante la celebración de las dos sesiones. El pasado día 11, un empleado de la agencia Xinhua publicó en internet, firmando con su nombre y apellido, un texto en el que criticaba “que el debate en internet ha sido suprimido de manera masiva y la libertad de expresión ha sido violada hasta un grado extremo”. Tampoco duró mucho colgado.

En un episodio todavía más rocambolesco, el día 3 la revista Caixin, famosa por jugar al límite en los temas que toca, subió a su web una entrevista con un delegado de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, una especie de Senado, en la que se quejaba de la falta de tolerancia a la crítica de los órganos centrales. Dos días después, la Administración del Ciberespacio de China borró el artículo. Caixin contraatacó inmediatamente con otro texto, en su página en inglés, en el que denunciaba el episodio, y en el que el mismo delegado, Jiang Hong, calificaba la censura como “alucinante y terrible”. El artículo también fue eliminado a las pocas horas.

En 2017 tendrá lugar el 19º Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, donde se verá el poder real que tiene Xi Jinping

Estos incidentes se producen menos de un mes después de un publicitadísimo tour de Xi Jinping por los tres principales medios de comunicación estatales de China: la agencia Xinhua, el Diario del Pueblo y la televisión CCTV. En dicho tour, Xi pidió abiertamente “lealtad absoluta” de los medios estatales al Partido, una formulación directa de una doctrina, cada vez más evidente, de tolerancia cero a las críticas. David Bandurski, investigador de la Universidad de Hong Kong especializado en medios de comunicación chinos, señala a El Confidencial que “siempre ha habido una tensión dentro del sistema entre los que piden más libertad de expresión y los que creen que los controles propagandísticos son esenciales para la estabilidad. La diferencia ahora, con Xi Jinping, es que estamos viendo una erosión del espacio limitado que había para las opiniones disconformes”. Bandurski concluye que “hubo un momento en el que los periodistas podían, a pesar de los controles, publicar ciertas historias y tocar ciertos temas, pero en los últimos meses se ha convertido en algo virtualmente imposible”.

En 2017, el Partido Comunista Chino celebrará su decimonoveno Congreso Nacional, en el que se producirá un relevo parcial de su cúpula dirigente. Aun teniendo en cuenta la opacidad que caracteriza a los movimientos tectónicos de las élites políticas chinas, es probable que las maniobras para auparse a las posiciones de arriba lleven tiempo en marcha. El Congreso será un termómetro útil para valorar el control real que Xi Jinping tiene del aparato del Partido. “Hay resistencias”, señala Steve Tsang, “pero no sabemos si cristalizarán en el Congreso, algo que dependerá en buena medida del comportamiento de la economía”. Según el académico, el tour del presidente chino por los medios y el creciente control del discurso público son signos de inseguridad: “si supiera que su posición es segura, que los medios están siguiendo sus directivas, que son leales, no tendría que decir estas cosas. No está en ese punto. Su control no es tan fuerte como a él le gustaría”.

Fuente: ElConfidencial.com