La elite intelectual de Turquía se exilia ante la represión de Erdogan

08.03.2017 – 05:00 H. Cinco días después del 15 de julio, el día del frustrado golpe de estado, un dispositivo policial irrumpió en la casa del periodista ...
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08.03.201705:00 H.

Cinco días después del 15 de julio, el día del frustrado golpe de estado, un dispositivo policial irrumpió en la casa del periodista turco Arslan Ayan. Los agentes no lograron dar con él: hacía días que se escondía en la casa de unos familiares. “Sabía que vendrían a por mí”, revela a El Confidencial.

Durante 3 años, Ayan fue redactor del periódico Zaman, intervenido por el gobierno en marzo de 2016, con declarados vínculos al movimiento de Fethullah Gülen. A sus 27 años, Ayan es el autor de numerosos artículos sobre la corrupción del partido en el poder, el AKP, así como de las medidas de opresión contra el Hizmet, la organización de Gülen.

En una cita exprés, Arslan Ayan visitó a sus padres para comunicarles que se escapaba a Estados Unidos. “Utilicé un visado de turista antiguo que todavía no había expirado”, confiesa. Pero al llegar a Nueva York, descubrió que a su pasaporte le quedaban cinco meses de validez por lo que se dirigió al consulado turco de Manhattan.

“En cuanto me identifiqué, intentaron requisar mi pasaporte. Me dijeron que había una orden de detención contra mí porque había escrito para una publicación non grata y que debía volver inmediatamente a Turquía”. Coaccionado por una posible deportación, Arslan cruzó a pie la frontera con Canadá y solicitó asilo político en Toronto.


Pilar Cebrian. Estambul

Denuncias de la corrupción, crítica política o destape de escándalos le han convertido en el periódico turco más popular fuera del país, pero también en el más acosado dentro de Turquía

Allí estableció contacto con otros 19 periodistas turcos fugitivos con quienes lanzó una web en la que denuncian la purga posterior al golpe fallido. Según su testimonio, “otros 40 están escondidos en Estados Unidos, pero también hay en Europa, África y Hong Kong”. Su estimación es que unos 200 informadores turcos se han fugado después del 15 de julio.

“Es difícil saber el número de cuantos han salido y cuantos de ellos se enfrentan a una orden de detención”, mantiene Erol Önderoglu, el representante de Reporteros Sin Fronteras en Estambul. Él también apunta a que dos centenares de profesionales de los medios se han ido de Turquía, aunque a lo largo de un período mayor, unos dos años.

“Primero, se fueron aquellos que trabajaban para medios gulenistas y que se enfrentaban a problemas judiciales; después, ha habido una estampida de periodistas pro kurdos y de izquierdas tras los decretos emitidos bajo el estado de emergencia”. Önderoglu, que tiene que esperar a la aprobación de su salida cada vez que pasa el control de pasaportes en el aeropuerto, y que estuvo 10 días en prisión por solidaridarizarse tras la clausura del periódico pro kurdo Özgür Gündem, dice que incluso algunos periodistas han abandonado Turquía de manera ilegal. La cifra puede aumentar, mantiene Yavuz Baydar, otro periodista turco en Europa, “si gana el SÍ en el referéndum constitucional [programado para el 16 de abril], habrá un éxodo masivo de intelectuales”, revela a este diario.

Jóvenes manifestantes protestan contra el referéndum presidencialista en Estambul, el pasado 25 de febrero de 2017 (EFE)Jóvenes manifestantes protestan contra el referéndum presidencialista en Estambul, el pasado 25 de febrero de 2017 (EFE)

Las redes de apoyo en el exilio

El asalto a la libertad de expresión en Turquía está provocando una huida sin precedentes de la ‘inteligentsia’ del país. No sólo los periodistas, sino los académicos, profesores, escritores, investigadores o todo aquel que divulga una publicación crítica con el gobierno es sujeto de ser acusado de traición, espionaje, apoyo a un grupo considerado terrorista por las autoridades -como el PKK o el movimiento de Gülen- o de difamación, una ofensa penal en Turquía.

La proclamación del estado de emergencia ha facilitado el fin de la voces disidentes. Desde entonces, el gobierno ha clausurado 158 medios y 155 periodistas están en prisión, según P24, la Plataforma por el Periodismo Independiente. Por miedo a enfrentarse a un proceso sin garantías judiciales, o a penas de varios años de cárcel, los informadores y académicos aprovechan una visa de turista o un evento en el extranjero para escapar de su país.

