La 'ciudad islámica global' con la que China busca abrirse al mundo árabe

14.06.2016 – 05:00 H. Ha pasado de ser un lugar casi anónimo a un centro de encuentro global para el mundo árabe. Yinchuan, capital de la provincia de ...
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14.06.201605:00 H.

Ha pasado de ser un lugar casi anónimo a un centro de encuentro global para el mundo árabe. Yinchuan, capital de la provincia de Ningxia, en el noreste de China, experimenta uno de los planes de transformación más ambiciosos del Ejecutivo chino, que pretende convertir a esta ciudad en el eje central de su plan de expansión hacia el Oeste.

El vuelo EK326 procedente de Dubái aterriza en torno a las seis de la mañana en el Aeropuerto Internacional de Hedong. En los pasillos de la terminal, varios taxistas esperan a la salida de los escasos pasajeros que a estas horas llegan a Yinchuan, un lugar que vive a caballo entre la rutina y los planes de transformación. “Es la tercera vez que vengo a Yinchuan este año y la primera que lo hago con este vuelo directo. Estamos cerca de cerrar un acuerdo con una compañía china para invertir en varios proyectos en los Emiratos, aunque aún tardaremos algún tiempo en ponerlo todo en marcha”, asegura Ahmed, uno de los pocos extranjeros que viaja a bordo del EK326. Si los planes de Pekín se cumplen, en unos años serán muchos los que, como Ahmed, realicen el viaje de ida y vuelta desde Yinchuan hacia alguna de las capitales de los países de Oriente Medio, las cuales, según pretende el gobierno chino, jugarán un papel importante en el desarrollo futuro de la economía del país.

Yinchuan, rodeada por el desierto mongol de Shapotou y protegida por las montañas Helan, es la capital de la Región Autónoma hui de Ningxia. Este tipo de divisiones administrativas tienen el mismo rango que las provincias, aunque están asociadas a un grupo étnico en particular. En este caso, los musulmanes hui forman parte de las 56 etnias que conviven en China y, con cerca de diez millones de personas, es la cuarta más grande. Los vínculos culturales y religiosos que unen a esta región con los países árabes han sido los que han llevado a elegir la capital de esta región como futuro lugar de referencia para el mundo árabe e islámico.

Yinchuan está en la Región Autónoma de Ningxia. Estas divisiones administrativas tienen el mismo rango que las provincias, aunque están asociadas a grupos étnicos, en este caso los musulmanes hui

Convertir una ciudad que está fuera de las 70 más pobladas de China y que tiene una economía basada en la agricultura en un lugar de interés internacional no es fácil, aunque los responsables de esta empresa aseguran ser conocedores de las dificultades. “Primero debemos mejorar las comunicaciones y las infraestructuras. La gente tiene que invertir el mínimo tiempo posible en llegar a la ciudad y desplazarse por ella. Después hay que mejorar nuestra oferta hotelera y de servicios, ya que esperamos que el número de visitantes se multiplique por tres en los próximos cinco años”, aseguran a El Confidencial desde el gobierno local de Yinchuan.

La primera parte del proyecto tiene al Aeropuerto Internacional de Hedong, a la ‘ciudad musulmana global’ y a la Expo China-Países árabes como sus grandes ejes. En el aeródromo, una nueva terminal de más de 80.000 metros cuadrados se está construyendo junto a la actual y se espera que sirva para lidiar con el aumento del tráfico aéreo que vivirá una ciudad que, además de los mencionados vuelos desde Dubái, contará con enlaces directos con Amán y Kuala Lumpur, capitales de Jordania y Malasia, respectivamente.

La ‘ciudad musulmana global’, por su parte, es un proyecto cuyo coste superará los 3.000 millones de euros y que se espera esté terminado en 2020. Con el mismo se busca mostrar a turistas y empresarios árabes el pasado conjunto de los habitantes de esta región con los que viven al otro lado del continente asiático y servir, además, como extensión de la Expo China–Países árabes, un evento bienal de ámbito económico que celebrará su tercera edición en 2017.

Una chica se hace una foto frente a la Puerta de Nanxun, el 'pequeño Tiananmen', en Yinchuan, en octubre de 2015. (Reuters)Una chica se hace una foto frente a la Puerta de Nanxun, el ‘pequeño Tiananmen’, en Yinchuan, en octubre de 2015. (Reuters)

Más allá del petróleo

Según datos de la Administración de Energía de Estados Unidos, China importará el 75% del petróleo que utilizará en 2035, una demanda que parece obligar al país asiático a mirar aún más hacia naciones como Arabia Saudí, Irán u Omán, principales proveedores de crudo del gigante asiático junto a Angola y Rusia. Y aunque son varias las voces que, a la vista de estos datos, han apuntado a que este interés de China por los países de Oriente Medio responde simplemente a la necesidad de garantizar un suministro de petróleo suficiente para una nación que ya es la mayor consumidora a nivel global, desde Pekín apuntan a que esta relación va “mucho más allá”

