La oposición venezolana: reinvención o muerte (otra vez)

21.03.2017 – 19:41 H. “La oposición venezolana está en una encrucijada”. Así se iba a titular este artículo tras la última reestructuración de la Mesa de ...
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21.03.201719:41 H.

“La oposición venezolana está en una encrucijada”. Así se iba a titular este artículo tras la última reestructuración de la Mesa de la Unidad (MUD) y en plena amenaza de los partidos políticos que la integran por el proceso de validación ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). Pero dicho titular no es nuevo. La idea de que los rivales del chavismo están sin opciones, con fisuras o en un cruce de caminos que los pone en jaque, se repite desde 2006, año en que aún no estaban formados dentro de la Mesa, pero sí decidieron presentarse con un candidato único en las elecciones presidenciales contra Hugo Chávez. ¿Esta vez es diferente?

En febrero se anunció la nueva estructura de la MUD. Supuso la salida de Jesús “Chúo” Torrealba, hasta entonces secretario general. Fue después de que Henrique Capriles Radonski dijera en una entrevista radiofónica que “si no es capaz de construir consenso y que haya diálogo, lo lógico es ponerse a un lado” y remarcase que la Mesa estaba “anunciando el anuncio del relanzamiento” desde diciembre. Precisamente Capriles, según anunció este lunes su partido Primero Justicia, sería candidato presidencial en caso de primarias. Se suma a la candidatura del expresidente del Parlamento, Henry Ramos Allup, por Acción Democrática (AD), y a la de Leopoldo López, que sería el candidato propuesto por Voluntad Popular, entre otros.

“Esas contradicciones, sobre todo en el último trimestre de 2016, muestran que hay desacuerdos internos respecto a la estrategia de salir del Gobierno. Ese es el problema de fondo”, dice John Magdaleno, politólogo y director de la firma POLITY. Para él, la reestructuración es importante, pero más aún la coherencia estratégica de la Mesa “y que la sociedad sea consciente, porque así hay mayor posibilidad de transición”.

La reestructuración fue el desenlace de la enésima parte de una novela en la que los capítulos poselecciones parlamentarias estuvieron marcados por dos tramas principales: querer salir del Gobierno y el diálogo, con la Asamblea Nacional (AN), la calle y el palacio de Miraflores como escenarios.

Además de frenar el revocatorio, el CNE decidió atrasar, sin dar fecha concreta ni explicación, las elecciones a gobernadoresEl primer desencuentro llegó al instalarse la AN y querer determinar cómo se “saldría del gobierno de Nicolás Maduro”. Hasta decidir que sería bajo la figura del referéndum revocatorio y empezar los trámites, pasaron unas semanas. El chavismo tomó esto como excusa y argumento para decir que no podría realizarse en 2016 -cuando en realidad los plazos daban-. Con los primeros obstáculos del CNE vinieron las protestas en la calle, se dijo que Venezuela estaba al borde de un estallido civil, se calamaron los ánimos con el diálogo, se retomó el proceso, se volvió a frenar, se fue de nuevo a la calle. Hasta que se llegó a octubre, cuando se “suspendió hasta nueva orden judicial” el revocatorio. Y, de nuevo, la oposición no tuvo clara una hoja de ruta, ni a lo interno, ni a lo externo. Como ejemplo, en una marcha convocada en la autopista que atraviesa Caracas a finales de ese mes, los distintos líderes no supieron qué decir, cuándo manifestarse de nuevo, hacia dónde, en mensajes tan improvisados como la tarima en la que se subieron.

En la nueva estructura, se sustituye la portavocía principal del secretario general por tres secretarías -política, social y técnica-, y un coordinador general al frente, así como el Congreso de la Sociedad Democrática, para el debate de partidos y sociedad civil . “Es un cambio para dejar las cosas igual. Sólo han hecho un relevo de nombres y maquillaje de estructura, pero los problemas siguen”, dice Guillermo Martín Castel, politólogo de la Universidad Central de Venezuela. Entre las trabas que nombra, el que las decisiones las tome siempre un grupo pequeño “que tiene como referencia los resultados electorales de las parlamentarias de 2010”, cuando se fue a comicios con la tarjeta de cada partido, en vez de papeleta unitaria como ocurrió en diciembre de 2015.

Esta reestructuración, dice la politóloga Roselyn Kristen, es normal: “Las organizaciones deben adaptarse a los nuevos requerimientos, lo anormal sería que no cambiaran. Los fenómenos son dinámicos”. Magdaleno señala que la MUD “no estuvo pensada como un centro de organización política de modo colectivo y nunca estuvo preparada para periodos no electorales”, idea que remarca Kristen: “el fin de la MUD es ganar eleciones, no es un partido político, sino una alianza electoral”.

