La errática marcha de Míchel, nuevo entrenador del Málaga

07.03.2017 – 13:47 H. – Actualizado: 4 H. Ser una estrella del fútbol concede una serie de ventajas que se alargan hasta después de colgar las botas. ...
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07.03.201713:47 H. – Actualizado: 4 H.

Ser una estrella del fútbol concede una serie de ventajas que se alargan hasta después de colgar las botas. Siguen siendo reconocidos por la calle, tratados con preferencia en los restaurantes y tienen una salida profesional fácil en los medios de comunicación si lo desean. Además, si se quiere ser entrenador, las posibilidades se multiplican. Haber demsotrado ser un virtuoso del juego asegura banquillos que quien empieza desde la nada solo puede soñar. En ocasiones, los directivos ven tener una cara conocida como algo casi imprescindible para firmar un contrato. Michel fue, sin lugar a dudas, una estrella del fútbol. Y ahora es también entrenador del Málaga.

Su nombre está asociado a la Quinta del Buitre, una de las generaciones históricas más reconocibles de la historia del Madrid. Su maestría en la banda derecha es indiscutible, pocos centraban el balón como él y, además, no estaba exento de gol. A eso, además, le sumaba cierto carisma, que siempre se agradece. En la selección vivió épocas menos buenas, cuando España aún tenía problemas para clasificarse para las grandes citas, pero a pesar de todo también ahí dejó su huella.

Luis Miguel González

No oculta que le encantaría entrenar al Real Madrid, aunque hoy por hoy sabe que no es fácil, por lo que aguarda impaciente encontrar otro equipo, eso sí, en España

Hasta ahí el Míchel jugador. Después de su retirada, que se dio jugando en el Atlético Celaya de México, no tuvo problemas en acomodarse como comentarista estrella en Televisión Española. No destacaba precisamente por su elocuencia y la pasión de sus aportaciones, pero era Míchel, lo cual en sí mismo era un valor. Antes de que naciese para el fútbol la generación de oro, esa que ha ganado un Mundial y dos Eurocopas, era uno de los jugadores más relevantes de la historia del fútbol nacional.

Míchel saluda a los jugadores del Atlético cuando era técnico de Olympiakos. Míchel saluda a los jugadores del Atlético cuando era técnico de Olympiakos.

Fracasó en el Rayo y en el Castilla

Aunque podría haber pasado el resto de su vida en esa función, no le bastaba con eso. Quería, como tantos otros futbolistas, volver a sentir la adrenalina de la competición en la modalidad que permite el físico a determinadas edades, que no es otra que el banquillo. Míchel se saltó, porque su pedigrí así se lo permitía, el paso de los campos de tierra y los equipos que solo siguen un centenar de personas. El primer destino, el Rayo Vallecano, era un club pequeño pero con solera y afición. En aquel momento estaba en Segunda División B, pero la ambición era subir, pues el club estaba un escalón por debajo de lo que la historia le requiere.

Firmó una temporada, que se renovaría automáticamente si el equipo conseguía el objetivo. Al verano siguiente estaba fuera del club franjirojo, el Rayo tenía que pasar un año más por el suplicio de la tercera categoría del fútbol español. Míchel salía del club sin pena ni gloria, con 16 victorias, 14 empates y 8 derrotas. Insuficientes incluso para meterse en el play off de ascenso. En los cuatro años que estuvo el Rayo en Segunda B en esa etapa fue el único en no conseguirlo.

Míchel, a pesar de todo, tenía más crédito. Quizá si no hubiese sido un gran futbolista lo siguiente hubiese sido un paso atrás, pero no fue así en su caso. Los jugadores míticos, además, suelen tener marcado el camino de retorno a casa. Y así fue, Ramón Calderón, en un intento de darle peso madridista al club, le contrató como director de la cantera y entrenador del Real Madrid Castilla, en aquel momento en Segunda División. Un nuevo reto en el que, además, contaba con un equipazo.

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El Olympique de Marsella ha anunciado la suspensión de Michel como entrenador, después de los malos resultados que está obteniendo a lo largo de la presente temporada

El tiempo ha demostrado que la mayor parte de los jugadores de aquel plantel eran carne de Primera, aunque inexpertos, eso sí. Codina, Casilla, Adán, Miguel Torres, Granero, Adrián -su hijo- Borja Valero, Mata, De la Red, Negredo, Mosquera, Javi García, Bueno, Parejo, los hermanos Callejón… uno de los equipos más completos que se le recuerda al Castilla. Nada importó, el equipo descendió tras perder 19 partidos en Segunda. Le sacaron del banquillo y se quedó una temporada más como coordinador de la cantera.