Los lazos comerciales de China con los países de Oriente Medio se han expandido a un gran ritmo desde comienzos de siglo. Entre 2005 y 2009, el volumen de intercambios comerciales con estas naciones se incrementó en un 87%, hasta alcanzar los 100.000 millones de dólares, una cifra que tres años después llegaría hasta los 222.000 millones según las estadísticas del Gobierno chino. Vehículos baratos para Egipto o artículos de primera necesidad en Palestina fueron el inicio de una relación comercial que hoy contempla proyectos como el del gasoducto que China está construyendo entre Irán y Pakistán o la primera fase de la línea de alta velocidad La Meca-Medina, en Arabia Saudí, cuyo desarrollo corre a cargo de la compañía estatal china CRCC y en la que su segunda fase contará con la participación del consorcio hispano-saudí Al Shoula. Uno de los puntos principales de este proyecto pasa, según las autoridades chinas, por demostrar los vínculos culturales que unen a una parte de China con el mundo musulmán. 

La representación de ‘Las 1.001 noches’ en el Parque de la Cultura Hui costó unos 27 millones de euros

En el sur de Yinchuan, en una de las salidas de la autopista Pekín-Tíbet, se levanta el Parque de la Cultura Hui. Situado en uno de los barrios periféricos de la ciudad, el recinto recibe al visitante con una entrada decorada con caligrafía árabe que recuerda al Taj Mahal indio. Abierto en 2005, este parque atraviesa un proceso de ampliación que, de cumplirse con lo previsto, terminará por convertir este terreno y otros cercanos en un centro cultural para el mundo musulmán. Sin embargo, lo que aguarda tras pagar la entrada, rebajada de 11 a 8 euros por, según nos explican, “los trabajos de construcción”, está muy alejado de lo que uno espera encontrar.

Con el recinto tomado por los citados trabajos, es difícil imaginar que aquí se haya representado, desde 2015, un pasaje de ‘Las 1.001 noches’ destinado a contar a los viajeros los nexos de unión existentes entre China y los países árabes partiendo del hecho de que las historias de esta obra, además de en lugares como Egipto, Persia, la India o Siria, transcurren en China. Según la revista ‘Foreign Policy’, el coste de este espectáculo ha sido de más de 200 millones de yuanes (unos 27 millones de euros), un gasto destinado a celebrar la herencia cultural de una etnia que, según la organización del parque, “vive en armonía en China”.

Esta armonía se intenta justificar con la exposición temporal del Palacio de Aisha. En un edificio cuadrado y sin adornos, varios guías, vestidos con el traje típico de la etnia hui, explican a los visitantes la expansión del islam por Asia y un concepto de difícil encaje como es que, pese a que sus raíces descansan en el mundo islámico, los hui se sienten, por encima de todo, chinos. Sin mencionar la persecución que los musulmanes de China vivieron durante la Revolución Cultural de los años sesenta y setenta, la exposición termina con una serie de imágenes que rememoran los intercambios entre los han, la etnia mayoritaria en China y a la que pertenece cerca del 92 por ciento de la población, y los hui, y los intercambios con líderes de otros países que los dirigentes de esta región han realizado en las últimas décadas.

Un imán celebra una ceremonia en una mezquita en Nanguan. (Foto: J. Ibáñez)Un imán celebra una ceremonia en una mezquita en Nanguan. (Foto: J. Ibáñez)

¿Potencial turístico?

Tras visitar el museo, un camino provisional lleva hasta los restos de un simulacro de ‘poblado hui’, en el que solo dos restaurantes permanecen abiertos. Allí, mientras los visitantes comen, pueden ver un espectáculo de danza antes de dirigirse a la pieza central del parque, el Palacio Dorado. Imitando la apariencia y queriendo hacer las veces de mezquita, es, en realidad, un recinto sagrado sin fieles. En su lugar, grupos de turistas recorren un edificio vacío, hacen algunas fotos y salen de nuevo minutos después de haberse descalzado para entrar.

“El aspecto que presenta el lugar ahora no tiene nada que ver con el que tendrá cuando todo esto esté acabado”, explica Sha, uno de los responsables del parque. “De momento no vienen muchos turistas árabes, solo chinos y en viajes organizados, pero seguro que la situación cambia cuando empiecen a cerrarse acuerdos comerciales y la ciudad vaya creciendo”, añade con un convencimiento mecánico.

Los edificios de las calles de los alrededores, preparados para albergar tiendas y restaurantes de estética hui, aguardan cerrados y con notable deterioro la llegada de los turistas prometidos. Solo la mezquita de Najiahu, construida en el siglo XVI, arrasada durante la Revolución Cultural y reconstruida en los años noventa, presenta una ligera actividad.