Simpatizantes del opositor Leopoldo López exiliados en Colombia durante una marcha de protesta, en Bogotá, el 18 de febrero de 2017 (Reuters). Simpatizantes del opositor Leopoldo López exiliados en Colombia durante una marcha de protesta, en Bogotá, el 18 de febrero de 2017 (Reuters).

Sin elecciones y ¿sin partidos?

Ese es el quid de este momento. Venezuela está acostumbrada a casi una elección por año y ahora se enfrenta a un periodo atípico sin comicios, y no porque toque. Además de frenar el revocatorio, el CNE decidió atrasar, sin dar fecha concreta ni explicación, las elecciones a gobernadores (presidentes de Comunidad Autónoma), que deberían haber sido en diciembre pasado. Dos semanas antes, Maduro decía en su programa que “la prioridad no es hacer elecciones (…) sino recuperar la economía, atender al pueblo”.

En paralelo, en estos días se lleva a cabo la validación de todos los partidos ante el CNE, un proceso en el que se les pide renovar el registro de militantes a 59 organizaciones que no participaron en los dos últimos procesos electorales o no alcanzaron el equivalente a un 1% de los votos. Las críticas han llegado del lado de la oposición, donde muchos aseguran que es un camino para ir al modelo nicaragüense “sin partidos opositores y falsos candidatos de oposición elegidos por el Gobierno”, en palabras del diputado Henry Ramos Allup, uno de los cuatro candidatos presidenciales opositores, junto a Capriles y López.

También han surgido críticas desde los integrantes del Gran Polo Patriótico, la agrupación de partidos proGobierno. El Partido Comunista de Venezuela (PCV), Patria Para Todos (PPT) y Redes, impugnaron el proceso ante el Tribunal Supremo de Justicia alegando que las condiciones que se piden son imposibles de cumplir y que se pretende “crear obstáculos para los partidos revolucionarios”, dijo Douglas Gómez del PCV.

Esto cae sobre la Mesa como una nueva espada de Damocles, que se tambalea de modo tan incierto como inauditable es el proceso del CNE. Puede fortalecerla o debilitarla. “El tema de la disolución de la MUD llegará tarde o temprano. Va a ser cuestión de cálculos. Si en sus bases ven que tienen mayoría, puede que se separen”, dice Kristen.

La visión de Colette Capriles, profesora de Filosofía Política de la Universidad Simón Bolívar, pasa por el compromiso que hizo la MUD de mantener la Unidad independientemente de lo que pase con los partidos pero, matiza, “está a prueba porque, en la práctica, hasta que no haya resultados, no se sabrá qué partidos sobreviven, qué voz tendrán en la MUD los que no, cómo se moverán las alianzas entre unos y otros y qué correlación de fuerzas quedará”.

Alicia Hernández. Caracas

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La pregunta del millón que cualquier futurólogo querría responder es qué puede pasar en adelante con la oposición. Como siempre ocurre con Venezuela, es algo tan difícil de contestar como predecir la lluvia en el Caribe. Por un lado, el desafío del Gobierno es buscar una temprana recuperación social y económica para evitar más irritación social mientras sigue como ahora, conteniendo unos comicios -referéndm, regionales, municipales-, “que desde los sectores radicales se ven como una lucha existencial de la que no saldrán vivos”, apunta Colette Capriles. Para la oposición será forzarlos, lo que haría que vuelvan a su terreno natural, el de la contienda electoral. “El problema ahí es que la Unidad enfrente esa lucha existencia sin haber calibrado sus fuerzas internas”, una dificultad que, junto con las que pueda traer la validación de los partidos se podría subsanar con primarias, resuelve la socióloga.

“Todo dependerá de la velocidad con que (la oposición) se ajuste a los desafíos del momento, se reorganice, y si tarda en canalizar la energía potencial que hay o si deja que otros actores y ‘outsiders’ la canalicen”, explica Magdaleno. La energía se refiere al malestar en la calle y a la demanda de cambio político instalada en el país que nace de la crisis económica. Según los datos del último Venebarómetro, un 83,3% de los venezolanos creen que la situación del país es negativa y un 74% cree que se necesita un cambio de Gobierno. Aunque de la misma encuesta se desprende que un 30,8% valora positivamente a Nicolás Maduro, casi 9 puntos más que en septiembre de 2016.

Aunque todo cambie, nada parece cambiar en Venezuela, y es posible que en unos meses –un año, dos–, se vuelva a escribir sobre la oposición y la nueva encrucijada que enfrenta.

Fuente: ElConfidencial.com