La corajuda Gales sirve en bandeja una semifinal entre Bale y Cristiano

01.07.2016 – 23:19 H. Bélgica era una selección de cartón piedra. Buena pinta cuando se ve la lista de jugadores, igual algo inflada por esos que se ...

01.07.201623:19 H.

Bélgica era una selección de cartón piedra. Buena pinta cuando se ve la lista de jugadores, igual algo inflada por esos que se enamoran con facilidad de todo lo que suena a exótico, pero muy poco en lo que a fútbol se refiere. Individualizados suenan bien. Hazard, De Bruyne, Carrasco, Lukaku… como equipo no se encuentran. En estos casos, lo fácil es culpar al entrenador, pero en este caso se cumple la navaja de Occam, la explicación más sencilla es la correcta. Wilmots no está ni para entrenar un equipo de colegio. Ha sido incapaz de entender los partidos y ha caído en la Eurocopa con un equipo como Gales, con mucho corazón, golpes de brillo pero, en teoría, muy por debajo de lo que pueden llegar a ofrecer los diablos rojos. 

En el campo esa Bélgica de tendencia, de pasarela, no se vio. Tuvo un inicio prometedor, diez minutos en los que parecía que la narrativa del encuentro iba a tener sonido flamenco y valón. Con el dominio llegó añadido un golazo de Nainggolan, uno de esos jugadores belgas de los que mucho se hablan pero juegan poco. Reparte estopa y es capaz de marcar goles desde fuera del área. Pero poco más. 

Gales, que empeño le pone, empezó poco a poco a sacudirse el inicial dominio belga. Con una buena defensa y un derroche físico notable los de la camiseta color sangre fueron avanzando metros como si fuesen un equipo de rugby. Y ahí, en un córner, el capitán Ashley Williams encontró el certero cabezazo que niveló el partido. La zaga belga, que no es especialmente fiera, le dejó rematar solo en el centro del área y el central, que es defensa y británico, lo lleva en los genes, no se cortó en meter un gran testarazo. Gol de Gales. Un detalle que explica el gol. La estrategia en Bélgica no está especialmente entrenada y alguien les debió de decir que era conveniente tener un jugador anclado en un palo. Era De Bruyne, que vio como el balón entraba por su lado sin hacer nada por evitarlo. 

Corría el minuto 30 y lo imposible pasó. Gales, un equipo llamado para contragolpear, cogió el balón y empezó a dominar el partido ante la escasa oposición de jugadores como Witsel, siempre desarmado en un centro del campo que no sabe gobernar. O la inacción de De Bruyne, una estrella europea desaparecida en combate. Solo Hazard lo intentaba, y con poco acierto. Gales había sobrevivido al inicio del partido y no se iba a parar así. 

Un apunte sobre Gales que habla muy bien del equipo y, sobre todo, de la extrema ilusión que muestran sus jugadores por estar donde están. Todos sus futbolistas parecen hacer el trabajo de muchos más. Bale, un excelente atacante, aparece por el centro del campo, por una banda, por otra y, si es necesario, también en su portería. Ramsey, enganche de nivel, ocupa todo el campo, da asistencias a partes y defiende más de lo que le piden. Y así con todos

Terminó la primera parte y Bélgica intentó reformarse, demostrar que cuando al principio del torneo susurraban su nombre como favorito no era baladí. Wilmots, es pseudoentrenador, decidió mandar mensajes contradictorios. Atacad, sí, pero sin Carrasco, que voy a poner a Fellaini. Muchos años después, el hombre del pelo a lo afro sigue siendo una incógnita para los aficionados al fútbol ¿por qué tiene fama con tan poco como hace? Es alto, sí, eso es indudable. Dicen que va bien de cabeza, aunque suelen estar tan alerta sus rivales que tampoco tiene la oportunidad de demostrarlo. Con los pies es absolutamente irrelevante. 

David Ruiz. París

La selección inglesa sigue enlazando un fracaso tras otro en los grandes campeonatos. La última vez que superó una eliminatoria fue en la Eurocopa de 1996, en la que era el país anfitrión

Ver artículo

El druida belga, Marc Wilmots, es desde hace no mucho de la cuadra de Jorge Mendes, que ha demostrado tener más vista con los jugadores que con los técnicos. Es de suponer que el portugués, perro viejo, pensó que Bélgica iba a hacer algo grande en la Eurocopa y eso iba a abrir el mercado de su pupilo. Grande ha sido el batacazo y, si el fútbol es justo, el entrenador belga se pasará un tiempo vagando por banquillos menores, a la altura de su poco talento como entrenador. 

El inesperado Robson-Kanu

Gales, imprevisto semifinalista de todo esto, marcó dos goles más después de que los belgas intentasen recomponer el partido. El primero de ellos lo marcó Hal Robson-Kanu, que ni siquiera es titular en el Reading, un equipo de la zona baja de la tabla de clasificación. Ese, no otro. La verdad, parece más futbolista de lo que dice ese dato. En el segundo gol de los dragones rojos una virguería, recibió un balón en el centro de España de espaldas a la portería e hizo un giro perfecto para quedarse solo y fusilar a Courtois. Cabe preguntarse qué hacían los defensas belgas en esa tesitura. Probablemente de huelga. 

Siguió el partido y los belgas se quedaron con el balón, pero sin mucho acierto. Tampoco llegaron unos cambios que parecían necesarios. Misterios belgas. El tercer gol galés, cuando el partido ya expiraba y los de Wilmots intentaban generar algo, fue de Sam Vokes, otro delantero de segunda inglesa. A los británicos les salió la noche redonda, con una semifinal que no esperaban, pero también con una mácula que, en el próximo partido puede ser demasiado dolorosa. Ramsey vio una amarilla tonta por cortar con un balón con la mano y no jugará contra Portugal. Si Gales ya es un equipo escueto lo es mucho más cuando desaparece uno de sus mejores jugadores, de los pocos que tiene fútbol para batallar a cualquiera. 

Alonso Castilla

En una jornada de fiesta británica en París, Gales se impuso por la mínima a Irlanda del Norte para clasificarse para los cuartos de final de la Eurocopa de Francia

Ver artículo

Bale y Cristiano se verán en las semifinales, aunque el campeoanto de ambos no se parece en mucho. El luso está siendo uno más en una selección con una baraka de cuidado. Aún está por ganar un partido en tiempo reglamentario y su estrella está anémica, con poco fútbol y poco juego. Todo lo contrario que el espídico Bale, que parece conducido por una fuerza superior. Sabe que entrará en la historia de Gales, casi en los libros de texto, gracias a todo lo que está haciendo por su selección. Llegar a semifinales está muy por encima de lo que de ellos se esperaban, pero el madridista no quiere terminar ahí. Esperen de él otro derroche de energía en semifinales. Está obstinado en llevar a su selección al cielo. 

Fuente: ElConfidencial – Deportes