La implosión de los 'petroestados' africanos

18.04.2016 – 05:00 H. Angola es una dictadura con enormes reservas de petróleo. Nigeria, un régimen autoritario y primer ‘petroestado’ del ...

18.04.201605:00 H.

Angola es una dictadura con enormes reservas de petróleo. Nigeria, un régimen autoritario y primer ‘petroestado’ del áfrica subsahariana. Ambos países abanderaron el discurso del “ascenso de África” en los últimos años. Pero el drástico desplome del precio del petróleo y la ralentización de la economía China les han dado una puñalada por la espalda. Han tenido que realizar drásticos recortes y con sus arcas públicas maltrechas se enfrentan a serios riesgos de inestabilidad política. 

¿Quién sale beneficiado? Dos países vecinos del Este del continente negro: Etiopía, una dictadura comunista que sigue una transición económica parecida a la de China, y Tanzania, uno de los países políticamente más estables de África, que no sufre golpes de Estado y respeta la alternancia de partidos en el gobierno. Ambos encabezan el crecimiento en la región, atraen inversión extranjera y reducen la pobreza a un ritmo sostenido. En común tienen que nunca han podido alimentarse del petróleo. Ahora aprovechan el pinchazo relativo de los otros dos países, del oeste, para relanzarse a por el liderazgo de la región.

Nigeria juega con fuego al recortar el gasto público en un 25%. Esto implica no solo una ralentización económica, sino severos riesgos de seguridad“Está ocurriendo algo que no era previsible hace un par de años: tanto Nigeria como Angola han paralizado sus inversiones públicas, y con ello ha aumentado el desempleo y la pobreza”, explica a El Confidencial Donato Ndongo, antiguo delegado de EFE en África Central y experto en la zona. “Eso está llevando a una clara inestabilidad política en ambos países”. 

Angola

El petróleo no tiene por qué ser una maldición, pero en la mayor parte de los casos va asociado a una enorme corrupción. Tiene sentido: es un gran recurso natural normalmente nacional. Es mucha riqueza sobre la que deciden unos pocos, mucho dinero concentrado en muy pocas manos. En tiempos de bonanza es una bendición porque los beneficios suelen superar lo filtrado en coimas. Pero en cuando el precio se vuelve volátil, países enteros quedan al albur de los grandes mercados de materias primas fijados en Londres o Nueva York. 

Estos vaivenes, en África, se vuelven sobrecogedores. Angola llegó a crecer al 23% en 2007 y al 14% en 2008, cuando el precio del petróleo tocó su máximo histórico de 140 dólares por barril. Al año siguiente, con la primera gran caída del petróleo, su PIB se ralentizó hasta el 2,4%, 10 veces menos. Con este nuevo desplome del ‘oro líquido’, que ha llegado a caer hasta los 25 dólares y ahora se sitúa en la zona de los 40, se prevé que crezca este año lo mismo que el anterior: alrededor de un 3%. Absolutamente insuficiente para un país en vías de desarrollo.

Una mujer angoleña lava bananas en una planta de Caxito, Angola (Reuters).Una mujer angoleña lava bananas en una planta de Caxito, Angola (Reuters).

Y eso que la cosa iba razonablemente bien. Angola, un país de mayoría cristiana y casi 23 millones de habitantes, había logrado sacar la cabeza de debajo del agua en 2002 después de 27 años de guerra civil. Desde que los portugueses abandonaron su colonia en 1975, tras la revolución de los claveles, los angoleños sólo habían conocido matanzas. En la última década, el dictador Jose Eduardo dos Santos, en el poder desde 1979, ha conseguido convertir la antigua economía comunista en una de las que más crecen del mundo. Solo entre 2002 y 2014 han obtenido ingresos por valor de casi 500.000 millones de dólares, según Luke Patey, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, en la revista ‘Foreign Policy’.

Ahora todas les vienen mal dadas: a la corrupción en el partido en el gobierno, la burbuja inmobiliaria en la capital, Luanda y los recortes de un cuarto del presupuesto, se ha unido una epidemia de fiebre amarilla. El Ejecutivo ha reaccionado con represión ante el palpable enfado contra los gobernantes: 17 jóvenes, incluido el conocido rapero Luaty Beirao, están en prisión por pertenecer a un grupo de lectura no violento que “pretendía derrocar al Gobierno”.  

“Tanto la desaceleración china como la bajada del precio del petróleo (a la espera del acuerdo entre Rusia y Arabia Saudí para equilibrar los precios) ha supuesto para los exportadores de crudo  africano la revisión a la baja de sus presupuestos, un recorte drástico del gasto público y un mayor endeudamiento del Estado”, relata a El Confidencial Rafael Sánchez, subdirector de África Fundación Sur. Se calcula, por ejemplo, que la deuda pública de Angola se incrementó durante el año pasado en un 24% respecto a 2012, llegando hasta los 46.000 millones de dólares, el equivalente al 35% del PIB. “Y eso que esta vez la bajada del precio del crudo no ha sido tan funesta como en 2008-2009: ahora la economía se ha diversificado en cierta manera, pasando del 60% de economía dependiente del petróleo en 2008 al 40% de 2013”, concluye.

