La economía de Rusia, en manos de la ‘judocracia’ de Putin

02.03.2016 – 05:00 H. Sobre la pista de hielo los jugadores fueron colocándose en hilera mientras eran anunciados uno a uno y en tono ceremonioso por el ...

02.03.201605:00 H.

Sobre la pista de hielo los jugadores fueron colocándose en hilera mientras eran anunciados uno a uno y en tono ceremonioso por el presentador. Los cascos relucientes apenas dejaban ver los rostros y los aparatosos uniformes de hockey no permitían atisbar las incipientes barrigas, las modestas estaturas o las encorvadas figuras de algunos de los integrantes del singular equipo. Pero entonces sonó un nombre en megafonía: “Vladimirrrr Putinnnn“. Y el estadio rugió pese a saber que no sería un partido entre profesionales de este deporte. Aunque lo cierto es que a todos esos sesentones les gusta mucho ganar.

La escena, solo posible en Rusia, sucedió en octubre del año pasado, a propósito del 63 cumpleaños del presidente ruso. Vladimir Putin jugaba acompañado de leyendas del hockey como Vicheslav Fetisov o Pavel Bure. En el otro equipo, que perdió por cinco goles, jugaban un puñado de elegidos: los amigos de toda la vida del presidente, un apasionado de los deportes, especialmente del judo y el sambo.

Los millonarios Gennady Timchenko y Arkady Rotenberg estaban allí. Son los más envidiados, y no solo por jugar una ‘pachanga’ contra Putin. Timchenko dueño del principal equipo de Rusia, tiene la misma edad que el presidente. Ocupa el puesto 62 en la lista Forbes de rusos más ricos como dueño del grupo inversor Volga, especializado en energía, transportes e infraestructuras de todo tipo. El risueño Arkady Rotemberg es uno de los hombres de negocios más influyentes de Rusia. Un año mayor que Putin, es junto a su hermano Boris dueño de Stroygazmontazh, la mayor constructora de gasoductos y centrales eléctricas de Rusia, y su fortuna estimada ronda los 1.000 millones de euros.

Los dos han llegado hasta ahí con el sudor de su frente, pero las gotas más importantes no se virtieron delante de una mesa de reuniones o ante un libro de economía, sino sobre una colchoneta de judo. Timchenko y los hermanos Rotemberg comparten con su viejo amigo Vladimir Putin la pasión por el judo y pueden presumir de haber puesto al presidente alguna vez contra la lona en sus tiempos mozos. Rotemberg fue ‘sparring’ de Putin cuando eran jóvenes, y desde que el presidente llegó al Kremlin la suerte no ha parado de sonreírle. El club de judo Yawara-Neva, que el viejo Arkady ha impulsado como director general, ha desbancado a casi todos los demás y el propio Rotemberg llegó a escalar 17 puestos en la ‘lista Forbes’ en solo un mes.

La mayor parte de las fortunas de los Rotemberg y de Timchenko vienen de contratas estatales. Arkady Rotemberg es el proveedor de servicios número uno del Estado. El año decisivo fue 2008, cuando la empresa gasística Gazprom se deshizo de varias compañías, que fueron compradas por Rotemberg. Acto seguido Gazprom empezó a hacer multitud de encargos a estas empresas. El dinero empezó a caer del cielo y Rotemberg, que antes de que Putin gobernase se encargaba de sus medianas empresas y de promover el judo, estaba allí para recogerlo.

Timchenko durante un partido amistoso de hockey sobre hielo celebrado en San Petersburgo (Reuters).Timchenko durante un partido amistoso de hockey sobre hielo celebrado en San Petersburgo (Reuters).

“Los cinco dueños” del país

Timchenko, que también se ha dejado hacer más de una llave por el presidente, es el tercero. El cuarto es un empresario más joven, Kiril Shamalov, al que muchos medios señalan como el marido de una de las hijas de Putin. Y el quinto es el hijo de Arkady, Igor Rotemberg. Solo el segundo clasificado en la lista de servidores -y servidos- por el Estado puede presumir de haber ascendido sin apenas conocer al presidente: se llama Leonid Mijelson, y aunque no es aliado de Putin, es socio de Timchenko. Todo queda, pues, en casa.