“El aspecto de ahora no tiene nada que ver con el que tendrá cuando esté acabado”, dice Sha, uno de los responsables del parque

“Nuestra ciudad no ha tenido nunca una gran afluencia de turistas más allá de los que llegan de las provincias cercanas como Gansu o Mongolia Interior. Sin embargo, sí tenemos cosas que ofrecer como las tumbas de la Dinastía Xia o los grabados rupestres de las montañas Helan. Eso por no mencionar los viñedos y las bodegas del norte de Yinchuan, las mejores del país. Si tenemos una oferta turística fuerte eso hará que los que vengan quieran quedarse más tiempo”, afirma Li Yunju, directora de una de las oficinas de turismo de la ciudad. Al margen de los atractivos que Ningxia pueda ofrecer al turista, lo cierto es que la zona está recibiendo inversiones a nivel local, provincial y nacional que buscan sacar del atraso en el que vive la que es, además, la tercera provincia más pobre del país, solo por delante de Qinghai y Tíbet.

A pesar de estar fuera del trazado de la denominada por China ‘Ruta de la seda del siglo XXI’, Yinchuan ha ganado, por razones obvias, la partida a Urumchi, capital de la Región Autónoma uigur de Xinjiang, por convertirse en epicentro del mundo árabe en el país. “Los hui, tradicionalmente, hablan chino mandarín y tiene una relación histórica mucho más unida a los han que los uigures. Estos, además, son los que habitualmente aparecen señalados en casos de conspiración, terrorismo o violencia en general, mientras que a los hui se les ve como una sociedad pacífica y, lo más importante, integrada en la sociedad china”, explica Pan Sheng, historiador de la Academia de Ciencias Sociales de Pekín.

Obras frente al Palacio Dorado de Yinchuan. (Foto: J. Ibáñez)Obras frente al Palacio Dorado de Yinchuan. (Foto: J. Ibáñez)

Xi Jinping en Oriente Medio

De hecho, desde los primeros años de la República Popular, el Ejecutivo chino se ha mostrado reacio a permitir que dignatarios extranjeros visiten Xinjiang. En 1955, un ministro egipcio, Ahmad Hasan al-Baquri, se convirtió en la primera autoridad árabe en realizar un viaje oficial a la China comunista y este incluyó una parada en Urumchi. Sin embargo, Yinchuan ha tomado el relevo en un momento de tensión entre China y parte del mundo árabe.

Abu Bakr al Bagdadi, autoproclamado califa del Estado Islámico y considerado por la revista ‘Time’ como el hombre más peligroso del mundo, señaló en julio de 2014 a China, asegurando que en el país “los musulmanes vivían en un régimen de represión”. Meses más tarde, el grupo terrorista hizo público un canto dirigido a las etnias musulmanas del país asiático, en el que les pedía “levantarse y luchar para terminar con un siglo de esclavitud”. Ya en 2015, Ankara tensó sus relaciones diplomáticas con Pekín al asegurar que las políticas llevadas a cabo por el Gobierno chino en Xinjiang atentaban contra la población musulmana, unas críticas que desembocaron en un estallido de violencia en Estambul que tuvo a comercios y restaurantes chinos y a grupos de turistas de este país como objetivo de los ataques.

En 1955, el ministro egipcio Ahmad Hasan al Baquri fue la primera autoridad árabe que visitó Xinjiang

Mientras, el lado oscuro de las relaciones chino-árabes a nivel nacional sigue mostrándose en el día a día de Xinjiang, Pekín se esfuerza por mostrar su otra cara en Yinchuan. La capital de Ningxia se erige en el pilar maestro de una estrategia de expansión hacia el Oeste que China ha desarrollado en uno de sus últimos libros blancos y que ha reforzado con la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Egipto, Arabia Saudí e Irán a principios de este año.

Si la ciudad (cuyo nombre significa río plateado) culmina su proceso de transformación con éxito o termina como Kangbashi, creada de la nada para albergar a un millón de habitantes y hoy una ciudad fantasma en Mongolia Interior, se verá en los próximos años. “Vivimos en paz, eso es lo más importante. No sé si la ciudad crecerá o si más hermanos musulmanes se acercarán a nuestra casa con los cambios que los políticos plantean. Mientras nos permitan rezar y se respeten nuestras creencias, no tiene por qué haber problemas”, concluye Mu Chongxi antes de perderse por la puerta de la mezquita de Nanguan, otra víctima de la Revolución Cultural que fue reconstruida en los ochenta y en cuyo patio ondea, desde entonces, la bandera de las cinco estrellas.

Fuente: ElConfidencial.com