La cesión de Merkel ante Erdogan desata una crisis en la gran coalición de Alemania

18.04.2016 – 20:16 H. La canciller compareció con una de sus habituales chaquetas monocolor. Pero con un gesto más serio de lo normal. Era evidente que no ...

18.04.201620:16 H.

La canciller compareció con una de sus habituales chaquetas monocolor. Pero con un gesto más serio de lo normal. Era evidente que no estaba cómoda leyendo ese comunicado de apenas cinco minutos. Su Gobierno, dijo, había decidido conceder el permiso especial necesario para que la justicia alemana pudiese perseguir, por un presunto delito de injurias a un alto cargo u organismo extranjero, a Jan Böhmermann. El cómico había recitado un poema satírico cargado de obscenidades y acusaciones contra Recep Tayyip Erdogan. Y el presidente turco, que lleva años castigando a la prensa disidente en su país, exigió su cabeza.  

Ankara rebuscó entonces en el código penal alemán y dio con el artículo 103 que, más allá del delito de injurias, recoge una opción especial para cuando los insultos se dirigen al representante de un país extranjero. El punto tenía además un pequeño premio para Erdogan, porque exigía primero que el Ejecutivo en Berlín diese luz verde. Turquía solicitó el permiso para emprender acciones legales y Berlín, tras una larga semana estudiando la petición, finalmente accedía a través de la delicada comparecencia de Merkel. “En un Estado de Derecho la justicia es independiente”, argumentó la canciller, que destacó que el motivo para no oponerse era que en una cuestión legal “la última palabra” la deben tener los tribunales y no el Ejecutivo.

Merkel ha cosechado grandes críticas de la opinión pública, los medios y todos los partidos políticos, porque ha cedido en una cuestión clave -las libertades ciudadanas en una democracia- ante un Erdogan embarcado en una deriva autoritariaMerkel hablaba mirando obviamente a Erdogan, que le había puesto en un terrible brete. Pero también se dirigía así, con pedagogía democrática, a su audiencia en casa, intentando resultar convincente en un asunto terriblemente espinoso donde no había opciones totalmente buenas y malas.

Por un lado, recordó que Turquía es un “estrecho socio”, ya que en Alemania viven millones de turcos, pero también porque ambos están integrados en la OTAN y porque Ankara desea entrar en la UE. Lo que curiosamente no citó en este apartado fue la dependencia europea de Turquía en la crisis migratoria, el elemento que están esgrimiendo los medios de forma machacona y la principal preocupación de su Gobierno desde hace meses. Por otro lado, la canciller resaltó en esta misma comparecencia la “gran preocupación” de su Gabinete ante el estado de la libertad de prensa en general en Turquía y ante la situación de algunos periodistas en particular.

El argumentario de Merkel no ha calado en un país que la tiene desde hace años como una de sus políticas mejor valoradas. La decisión se ha recibido entre grandes críticas de la opinión pública, los medios de comunicación y todos los partidos políticos (excepto del bloque conservador de la canciller). El rechazo va mucho más allá de una defensa del poema en sí y de su autor, porque se entiende en amplios sectores como una cesión en una cuestión clave -las libertades ciudadanas en una democracia- ante un personaje, el presidente turco, embarcado en una deriva autoritaria. A pesar de que los alemanes desean, mayoritariamente, que se reduzca de forma sensible el número de refugiados que llega al país.

Captura de pantalla del vídeo en el que Jan Böhmermann lee su poema satírico.Captura de pantalla del vídeo en el que Jan Böhmermann lee su poema satírico.

Grietas en la gran coalición

Las grietas no se quedan en la mera superficie de los sondeos de opinión de la semana y han tocado el núcleo de la gran coalición, que desde finales de 2013 funcionaba de forma razonablemente fluida, a excepción de algunos episodios durante la crisis de los refugiados. Si la líder conservadora reconoció en su discurso que “hubo diferentes puntos de vista entre los socios” que sustentan el Gobierno, poco después los socialdemócratas convocaron a los medios de urgencia para dejar constancia de su postura y, en consecuencia, de la magnitud de la fractura.

Los ministros de Justicia y Exteriores, los socialdemócratas Heiko Maas y Frank-Walter Steinmeier, puntualizaron -pocas horas después de que hablase la canciller- que ellos dos se mostraron en contra de conceder el permiso para poder procesar a Böhmermann. Sin embargo, los otros dos departamentos implicados en la toma de la decisión, Cancillería y el Ministerio de Interior, en manos de la Unión Cristianodemócrata (CDU), se mostraron a favor. Y “en caso de empate, la decisión la toma la canciller”, explicó Steinmeier. El jefe del grupo socialdemócrata en el Bundestag, Thomas Opperman, tildó de “errónea” la opción de Merkel.