Nigeria

África es Nigeria, Nigeria es África. El país más poblado: casi 180 millones de personas. Uno de cada seis africanos es nigeriano; uno de cada cinco subsaharianos. El año pasado consiguió convertirse en la primera economía del continente, sobrepasando a Suráfrica, en parte gracias a una actualización en el modo de calcular su Producto Interior Bruto, que ahora se sitúa en 503.000 millones de euros, según el Banco Mundial. Equivale a la mitad de la economía española, y figura entre las 25 primeras del mundo. Y prácticamente siete de cada 10 euros del presupuesto nacional proviene del petróleo, del que es el primer productor africano.

Pero Nigeria es África, sobre todo, por los problemas con los que se enfrenta. Es un régimen autoritario, en el deshonroso lugar 124 del Índice de Democracia Global del The Economist Intelligence Unit (150 para Angola).  Padece una corrupción fuera de control, una pobreza ubicua. Y, sobre todo, no ha roto la dependencia del maná orgánico de su subsuelo, que comercializa al ritmo de casi 2,5 millones de barriles diarios, un cuarto de lo que coloca Arabia Saudí. 

Nigeria tiene por delante la dura travesía en el desierto que los saudíes emprendieron en los años 80, tras el ‘oil glut’, la superabundancia de ‘oro líquido’. Entonces, tras una caída del precio del barril a un cuarto en un lustro, situación parecida a la actual, Riad inició una serie de recortes y saneamiento de la economía que le han permitido, con los años, acumular unas enormes reservas monetarias que Abuya no tiene.

El nuevo presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, elegido el año pasado, trae aires de renovación política, pero también juega con fuego al tener que recortar el gasto público en un 25%. Esto implica no solo una ralentización de la economía hasta el 3% de crecimiento actual, sino severos riesgos de seguridad, según Luke Patey. 

Para empezar, existe el miedo a un resurgimiento delos rebeldes del Movimiento de Emancipación del Delta del Níger, que hace un lustro saboteaban un cuarto de la producción de petróleo y secuestraban a los trabajadores del sector para pedir rescates. La amnistía de 2009 y un programa de sueldos para los alrededor de 30.000 insurgentes acabaron con el problema, pero ahora este equilibrio está en entredicho. Lo está también la tremenda ofensiva emprendida por el Gobierno contra Boko Haram, el grupo terrorista islamista que atormenta a este país con la mitad de la población cristiana y la otra mitad musulmana.

Nigeria ha tenido que devaluar la naira, su moneda y pedir un préstamo de más de 3.000 millones de euros al Banco Mundial y al Banco Africano de Desarrollo.

El CEO de una petrolera con sus guardaespaldas en una playa de Lagos, Nigeria (Reuters).El CEO de una petrolera con sus guardaespaldas en una playa de Lagos, Nigeria (Reuters).

Todo empuja hacia Etiopía y Tanzania

Este riesgo de implosión de los dos primeros productores de petróleo en África está siendo aprovechado por Etiopía y Tanzania para atraer inversión extranjera directa. La pugna por liderar la economía subsahariana, excluyendo a Sudáfrica, está más viva que nunca.

‘Lo que une a Tanzania y Etiopía es que no tienen tanta corrupción, el mayor problema de los petroestados. Esto beneficia un mejor flujo de capital’ Etiopía ha estado creciendo a un ritmo de dos dígitos durante la última década, mientras reducía un tercio el número de personas que viven en la pobreza. En Nigeria la miseria ha aumentado. Etiopía, un país importador de petróleo, sigue los pasos de su socio, China. Continúa siendo una dictadura represora liderada por un partido único, el Frente Democrático del Pueblo de Etiopía. Pero ha liberalizado parcialmente su economía, ha creado zonas especiales económicas y ha invertido enormes cantidades de dinero en infraestructuras. 

Tanzania, por el contrario, es una cuasi-democracia con alternancia en el Gobierno, dirigida ahora por John Magufuli. No tiene petróleo, pero sí oro.  Crece de forma sostenida, reduce gradualmente la pobreza y lleva a cabo recortes de excesos, como el de los salarios de los funcionarios mejor pagados. 

“Lo que une a Tanzania y Etiopía es que no tienen tanta corrupción, el mayor problema de los petroestados”, asegura Ndongo. “Esto beneficia un mejor flujo de capital”. 

Los problemas de Nigeria o Angola pueden extenderse rápido a otros países también productores de petróleo como Gabón, Chad o República del Congo. La guerra en el precio del petróleo puede así cambiar la fisonomía económica de África, desplazando el foco hacia el Este y generando turbulencias en el Oeste. Todo depende de la duración y la intensidad de esta situación de oro líquido a precio de ganga.

Fuente: ElConfidencial.com