Dos equipos, ambos por debajo de las expectativas. Pero aún tenía crédito. Llevaba fama de entrenador ofensivo y fue llamado por Ángel Torres. Era la época dorada del club, que tenía fama de acertar en los entrenadores desde que estaba en Primera. Quique Sánchez Flores, Schuster y Laudrup habían triunfado, pero en la temporada 2008/2009 la elección no terminaba de cuadrar Víctor Muñoz firmó un arranque de temporada horrible y fue ahí donde entró Míchel, que daba un salto más en su carrera, esta vez en la primera división.

El éxito del Getafe

La cosa funcionó mejor incluso de lo esperado. Míchel, con buenas plantillas -con fuerte presencia de cedidos del Madrid- logró que los azulones consiguiesen entrar en la Europa League y la mejor clasificación de la historia del equipo. El crédito de ser futbolista, que se le estaba agotando después de sus dos primeras intentonas, se recobró de golpe. El Getafe es, aún hoy, el lugar en el que más mérito tuvo como entrenador.

Los ciclos se acaban, y el de Míchel en Getafe también se extinguió. Ángel Torres, en la tercera temporada, decidió no renovarle. El equipo se había mantenido en Primera, lo que es el objetivo básico del club, pero el presidente quería nuevos aires, especialmente si se tiene en cuenta que la segunda vuelta fue bastante irregular.

En este momento, después del dulce pasar por Getafe, se acuñó la frase “suena Míchel“. Había tenido ofertas en verano, pero no encontraba su espacio. Todos los equipos que iban mal y en los que parecía que el entrenador estaba cuestionado tenían como telón de fondo al fino interior derecho. Era cuestión de tiempo y la oportunidad le llegó en Sevilla.

EC

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El club de Nervión ya había dado el salto cualitativo hasta ser uno de los equipos más competitivos de España. Caparrós primero y Juande después habían disipado las dudas del pasado reciente, pero las elecciones de entrenador no estaban teniendo suerte. Gregorio Manzano fracasó. Y Marcelino, tan exitoso en otros lares, también. Así que en febrero llegó Míchel, que no logró meter al equipo en Europea pero sí enderezar algo la situación. Eso le compró una temporada mal, pero desde muy pronto se vio que el camino no iba a ser fácil. Llegó enero y fue despedido por los malos resultados, cuatro empates y nueve derrotas en 15 partidos. Su sustituto, Unai Emery, es historia del Sevilla.

Míchel, en Marsella (EFE)Míchel, en Marsella (EFE)

Dos ligas griegas y un resbalón en Marsella

Ya había probado un grande, lo cual siempre supone un salto en el estatus de entrenador aunque los resultados no fuesen del todo brillantes. Con su nombre como futbolista y el estatus como técnico experto recibió la llamada del Olympiakos. Es un destino un poco curioso el del equipo griego, pues supone aterrizar en el club que todos dan como ganador en la competición. De los 20 últimos años los rojiblancos se han proclamado campeones en 18. Y Míchel no defraudó esas expectativas, hizo de él lo que se esperaba, ganar dos ligas. En su tercer año las cosas no iban tan bien. El equipo iba segundo, lo cual es una afrenta para un club así. Fue destituido y el club, por descontado, terminó siendo campeón de Liga.

E. M.

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La última visita de Michel al banquillo antes del Málaga, donde empieza ahora, fue en Francia. Llegaba al Olympique de Marsella, el único campeón de Europa del país, un poco desquiciado tras el paso por el banquillo de Marcelo Bielsa. Era un trabajo difícil, su antecesor tiene fama de exprimir al máximo las plantillas. La cosa no fue bien. La temporada fue para el olvido en el mejor de los casos, fue suspendido en abril por “mal comportamiento” cuando el equipo marchaba decimoquinto.

La errática carrera del finísimo jugador llega ahora a Málaga. Las luces no son tantas, las sombras evidentes. Pero Míchel aún tiene algo de crédito, el suficiente para coger el banquillo de un equipo que, en principio, no debería tener problema para mantenerse esta temporada en Primera División.

Fuente: ElConfidencial – Deportes