La ONU pide a Arabia Saudí que no ejecute a un poeta por renegar del Islam

04.12.2015 – 05:00 H. Su nombre es Ashraf Fayad, es poeta, tiene 35 años de edad y ha sido condenado a muerte por apostasía. No será el Estado Islámico ...

04.12.201505:00 H.

Su nombre es Ashraf Fayad, es poeta, tiene 35 años de edad y ha sido condenado a muerte por apostasía. No será el Estado Islámico quien le ejecute, sino Arabia Saudí, donde este lunes su rey, Salmán bin Abdulaziz, organizó una cena con todos los honores para homenajear a Juan Carlos de Borbón. Un grupo de expertos de Naciones Unidas en Derechos Humanos ha reclamado al Gobierno de Riad que detenga la ejecución de este poeta palestino, tras apuntarse que podría ser ajusticiado a mediados de mes.

Fayad ha negado categóricamente el delito de apostasía (es decir, negación del Islam) mientras sus amigos y allegados denuncian que se trata de una venganza de la ‘Mutaween’ (Policía religiosa) saudí por relatar en su libro de poesía ‘Instrucciones en el interior’ (2008) sus experiencias como refugiado y grabar actos violentos perpetrados por las autoridades. El relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales o arbitrarias, Christof Heyns, ha afirmado que el poeta fue condenado por ejercer su derecho a la libertad de expresión, recalcando que una decisión así es “deplorable”.

En esta línea se ha expresado el relator sobre libertad de expresión, David Kaye, quien ha recalcado que “una respuesta tan violenta ante una forma legítima de opinión y expresión tiene como efecto provocar temor en toda la sociedad saudí“. Entre los firmantes del comunicado también se cuentan los relatores especiales sobre los derechos culturales, sobre la tortura, sobre los defensores de los Derechos Humanos y sobre la independencia de los jueces.

Fayad fue detenido por primera vez por la Policía religiosa saudí en agosto de 2013 en la ciudad de Abha (suroeste del país) “por insultar a Dios y al Profeta“, así como de distribuir un libro de poemas que “incitaba al ateísmo”. Sus amigos creen que fue detenido por grabar a la Policía religiosa mientras daban latigazos a un hombre de esa ciudad. Cinco meses después, en enero de 2014, Fayad volvió a ser arrestado y el tribunal le condenó a 800 latigazos y cuatro años de prisión. El escritor decidió apelar esta sentencia y, en respuesta, otro juez le condenó a muerte hace tres días al término de un proceso en el que Fayad no contó con representación legal porque las autoridades le quitaron su identificación al detenerle.

“Me han acusado de ateísmo y de extender pensamientos destructivos por la sociedad”, lamenta Fayad en declaraciones al diario ‘The Guardian’. Sus amigos denuncian que, cuando la Policía religiosa fue incapaz de demostrar sus acusaciones en un primer momento, comenzaron a increpar al escritor por fumar y llevar el pelo corto. Después, dos “agentes” declararon en el juicio que el autor había insultado a Dios en público. Fayad negó estas acusaciones inmediatamente ante el juez. “Me arrepiento ante Dios altísimo y soy inocente de lo que ha ha aparecido en mi libro mencionado en este caso. ‘Instrucciones en el interior’ es un libro sobre mi persona, como refugiado palestino, y sobre asuntos culturales y filosóficos”, lamentó.

Arabia Saudí ha ejecutado a más de 150 personas en 2015, lo que según Amnistía Internacional es la cifra más elevada en el país desde 1995. La mayoría de las ejecuciones son llevadas a cabo por decapitación, a veces en público.

El joven al que decapitarán por manifestarse

El caso de Fayad se suma al del joven Ali al-Nimr, quien tenía 17 años cuando cometió el ‘crimen’: participar en manifestaciones antigubernamentales. Su edad no ha impedido que los jueces del Tribunal Penal Especial y la Corte Suprema de Arabia Saudí hayan ratificado la sentencia de muerte para Ali al-Nimr por acudir a protestas hace cuatro años. Ahora, el activista chií espera a que se ejecute la sentencia, que estipula que será decapitado. Después, su cadáver se exhibirá públicamente

El joven Ali al-Nimr.

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El joven Ali al-Nimr.