Putin busca gente que ya haya sido puesta a prueba y que sea leal, no los elige por el color de sus ojos’Estos cinco hombres son conocidos como “los cinco dueños” del país. Nina Jobe, consultora y especializada en corrupción, no está del todo de acuerdo con este calificativo: “No son los dueños de la economía rusa, solo se hacen cargo de ella de manera temporal bajo los auspicios del Estado, que es su dueño real”, explica a El Confidencial. Al fin y al cabo “todo te lo pueden quitar en cualquier momento, a capricho del Estado, como se ha visto en casos recientes”.

La meritocracia que inspira el sistema de EEUU brilla por su ausencia en Rusia. Mark Galeotti, analista y profesor de la Universidad de Nueva York, ha calificado a esta élite como “la judocracia de Rusia“. Putin los necesita porque en un sistema tan “personalista” los grandes proyectos han de ser supervisados por el presidente directamente. Como dijo Anatoli Rajlin, que fue entrenador de Putin, “el presidente busca gente que ya haya sido puesta a prueba y que sea leal, no los elige por el color de sus ojos”. Rajlin murió en 2013. Putin, que es cinturón negro, acudió a su funeral a rendir homenaje a un hombre que moldeó su manera de ser.

Los apellidos Rotemberg y Timchenko se repiten en las adjudicaciones. En algunas ni siquiera se presenta la competencia. “Estos tipos no son buenos con los negocios, los ha puesto el presidente ahí“, se quejaba hace meses el abogado y líder opositor Alexei Navalny. Precisamente este pertinaz investigador de la corrupción rusa ha denunciado recientemente a Putin por encargar por conflicto de intereses después de que el Gobierno otorgase concursos públicos a la empresa de su supuesto yerno. La demanda ha sido desestimada.

Los hermanos Boris y Arkady Rotemberg (con chaqueta negra y gris) en la entrega de premios de un campeonato de judo, en San Petersburgo (Reuters).Los hermanos Boris y Arkady Rotemberg (con chaqueta negra y gris) en la entrega de premios de un campeonato de judo, en San Petersburgo (Reuters).

Asfaltar con caviar

Aunque los medios callan sobre estos abusos, ya han saltado las primeras chispas. Recientemente, el Gobierno ruso ha empezado a cobrar a los camioneros una tasa por cada kilómetro que recorren por las carreteras rusas. La medida, que llega en un momento en el que las clases bajas están sintiendo un alza en los precios, ha provocado ya las primeras protestas en un país donde las movilizaciones no son muy habituales. El Gobierno ha otorgado el contrato de recaudación a Igor Rotenberg. En pintadas y pancartas, los camioneros ya se han mofado del impuesto, al que llaman “la tasa Rotemberg“.

Los Rotemberg cargaron sobre sus espaldas con las infraestructuras de los Juegos. Una de las carreteras salió tan cara que un periódico calculó que hubiese sido más barato asfaltarla con caviarUna situación similar se dio en el caso de los hermanos Rotemberg en 2013. Arkady y Boris cargaron sobre sus espaldas con la construcción de las infraestructuras de los Juegos Olímpicos de Sochi. Una de las carreteras salió tan cara que un periódico ruso calculó que hubiese sido más barato asfaltarla con caviar.

“No cabe duda, son los cinco reyes de la economía”, clama Dimitri Gudkov, diputado en el Parlamento ruso. En la calle esto no es una noticia. Pero ahora que el 82% de los rusos considera que el país está en crisis, la situación es más incómoda para la élite. “Las autoridades no están interesadas en que la situación empeore”, explica el diputado, que cree que “hay que mejorar el clima para los negocios y mejorar la seguridad jurídica de la propiedad empresarial”.

La lista de ‘beneficiados’ por haber practicado el deporte correcto, en la ciudad adecuada con la persona acertada no se detiene en los millonarios de la cima. Viktor Zolotov, otro colega de tatami, se ha ocupado del servicio de seguridad presidencial. Y Vasily Shestakov pasó de ser entrenador de judo a muñidor de la primera formación política que aupó a Putin al poder: el Partido de la Unidad, el embrión de Rusia Unida. Hoy es diputado de Rusia Justa, desde donde presenta iniciativas contra la comida basura. Pero no es millonario. Solo rico.

Fuente: ElConfidencial.com