Muchos analistas ven un motivo de fuerte desgaste entre conservadores y socialdemócratas porque el proceso contra Böhmermann se prolongará meses y porque la crisis de los refugiados también va para largoA corto plazo se puede descartar una ruptura de la tercera gran coalición alemana. Pero muchos analistas coinciden en señalar que este va a ser un motivo de fuerte desgaste entre conservadores y socialdemócratas porque el proceso legal contra Böhmermann se va a prolongar durante meses y porque la propia crisis de los refugiados también va para largo. Además, apuntan, el Partido Socialdemócrata (SPD) se encuentra en valores mínimos en las encuestas, en torno al 20 %, y necesita munición de cualquier tipo para diferenciar su perfil del de su socio de gobierno de cara a las próximas elecciones generales, que tendrán lugar a finales del año que viene.

Los críticos subrayan que Merkel podía sin más haberse negado a permitir el procesamiento del cómico, alegando que la libertad de expresión es un derecho fundamental en Alemania y que el artículo 103 está “anticuado” como ella misma reconoció. Sostienen que más allá de un perjuicio momentáneo en las relaciones bilaterales, una decisión contraria a los intereses de Ankara no iba a hacer descarrilar el acuerdo UE-Turquía en el asunto de los refugiados.

Pero también hay quien ha señalado que había opciones intermedias que no se han contemplado. Como postergar la decisión pidiendo consejo legal a alguna entidad independiente, a una comisión de sabios o al propio Tribunal Constitucional alemán. O como modificar o derogar con urgencia el artículo 103 del Código Penal. De esta forma, el caso Böhmermann se podría quedar en nada ya que la justicia alemana, en caso de un cambio legal durante un proceso, aplica al acusado la versión más beneficiosa para él. De hecho, Merkel ha anunciado un proyecto de ley sobre este asunto.

Un niño refugiado en el gimnasio del colegio Jane-Addams, en Berlín, el 2 de febrero de 2016 (Reuters). Un niño refugiado en el gimnasio del colegio Jane-Addams, en Berlín, el 2 de febrero de 2016 (Reuters).

¿Qué hizo Böhmermann?

Böhmermann, por su parte, se encuentra claramente superado por las consecuencias de su poema. Esta sábado anunció a través de Facebook que él y su equipo iban a darse “una pequeña pausa”, dejando en el aire su emisión semanal en uno de los canales de la televisión púbica ZDF. El joven cómico -que hasta ahora solo había logrado cierta repercusión con su parodia de “Varufucker“, sobre el exministro de Finanzas griego- reconoció desde el primer momento que jugaba con los límites de lo permitido, pero ahora, en vacaciones forzosas, con escolta policial y pendiente de juicio, se encuentra claramente desbordado.

En la emisión del 31 de marzo de “Neo Magazin Royale”, Böhmermann se hizo eco de una parodia de Erdogan emitida pocos días antes por “Extra 3”, otro programa humorístico de la cadena pública regional alemana WDR. Entonces el cómico trató de explicar que la crítica y la sátira estaban constitucionalmente protegidas en su país, mal que pesase al presidente turco. Otra cosa bien distinta, añadió, era la difamación. Y para dejar clara la diferencia entre una y otra se embarcó en un poema dirigido a Erdogan que desde el principio señaló que no iba a estar amparado por la libertad de expresión y creación artística.

“Tonto, cobarde e inhibido

es Erdogan, el presidente.

Su cosa huele horrible a Döner

incluso un pedo de cerdo huele mejor.

Él es el hombre que golpea a niñas

mientras lleva una máscara de plástico.

Lo que más le gusta es follar cabras

y reprimir a las minorías,

pisotear kurdos, golpear cristianos,

y mientras tanto ver pornografía infantil.

Y por las noches cachondo el lugar de dormido,

felaciones con cien ovejas.

Sí, Erdogan al completo

el presidente con la cola pequeña.

A todos los turcos se les oye susurrar

que el pobre tonto tiene las pelotas arrugadas.

Desde Ankara hasta Estambul,

todos saben que este hombre es gay,

perverso, piojoso y zoófilo:

Recep Fritzl Priklopil*.

Su cabeza está tan vacía como sus huevos,

la estrella de cada orgía.

Hasta que la cola arda al mear,

ese es Recep Erdogan, el presidente turco”

*Doble referencia a Josef Fritzl, conocido como “el monstruo de Amstetten”, y el secuestrador de Natascha Kampusch, Wolfgang Priklopil.

Fuente: ElConfidencial.com