Entre los ‘crímenes’ por los que Ali fue condenado figuran “romper la lealtad hacia el líder”, “participar en un número de marchas, manifestaciones y reuniones contra el Estado y repetir algunos cánticos contra el Estado”. También utilizar un teléfono móvil para incitar a la protesta. Además, ha sido acusado de dar refugio a personas perseguidas por la policía saudí, ayudar a fugitivos a escapar durante redadas de las fuerzas de seguridad y atacar a agentes con cócteles molotov, aunque los abogados de la acusación no han ofrecido detalles claros sobre las supuestas heridas que causaron esas acciones a los agentes. Alí, por su parte, niega todos los cargos; aseguró en el juicio haber hecho las “confesiones” en las que el tribunal basó su sentencia bajo tortura y malos tratos.

Arabia Saudí es uno de los tres países en el mundo que todavía mantienen la pena de muerte para personas que cometieron ‘crímenes’ cuando eran menores, junto con Sudán e Irán. Por lo tanto, nada ha podido impedir que las autoridades saudíes llevasen a Ali al-Nimr ante su tristemente célebre tribunal antiterrorista, que le sentenció a muerte en mayo de 2014.

Lo cierto es que Riad ha firmado tratados internacionales que prohíben ejecutar a una persona por delitos cometidos cuando tenía menos de 18 años. Sin embargo, bajo el sistema legal saudí, un ciudadano que muestre señales físicas de pubertad puede ser juzgado como si fuera un adulto. En 2013, por ejemplo, Arabia Saudí ejecutó a una empleada del hogar de Sri Lanka de 17 años condenada por “haber asesinado” a un bebé; en marzo del mismo año, aplicó la pena capital a dos saudíes condenados por robo a mano armada antes de que cumpliesen los 18 años.

“El caso de Ali al-Nimr es paradigmático porque tenía 17 años cuando le condenaron a pena de muerte. Su ejecución podría llegar en cualquier momento, depende de una decisión del rey saudí, cuyo país es uno de los grandes verdugos del mundo, junto con China y Estados Unidos. Y es una tendencia al alza, cada vez se ejecuta más. Hubo 90 ejecuciones en 2014 -de las que Amnistía Internacional tiene conocimiento- y la cifra en lo que va de 2105 asciende a 132″, explica a El Confidencial Ángel Gonzalo, portavoz de Amnistía Internacional España (AI).

Su ejecución podría llegar en cualquier momento, depende de una decisión del rey saudí, cuyo país es uno de los grandes verdugos del mundo, junto con China y Estados Unidos

Las autoridades saudíes han respondido con medidas de represión contra personas sospechosas de participar en protestas o de apoyarlas y contra quienes expresan opiniones críticas con el Estado. Se ha recluido a manifestantes, sin cargos y en régimen de incomunicación durante días o semanas, y algunos de ellos afirman haber sido torturados o sometidos a malos tratos, denuncia Amnistía Internacional. Casi 20 personas relacionadas con las protestas en la Provincia Oriental han resultado muertas desde 2011, y centenares han sido encarceladas. Muchas de las personas cuyos casos se han llevado a los tribunales han sido imputadas únicamente por participar en manifestaciones.

Los servicios de seguridad saudíes arrestaron a Ali al-Nimr en febrero de 2012 en medio de un levantamiento de la minoría chií en la Provincia Oriental del país. Exigían el fin de la ya antigua discriminación a que les somete el Gobierno y protestaban contra el papel que había jugado Riad en la represión de las protestas pacíficas en Bahréin. Tenía entones 17 años. Según la información recopilada por AI, le llevaron a la prisión de la Dirección General de Investigaciones en Dammaní. No le permitieron ver a su abogado, y asegura haber sido torturado por agentes de la Dirección General de Investigaciones para obligarle a firmar una ‘confesión’.

Ali al-Nimr es sobrino de Sheij Nimr Baqir al-Nimr, destacado clérigo chií de Al Awamiyya (localidad de la gobernación de Qatif, en el Este de Arabia Saudí), a quien el Tribunal Penal Especial condenó a muerte el 15 de octubre de 2014.

Las autoridades saudíes han intentado contener las criticas internacionales por el creciente número de ejecuciones en el país. En septiembre, el representante permanente en Naciones Unidas de Arabia Saudí menospreció dichas críticas al afirmar que “protegen los derechos de los asesinos“.

Fuente: ElConfidencial.com