La 'guerra' política que amenaza con hundir la economía de Ucrania

17.02.2016 – 05:00 H. El gabinete del primer ministro Arseni Yatseniuk gobierna Ucrania sobre arenas movedizas. El actual ejecutivo cumplió un año al ...

17.02.201605:00 H.

El gabinete del primer ministro Arseni Yatseniuk gobierna Ucrania sobre arenas movedizas. El actual ejecutivo cumplió un año al frente del país a principios de diciembre pasado. Ayer lo daban por muerto, pues el parlamento votó en contra de su gestión. Pero la moción de censura se quedó corta en votos: Yatseniuk seguirá como primer ministro. Los diputados podrán volver a plantear la cuestión solo en el próximo periodo de sesiones, que se iniciará el 6 de septiembre.

“Lo sucedido en el Parlamento no significa que esté a salvo”, asegura el analista Andrey Kulikov, “ha logrado una tregua y nada más, pero sus oponentes seguirán echando basura sobre él fuera del parlamento, y si sobrevive habrá otra moción de confianza en otoño“. No está mal para un político que definió su trabajo como una misión suicida.

El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, le había enseñado ayer por la tarde la puerta de salida por no conseguir frenar la corrupción ni rescatar la economía, dos tareas que había prometido cumplir cuando asumió el cargo en febrero de 2014. Claro que desde que se sentó en esa oficina gubernamental, ubicada cerca del viejo estado del Dynamo, este político austero de 41 años, con experiencia en la abogacía y banca, han pasado muchas cosas: anexión de Crimea, guerra en el este del país, enésima crisis económica y enfrentamiento con Rusia en todos los ámbitos. Una receta para el fracaso y la impopularidad por mucho que demuestre que es uno mas volando en aerolíneas de bajo coste.

Yatseniuk ha salvado el pellejo esta vez y la manera en la que han ocurrido las cosas, con negociaciones y “mercadeo” hasta última hora, sugiere que “los oligarcas ucranianos alcanzaron un acuerdo con el bloque opositor, que tiene al millonario Rinat Ajmetov detrás, de manera que han retirado su apoyo a los que pedían su renuncia”, explica Kulikov.

El parlamento –la Rada, como lo llaman los ucranianos- ha sido siempre un incómodo baño de realidad -y brutalidad- para este gris padre de familia. Los escaños son escenario de peleas a puñetazos e insultos entre supuestos compañeros, y en diciembre acabó en volandas cuando otro diputado interrumpió su discurso.

El primer ministro Arseni Yatseniuk, durante la sesión parlamentaria donde votaba una moción de censura contra él, el 16 de febrero de 2016 (Reuters)El primer ministro Arseni Yatseniuk, durante la sesión parlamentaria donde votaba una moción de censura contra él, el 16 de febrero de 2016 (Reuters)

El Donbás vuelve a calentarse

Ayer la fracción más grande de la Rada Suprema de Ucrania, el Bloque de Petro Poroshenko, calificó de deficientes las políticas gubernamentales encaminadas a ayudar a los pobres y anunció que planeaba apoyar la dimisión del Gobierno en el caso de contar con suficientes votos de otros parlamentarios. Es inevitable que en algunos despachos cunda la pregunta de si después de tanto dinero gastado, sigue mereciendo la pena seguir luchando por Ucrania.

La semana pasada se cumplió un año del inicio de las conversaciones de Minsk, que lograron un débil alto el fuego. Pero ese acuerdo no ha sido puesto en práctica totalmente: ni Donetsk y Lugansk tienen un estatus especial ni Kiev ha recuperado el control de la frontera con Rusia. “El riesgo de una guerra abierta entre Rusia y Ucrania es  mayor que el año pasado”, dijo el presidente ucraniano hace unos días. El paso del tiempo puede darle la razón: tres soldados han muerto esta semana en sólo 24 horas. Es la peor cifra desde noviembre pasado. El monto total de cadáveres que ha cosechado la guerra, iniciada en abril de 2014, es de 9.000.

La OSCE ha señalado que hay un incremento de violaciones del armisticio en Donbás en las últimas dos semanas. Según el subjefe de la Misión Especial de Observación en Ucrania, Alexander Hug: “En estas dos semanas los dos bandos se han acercado demasiado a lo largo de la línea de separación”. Y señala como una zona “especialmente delicada” la zona de la “autorproclamada República Popular de Donetsk”. Para intentar controlarlo en la medida de lo posible el número de observadores de la OSCE en Donbás llegará a las 800 personas a finales de marzo.

“El conflicto de Donbás no es un conflicto congelado sino irresuelto, porque ninguna de las dos partes ha sido derrotada“, recuerda Taras Kuzio, analista e investigador de la Universidad de Alberta, que teme que la guerra pueda avivarse “después de las elecciones presidenciales, dependiendo de quién gane porque cualquiera de los candidatos republicanos respaldarían el envío de material defensivo a Ucrania“.

Miembros de las fuerzas armadas de la autoproclamada República Popular de Lugansk durante un entrenamiento, el 3 de febrero de 2016 (Reuters)Miembros de las fuerzas armadas de la autoproclamada República Popular de Lugansk durante un entrenamiento, el 3 de febrero de 2016 (Reuters)

La lacra de la corrupción

Pero lejos del frente, la actualidad política dibuja una deriva también preocupante. En los últimos dos meses han dimitido en Ucrania el director adjunto del Banco Nacional, el viceministro de Infraestructuras, y el viceministro de Economía, todos procedentes del mundo de los negocios y colocados en sus puestos para dar garantías a los dueños occidentales de la deuda ucraniana. El portazo más sonoro ha sido el del ministro de Economía ucraniano, Aivaras Abromavicius, presentó su dimisión a principios de mes tras denunciar la corrupción en las filas de la coalición que gobierna y las presiones ejercidas contra las reformas que ha promovido desde su cargo.

La directora del FMI, Christine Lagarde, ha advertido a Ucrania de la dificultad de continuar con el programa de ayuda al país sin un “esfuerzo sustancial” de las autoridades de Kiev contra la corrupción. Ucrania “corre el riesgo de un retorno a las políticas económicas fallidas que ha plagado su historia reciente”, alertó Lagarde, preocupada por el lento progreso de Ucrania en la mejora de la gobernabilidad y la lucha contra la corrupción. Yatseniuk demostró su gran experiencia económica negociando préstamos no sólo con el FMI, sino también con la UE y Banco Mundial y varios países aliados. Pero para la jefa del FMI sigue existiendo “una notable influencia de intereses particulares en el diseño de las políticas”.

En total son 15.500 millones de euros la ayuda del FMI a Ucrania en un periodo de cuatro años. Esto se suma a un paquete internacional de cerca de 35.500 millones de euros, en el que participan la Unión Europea, Estados Unidos y otros organismos internacionales.

Otro nubarrón es el referéndum previsto el 6 de abril para que los ciudadanos holandeses se pronuncien sobre el acuerdo de asociación y de libre comercio entre la UE y Ucrania.  El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha advertido de que el referéndum podría provocar una “crisis continental” si los votantes rechazan el pacto. No es vinculante, pero si el voto fuese negativo tanto Holanda como otros países europeos podrían dejar a Ucrania a las puertas del sueño europeo, pero encima con una guerra congelada en el este del país y con los lazos comerciales rotos con quien fue uno de sus principales socios: Rusia.

Fuente: ElConfidencial.com