En Europa, los periodistas turcos han establecido una red informal de apoyo y de denuncia. Uno de los ejes es Abdullah Bozkurt, otro periodista del diario Zaman y simpatizante del movimiento Gülen, que ha iniciado desde Suecia la plataforma ‘Stockholm Center for Freedom’ (Centro de Estocolmo para la Libertad) “que documenta las violaciones de derechos en Turquía para que, cuando el país vuelva a la normalidad, este legado permita exigir responsabilidades”, manifiesta a El Confidencial Bozkurt, quien se reúne con “doctores, abogados o académicos” que salen del país. “Les ofrezcemos desde información para solicitar asilo político, hasta ayuda financiera, apoyo moral… la mayoría de nosotros hemos perdido nuestro trabajo y tenemos que afrontar una vida en el anonimato. Muchos se ven obligados a utilizar un pseudónimo”.

Pilar Cebrian. Estambul

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Como él, otras figuras mediáticas, como Sevgi Akarcesme, han pasado de los platós de televisión a la clandestinidad del exilio. Bozkurt tiene ahora un aspecto muy diferente del que muestran los retratos de cuando era un prominente periodista del diario Zaman. Debe acostumbrarse a vivir de incógnito, asegura, porque la prensa turca le ha acusado de ser “el desertor de FETÖ [acrónimo para la organización de Gülen, considerada oficialmente grupo terrorista]”. “No soy un miembro”, insiste, “pero apoyo los valores que defiende Gülen”. En un intento por que la disidencia regrese a Turquía, el gobierno ha emitido otro decreto: los sospechosos de ciertos crímenes, que no vuelvan al país a los tres meses del inicio de la investigación, perderán la nacionalidad.

El periodista turco exiliado Yavuz Baydar durante un acto en Madrid el pasado febrero (EFE)El periodista turco exiliado Yavuz Baydar durante un acto en Madrid el pasado febrero (EFE)

El “academicidio” de Turquía

La academia es otra de las autoridades públicas que más ha sufrido. Tras la publicación del manifesto “Académicos por la Paz”, en la que 2.212 nombres denunciaron la operación contra el PKK en el sureste, el claustro universitario se ha puesto en el punto de mira. Después del golpe, cerca de 4.500 académicos han sido suspendidos de empleo y sueldo. El gobierno suprimió, también, las elecciones de los rectores, para que sea la presidencia la que se encargue de los nombramientos. El último decreto, publicado el 7 de febrero, incluye los nombres de los 330 académicos destituidos. Una decisión que provocó distintas movilizaciones en los campus de todo el país para protestar contra lo que algunos llaman un “academicidio”.


Pilar Cebrian. Estambul

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“Antes recibía 1 o 2 emails al mes de estudiantes que me pedían ayuda para salir a estudiar al extranjero”, detalla a El Confidencial Umut Özkirimli, profesor turco del Centro de Estudios de Oriente Medio en la Universidad sueca de Lund, “ahora me contactan 2 o 3 personas cada semana”. Özkirimli dice que es difícil dar con la cifra real de académicos a la fuga, “pero hay patrones”, como los datos ofrecidos por organizaciones como ‘Scholars at Risk’ (Académicos en Riesgo), que brinda protección a intelectuales perseguidos en sus países de origen.

“Las solicitudes de turcos se han disparado”, revela a este diario Daniel Munier, de SAR, que cuenta con una red internacional de 450 universidades de 38 países para encontrar puestos de trabajo a profesores, investigadores o escritores. “El objetivo es desplazar al académico que está amenazado para que encuentre refugio en un campus universitario”.

En 2016, recibieron 560 solicitudes y, unas 350 fueron de esta nacionalidad. SAR les ayuda a organizar su salida del país, a través de una visa de turista, de trabajo, u otro permiso para que puedan tomar un vuelo. La fuga del profesorado turco ha alcanzado dimensiones tales que algunas universidades están ofreciendo puestos exclusivamente para ellos: como la Universidad de Macerata, en Italia; la de Akershus, en Noruega; la Universidad Libre de Bruselas; la Universidad de Nueva York; o la de Tampere, en Finlandia.

Fuente: ElConfidencial.com